
La trágica era de los extraditables
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El 2 de diciembre de 1993, la policía acribilló a balazos a Pablo Escobar, jefe del Cartel de Medellín y artífice de la trágica era de terror de los extraditables. Escobar murió pistola en mano, cumpliendo así con el lema de los narcotraficantes que cubrieron de sangre el país para evitar ser extraditados: "Es preferible una tumba en Colombia a una celda en los Estados Unidos".
La denominada "era de los extraditables" tuvo a muchos barones de la droga por protagonistas, pero fue Escobar quien escribió los párrafos más negros de ese capítulo de la lucha contra el crimen organizado.
En 1976, quien llegaría a ser el líder del Cartel de Medellín integró una banda de mercenarios y logró reunir el capital suficiente para financiar el primer envío de droga a los Estados Unidos. Se hizo rico con rapidez y su generosidad lo volvió extremadamente popular en los barrios pobres de Medellín.
Pero en 1983, Rodrigo Lara se hizo cargo del Ministerio de Justicia y Guillermo Cano del diario El Espectador, uno de los más influyentes del país. Cano comenzó una campaña contra Escobar y contra todos los jefes del Cartel de Medellín, que controlaba los envíos de cocaína a Estados Unidos a través del Estado de Florida.
Las denuncias de Cano hicieron que Lara intentara atrapar a Escobar para extraditarlo a los Estados Unidos, según los acuerdos firmados con ese país en 1979. Escobar reaccionó de manera expeditiva: sus sicarios mataron a Lara el 30 de abril de 1984 y a Cano el 17 de diciembre de 1986, abriendo así la etapa más violenta de la era de los extraditables.
Mientras el Cartel de Cali, liderado por los hermanos Gilberto y Miguel Rodríguez Orejuela, comenzaba a crecer en silencio controlando el mercado de alcaloides en Nueva York y California, el de Medellín, que había quedado en descubierto con los asesinatos de Lara y de Cano, recurrió al terror para sostenerse y evitar las extradiciones.
Una guerra total
Los crímenes se sucedieron y alcanzaron su punto culminante el 18 de agosto de 1989, con la muerte de Luis Carlos Galán, precandidato liberal a la presidencia de Colombia.
Como consecuencia de esta muerte, el gobierno del entonces presidente Virgilio Barco declaró la guerra total al narcotráfico. Una idea de la crudeza de esa guerra la otorga una cifra: sólo en 1989, el año en que la embestida contra el Cartel de Medellín alcanzó su pico más alto, 240 policías fueron abatidos por los pistoleros a sueldo de Escobar.
Cansado de las constantes persecuciones y tras obtener seguridades de que no sería extraditado a los Estados Unidos, Escobar se entregó y fue encarcelado en la prisión de Envigado. El tratado de extradición de Colombia con los Estados Unidos fue clausurado en 1989.
Pero la no extradición nunca fue segura y los rumores de su regreso hicieron que Escobar se fugara de la cárcel. Finalmente, fue reimplantada, el 17 de diciembre de 1997, aunque sin carácter retroactivo. Hoy, más de 40 nuevos extraditables podrían ser enviados a los Estados Unidos. ¿Lo aceptarán sin lucha?
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