La tumba de Juan Pablo II, un nuevo destino de peregrinación
Se habilitó la visita pública al sepulcro, por el que desfilaron más de 20.000 personas
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ROMA.- Madrugaron, se llevaron mantas para protegerse del frío en la plaza y lo consiguieron: tres horas antes de que se abriera, los peregrinos ya formaban fila frente a la pequeña puerta que franquea el paso a la cripta de la basílica de San Pedro, donde ayer se habilitó la visita pública al sepulcro de Juan Pablo II.
"Es una experiencia única, no lo sé. Algo muy bonito, también. Pero todo fue muy rápido, había tanta gente que se debía pasar rápido siempre. No sé cómo explicarlo, pero es algo que se siente muy bien, tranquilizante, estar allí frente al Papa en su tumba", dijo Gabriela Navarra, una ecuatoriana residente en Roma.
Aunque las 20.000 personas que desfilaron por la tumba en su primer día -a un ritmo que supera los 1000 visitantes por hora- no se compararon con los tres millones de peregrinos que llegaron a Roma la semana pasada para ver el cuerpo del Pontífice y asistir al funeral, dentro de la basílica se vivió una situación parecida. Por momentos la afluencia de gente saturó las galerías de la cripta, tan blanca y brillante como escasa en el espacio que separa el piso de mármol del techo.
Semejante flujo estaba dentro de las expectativas de las autoridades vaticanas. Según se explicó, el sepulcro se podría haber habilitado antes, pero se prefirió dar tiempo a que muchos de los peregrinos que llegaron para el funeral abandonaran la ciudad y evitar así el riesgo de que se repitieran demasiado pronto las colas kilométricas. De hecho, muchos de los visitantes de ayer eran recién llegados a Roma. E incluso, de otras religiones. "No soy católica, soy hindú, pero estaba aquí en una gira y una muestra y pensé que debía ir a visitar la tumba, en señal de respeto y homenaje a la figura del Papa", dijo Hina Sahar, turista de la India.
Algunos visitantes le dieron objetos religiosos a un ayudante, que tocaba la tumba con ellos antes de regresarlos a sus dueños; otros se arrodillaron para rezar. Varios dijeron no haber llegado solamente para orar por el Papa, sino también para pedirle su intervención, ya que muchos católicos consideran que Juan Pablo II era un santo.
Con su ritmo fluido y constante, el paso de fieles ante la losa de mármol blanco sobre el sepulcro de Juan Pablo II se convirtió en nueva presión sobre la tarea cardenalicia que el lunes, cuando empiece el cónclave, entrará en la fase definitiva para elegir al sucesor del trono de Pedro.
Mientras tanto, en la plaza, 70 músicos de dos orquestas procedentes de Polonia rendían un homenaje póstumo a su compatriota Karol Wojtyla.
El recuerdo de Sandri
Más allá de la piedad popular, el protocolo del luto siguió su tránsito lejos de la cola que esperaba frente a la cripta. En el mismo sitio donde el Papa fallecido solía dar sus audiencias generales, más de un centenar de cardenales recibió el pésame del cuerpo diplomático acreditado ante el Vaticano. La Argentina estuvo representada por el embajador Carlos Custer.
En la basílica, en tanto, se ofició la sexta misa de los nueve días de luto (novendiale) que se cuentan desde el funeral. El oficio estuvo a cargo del arzobispo argentino Leonardo Sandri, que se convirtió en la voz del Papa cuando, ante el avance de la enfermedad, el Pontífice ya no podía hablar.
Sandri recordó con afecto la figura de Juan Pablo II, de quien dijo que "entró en la Jerusalén celestial y ahora está recibiendo el premio de manos del mismo Cristo".
El inminente cónclave invade Roma. "Mi hijo tiene cinco años y me asombra todo lo que puede decir sobre la cuestión", dijo una joven madre, en la cola de quienes esperaban para acceder al sepulcro. El rostro de Juan Pablo II mira desde donde se observe. Se vende junto con las pequeñas estatuillas de Rómulo y Remo o en las remeras que repiten la imagen del roce de dedos del fresco de la Creación del Mundo, con la firma de Miguel Angel. Y saluda hasta desde el mostrador de las casas de cambio.
Pero la plaza recupera la calma. "Estoy estresado, no puedo ni hablar, no me haga más preguntas", se atajó ayer uno de los vendedores de pequeños bustos del Papa. "Han sido días muy difíciles", dijo. Y eso que el cónclave no empezó.
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