La Unión Europea emplaza a Hungría

Emilio Cárdenas
Emilio Cárdenas PARA LA NACION
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22 de enero de 2012  • 23:14

Como cabía suponer, la Comisión de la Unión Europea, esto es su Ejecutivo, emplazó hace pocos días formalmente a Hungría a que reforme tres importantes leyes que, la Comisión entiende, son absolutamente incompatibles con los valores comunes europeos y con el mínimo de homogeneidad que supone el proceso de integración. Digo, como cabía suponer, porque está claro que el actual gobierno de Hungría viró hace rato ya -sin demasiadas sutilezas- en dirección al autoritarismo, lo que preocupa a muchos en Bruselas.

Se trata de tres normas concretas (no las únicas) que intranquilizan mucho en Europa. Primero, la que se refiere a la actividad del Banco Central Húngaro, pretendiendo hacerlo más dependiente del Poder Ejecutivo, limitando entonces su autonomía. Enseguida, la que obliga a los jueces a jubilarse tempranamente, o sea a los 62 años -en lugar de los 70, como hasta ahora- porque pareciera esconder una operación de "limpieza" política del Poder Judicial. Y, finalmente, la que entrega al Poder Ejecutivo el control del organismo encargado de defender y proteger la intimidad de los ciudadanos.

La esperanza de las autoridades europeas es que la tozuda administración del derechista primer ministro Viktor Orban acepte cambiar tres normas concretas

La esperanza de las autoridades europeas es que la tozuda administración del derechista primer ministro Viktor Orban acepte cambiarlas, sin necesariamente desatar un proceso formal en su contra. Más o menos voluntariamente, entonces. Y que lo haga rápidamente, en el plazo breve de un mes, a través de lo que se considera una suerte de diálogo "técnico" (en rigor, más bien político) a entablarse entre las autoridades europeas y las húngaras.

Sin embargo, si ese diálogo no produjera todos los resultados esperados, la Comisión -desde que tiene facultades para hacerlo- podría llevar a Hungría ante la Corte de Justicia Europea, exigiendo los cambios que ciertamente cree son necesarios.

Mientras tanto, con su economía en ruinas, Hungría está convocando al Fondo Monetario Internacional (al que previamente su gobierno vituperara) a socorrerla con urgencia, en lo que luce como un tardío pedido de auxilio. En los últimos días Hungría ha debido emitir deuda para refinanciarse, comprometiendo una elevadísima tasa anual del 9,7%, lo cual no puede mantenerse en el tiempo.

El controvertido premier húngaro ha decidido comparecer personalmente, en Estrasburgo, ante el Parlamento Europeo, para defender allí su posición

El controvertido premier húngaro ha decidido comparecer personalmente, en Estrasburgo, ante el Parlamento Europeo, para defender allí su posición. La última vez que lo hizo fue hace un año, cuando defendiera -en ese mismo escenario- su controvertida "Ley de Medios". La sesión fue inusualmente dura y el debate resultó en una rispidez y virulencia muy poco frecuentes en ese ámbito. Con la "norma-mordaza" referida quedó demostrado que tanto los autoritarismos de derecha, como los de izquierda, procuran silenciar o someter a los medios de comunicación masiva, para evitar así que cumplan con su esencial rol republicano, que es el de contralor y crítica de aquellos actos de gobierno que sean desacertados o en los que se exprese o evidencie la arbitrariedad del poder. Es posible que ahora sea más contemporizador desde que las circunstancias han cambiado adversamente para él.

No obstante, hay parlamentarios europeos que, molestos por la situación, están pidiendo que, ante lo que está sucediendo y sin más demoras, la Unión Europea suspenda -de inmediato- a Hungría en lo que a derecho de voto se refiere. Porque, sostienen, el país está violando abiertamente -pese a los disimulos y disfraces- los valores centrales de la democracia, que deben ser compartidos por todos los Estados Miembros. Para ello invocan una norma que les permitiría hacerlo, que fue sancionada cuando Austria, en el 2000, de pronto admitiera a la extrema derecha como participante en una coalición de gobierno.

El temor de quienes así reaccionan es que el premier húngaro -con el paquete de normas objetado por la Unión Europea- esté aprovechando al partido Fidesz, que tiene dos tercios de los votos parlamentarios, para así anclarse y eternizarse en el poder. Y el "contexto" o "entorno" húngaro es inquietante.

El propio Viktor Orban ha confirmado que dará marcha atrás en su intento de quitarle autonomía al Banco Central de su país

No obstante las prevenciones, lo cierto es que el emplazamiento europeo acaba de tener su primer efecto. Rápidamente. El propio Viktor Orban ha confirmado que dará marcha atrás en su intento de quitarle autonomía al Banco Central de su país. Lo que es un indispensable primer paso.

Pero las objeciones son tres y la Comisión no se olvidará de las otras dos cuestiones. Es más, probablemente ha advertido que Orban sabe muy bien que no le conviene transitar un camino que es claramente cuesta arriba, cuando tiene su economía en estado desesperado y necesita generar confianza. Por oposición a deteriorarla aún más. Sólo así podrá aspirar a recibir toda la ayuda que pueda estar disponible.

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