El escenario. Las ambiciones imperiales de Putin, con un costo político y económico demasiado alto
PARÍS.- Las aventuras expansionistas de Vladimir Putin en Crimea , y ahora en el este de Ucrania, amenazan con hipotecar la economía de Rusia, país que -en verdad- es un gigante con pies de arcilla.
El último episodio de esa amenazante tormenta fue el anuncio realizado ayer por la agencia de calificación Standard & Poor's (S&P), que degradó la nota de la deuda soberana rusa en divisas extranjeras de BBB a BBB-, manteniendo su perspectiva "negativa".
"La tensa situación geopolítica entre Rusia y Ucrania podría provocar un éxodo suplementario de capitales tanto extranjeros como nacionales, fragilizando las perspectivas ya débiles de crecimiento de la economía rusa", señaló S&P.
Para los analistas occidentales, Putin construyó su propia celada guiado por sus delirios imperiales puestos en práctica a partir de 2008 con la intervención en Georgia, la reciente anexión de Crimea, la manipulación de los grupos rusófilos del este de Ucrania y sus proyectos -transparentes- de intervenir en la región separatista de Transnistria (Moldavia).
"El precio que está pagando por esa política empieza a convertirse en una auténtica hemorragia", dice David Clark, presidente del think tank The Russia Foundation.
La mejor prueba fue aportada hace dos semanas por el viceministro de Economía, Andrei Klepach, cuando admitió que la salida neta de capitales totalizó 63.000 millones de dólares en el primer trimestre, cifra similar al monto total de 2013. El Kremlin calcula -en secreto- que esa sangría podría llegar a 100.000 millones de dólares e incluso a 150.000 millones a fin de año. Esa fuga de divisas fue acelerada por el temor de los inversores extranjeros luego de las crisis de Ucrania y de Crimea.
El Banco Central ruso, que tiene reservas de cambio estimadas en 450.000 millones de dólares, está recurriendo a ese tesoro para pagar las facturas del expansionismo militar y para sostener el rublo, que vive bajo la amenaza de una devaluación.
La presidenta del Banco Central, Elvira Nabiullina, estima que la situación está estabilizada. Sin embargo, desde principios de año la moneda rusa perdió 10% frente al dólar, a pesar del aumento de la tasa de interés y de las intervenciones de la institución.
El mismo Klepach redujo en forma espectacular las previsiones de crecimiento de la economía rusa para 2014, de 2,5 a 0,5%. Las mismas autoridades financieras del país comenzaron a sugerir lo que parece ser inevitable: la recesión.
"Pienso que en el segundo trimestre volveremos a registrar un crecimiento negativo. De hecho, el ministerio de Finanzas no excluye una recesión técnica", anunció esta semana Maxime Orechkine, jefe del departamento de Previsiones Estratégicas de esa cartera.
Esa desaceleración contrasta con el ritmo de crecimiento del PBI de 7% que mantuvo entre 2000 y 2008. En el año pasado fue sólo de 1,3%. Los analistas del banco francés Natixis estiman que Rusia terminará 2014 con un crecimiento de apenas 0,4 por ciento.
Aunque el precio del petróleo llegó a un promedio de 117 dólares por barril, las entradas de divisas de las exportaciones de hidrocarburos no alcanzan para compensar la fuga de capitales, el costo de las aventuras expansionistas y el precio delirante que debió pagar el país para financiar el show político de los Juegos Olímpicos de Invierno de Sochi.
Los recursos del presupuesto dependen directamente de los precios del petróleo y el gas, que representan 50,2% de los ingresos. Sin contabilizar los recursos energéticos, el saldo presupuestario fue en 2013 de -9,4% del PBI.
Gracias a los grandes shows políticos y deportivos de los últimos meses, Putin logró mantener intacta su popularidad. Pero ahora tendrá que "hacer frente a la realidad de la economía y cumplir con las promesas que formuló en 2012", sostiene el economista Serguei Guriev, radicado en París. A su juicio, "tampoco podrá mantener durante largo tiempo sus aventuras militares exteriores que se pagan cash".
Putin expuso peligrosamente a su régimen a fuertes sanciones internacionales. Y los oligarcas, que hasta ahora lo habían sostenido en forma incondicional, comienzan a creer que el precio a pagar por sus ambiciones imperiales cuesta demasiado caro en términos económicos y políticos.
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