
Las discípulas de Scherezade
Como en las "Las mil y una noches", las iraníes deben sortear la rigidez religiosa
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TEHERAN (EFE).- A falta de alternativas y cubiertas por el chador de pies a cabeza bajo una estricta apariencia de moralidad, las mujeres iraníes todavía recurren a las artes de seducción de "Las mil y una noches", transmitidas de madres a hijas desde hace siglos.
En la famosa fábula persa, Scherezade, hija casamentera de un rico comerciante, debe entretener al sultán cada noche y mantener su interés con un cuento inacabado, para evitar correr la misma suerte de sus predecesoras, asesinadas cuando cantaba el gallo.
En una sociedad en la que la rigidez religiosa manda sobre las costumbres, la atracción femenina en el Irán de hoy continúa basada en la milenaria sensualidad de la declamación, dela melodía del canto, de los movimientos de la danza, del aroma de los perfumes y de los secretos de las especies en la cocina.
Las mismas mujeres que en la calle llegan a confundirse con una sombra que se desplaza con más o menos gracia se convierten, puertas adentro, en sabias discípulas de Scherazade.
Sólo las más rebeldes de las grandes ciudades se atreven tímidamente a vestir modelos occidentales, con los que se exponen a las iras de los fanáticos "vigilantes islámicos", pese a los destellos aperturistas en la sociedad desde la llegada al poder en 1997 del presidente Mohammed Khatami.
Las mujeres casadas no pueden salir de casa, trabajar fuera o viajar sin autorización escrita notarial del marido. El testimonio de un hombre equivale ante la ley al de tres mujeres y el hijo recibe en las herencias el doble que la hija.
Los varones, por el contrario, pueden tener cuatro esposas simultáneamente, e incluso todas las que deseen, si prefieren hacer uso del tradicional contrato de matrimonio temporal shiíta, o "Sigueh", válido por el tiempo que se quiera, hasta por horas, previo pago de la cantidad que solicite la mujer.
Pero las apariencias engañan en el severo islam ortodoxo shiíta de Irán, donde la norma habitual de inexpresivas mujeres enteramente tapadas por velos negros y hombres de aspecto descuidado puede llevar a pensar en la indiferencia a la sexualidad.
Fuera de control
Sin embargo, tras más de veinte años de rígida censura en las costumbres, la República Islámica de Irán ha reconocido por primera vez que el control sexual sobre la juventud se les ha escapado de las manos.
Según un informe difundido hace dos meses, entre 1998 y 1999, la prostitución entre las estudiantes de secundaria ha aumentado considerablemente. En Teherán, las autoridades han expresado su gran preocupación ante el auge del fenómeno conocido como "otosani", una forma de comercio sexual en el que la mujer acepta subir al coche de un desconocido a cambio de dinero.
Ya que a las mujeres no se les permite entrar solas a los hoteles, las citas clandestinas bajo techo resultan impensables. Así, las parejas recurren a los autos como alternativa.
La costumbre islámica impone que la mujer llegue virgen al matrimonio y, aunque la mayoría así lo hace, en la capital no resulta difícil encontrar hoy en día ginecólogos dispuestos a reconstruir la virginidad.
Se trata de una intervención quirúrgica llamada "Golduzi", literalmente "Bordado de la flor", "que cuesta unos 500 dólares y engaña el más pintado", según declaró uno de los doctores que la practica.




