
Las mujeres de Gaza libran su propia batalla
Con la llegada de Hamas temen una radicalización
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CIUDAD DE GAZA.– Esta es la tierra donde las mujeres ponen el pecho a los tanques israelíes y mueren. Pero donde no se les permite sacarse el velo ni su larga túnica negra para ir a la playa y zambullirse en el mar, en lo que sería el único alivio para paliar el calor que no depende del bolsillo.
La tierra donde acceden a carreras universitarias, a una banca de diputada y a la alta política. Pero no pueden elegir a su marido, porque eso depende del clan familiar, que, en todo caso, puede llegar a proponer “una terna” de candidatos sobre la que ellas tendrán alguna opinión al final.
La tierra donde se las considera formadoras de la “nueva generación de luchadores”, pero donde –a diferencia de los hombres– no reciben entrenamiento militar alguno, porque “su realidad como palestinas es, de por sí, toda una escuela”, según sostienen las que llegan al poder. Y no están dispuestas a cambiar en nada esa historia.
Los signos que hablan del avance del islamismo y de la diferenciación del estatus de la mujer frente al hombre en este feudo aislado del mundo y ahora en manos de los radicales de Hamas están a la vista. Y aunque difícilmente se los pueda atribuir de modo exclusivo a un impulso de su nueva autoridad -los códigos de vestimenta en el islam no son, por ejemplo, nada nuevo- el temor extendido es que, con Hamas en el poder, el giro se profundice, por mano propia o por la de grupos radicalizados que llevan semanas con amenazas contra quienes "relajen la moral".
Los radicales islamistas de esta "revolución verde" juran y perjuran que no es ésa la idea. "No vamos a implantar aquí un régimen de fanáticos al estilo talibán", dice a LA NACION el ministro de la Juventud, Basen Naim.
-Pero ¿considera usted que existe aquí un trato justo para las mujeres?
-Son las formas a las que nos obliga nuestra religión, pero no se la imponemos a nadie. Cada uno elige la suya. Y la mejor muestra de eso es usted misma, que anda dando vueltas como quiere sin que nadie le diga nada.
Acallados, por el momento, los disparos de la breve guerra civil por la que los radicales de Hamas derrocaron a los moderados de Al-Fatah y los empujaron a la otra autonomía palestina, en Cisjordania, la mirada vuelve sobre la difícil vida cotidiana en este enclave tan superpoblado como magro de futuro.
Gaza se apoya en el celeste del Mediterráneo. Y es difícil que el ojo occidental no se sorprenda ante el curioso rito que acompaña la vida de las palestinas en la playa, que es, de paso, el único recurso gratuito para aliviarse del calor sofocante.
Llegan vestidas de pies a cabeza con su túnica negra y el pelo oculto bajo el velo del mismo color o, en algunos casos, más claro. Y así vestidas, la gran mayoría transpira en la arena, mientras que las más osadas se animan unos metros mar adentro, que es lo más lejos que pueden ir sin correr el riesgo de que una ola les arruine la fiesta o les cobre un susto.
Luego viene la salida del agua, y eso es un poco más cuesta arriba. Avanzan penosamente con el vestido mojado y, una vez en la arena algo más firme, sacuden los faldones para que no se les peguen al cuerpo y esperan, con esos metros de género mojado encima, a que el horno veraniego haga lo suyo y seque un poco la carga.
-¿Es necesario todo esto? No digo un bikini, sino algo un poco más aliviado. ¿No podría ser?
-Yo voy a la playa así vestida, y te aseguro que lo disfruto. Soy musulmana; el Corán dice que no puedo mostrar el cuerpo, y yo lo acato feliz. Me gustaría que lo entendieras, dice la diputada Jameela al-Shanti (ver nota aparte).
De 50 años, vivaz a inteligente, Jameela asegura que hay recursos. "A veces, nos vamos un grupo de mujeres a una playa más apartada, ponemos una cerca de lona y nos bañamos. Puedes venir un día, pero ni se te ocurra traer tu ropa occidental porque eso y estar desnuda es lo mismo. Aquí te prestaremos, en todo caso, una camisa y un pantalón", concede.
La estadística dice que más del 50% de las inscripciones universitarias son de mujeres. Pero el índice baja en picada a la hora de seguir, efectivamente, la carrera elegida. "El problema es conseguir un buen trabajo. Si una mujer consigue uno, nadie le dirá que no. Pero lo que dice el Corán es que la sagrada misión de una mujer es tener una casa y criar a los hijos, porque ellos son los futuros luchadores contra Israel", explicó.
El triunfo de la "revolución verde" expandió una ola de entusiasmo entre los más jóvenes. Pero sólo los varones se enrolan como voluntarios en la "resistencia" de Hamas. Y, por ejemplo, descubren la sensación de poder que les da dirigir el tránsito y ser obedecidos.
Las mujeres no participan en eso, aunque tienen otros recursos. De 23 años, con cuatro años en ingeniería y una súbita vocación por el periodismo, Warda al-Ankr es productora y movilera de Al-Aksa, el nuevo canal de televisión abierta que se identifica con Hamas. Y cumple su función con el velo blanco y su túnica oscura.
"He descubierto que el periodismo es una forma de hacer llegar nuestro mensaje, de resistir", dice orgullosa. Y sonríe con la rara satisfacción de quien cree haber encontrado su camino.
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