
Las razones para llevar el nombre Benedicto
Su predecesor murió en enero de 1922
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Aunque todavía no hubo una explicación oficial, el deseo de Joseph Ratzinger de ser llamado Benedicto XVI podría haberse inspirado en la figura de San Benito (Benedicto de Nursia), que vivió entre 480 y 547, o bien por el papa Benedicto XV, pontífice entre septiembre de 1914 y enero de 1922.
San Benito, fundador de la Orden de los Benedictinos, fue el gran organizador de la vida de los religiosos en monasterios y abadías. Su influencia para la Iglesia fue de tal magnitud que se lo considera patrono de los católicos de Europa Occidental. Su obra contribuyó mucho al crecimiento de la Iglesia.
Quizá Ratzinger, dolido por el retroceso que experimenta la institución hoy en Europa, al elegir el nombre de Benedicto intenta transmitir algo más que su admiración por el santo.
También se cree que el pontífice alemán se inspiró en su antecesor, Benedicto XV. A ese pontífice, hoy casi olvidado por la mayoría de la gente, le tocó asumir su papado en tiempos muy difíciles: dos semanas antes había comenzado la Primera Guerra Mundial.
A diferencia de lo ocurrido en el cónclave que acaba de terminar -en el que para muchos Ratzinger era un número puesto-, la elección del arzobispo de Bolonia, Giácomo della Chiesa, entonces de 59 años, fue una absoluta sorpresa. Había sido elevado a cardenal hacía apenas tres meses.
Ya pontífice, no sólo la guerra se convirtió en dolor de cabeza para Benedicto XV, sino el hecho de haberse encontrado con una Iglesia que, en muchos sentidos, mantenía una relación tirante con varios gobiernos -con Italia y Francia, entre ellos- y una Curia dividida entre conservadores que se sentían amenazados por el "modernismo", y moderados, algo más tolerantes. Aunque, claro, entonces no estaban en el tapete ni la homosexualidad, ni el uso del preservativo, ni las parejas de hecho.
Benedicto XV, entonces, fue un gran conciliador, dentro y fuera del Vaticano. Reanudó las relaciones con Francia y aflojó la tirantez con Italia. Luego, se preocupó por mantener a la Santa Sede en una posición de completa neutralidad en torno de la guerra, lo que le valió no pocas críticas y la furia de los dos bandos. Un dato: durante el conflicto mantuvo buenas relaciones con los musulmanes -por lo menos con los turcos- e intentó un acercamiento con la Iglesia Ortodoxa.
En 1917, Benedicto XV ofreció un plan de paz, en línea con lo que proponía Alemania, sin indemnizaciones ni anexiones. No hablaba de responsabilidades, ni sobre los crímenes o las crueldades denunciadas. El plan fracasó.
Cuando murió, en 1922, le fue reconocido su profundo sentido espiritual y su tolerancia pese a su fama de tibio y dubitativo, y se dijo que se iba sin un merecido reconocimiento. Una neumonía fulminante lo sorprendió durante el frío enero italiano.
Agonizó tres días. La noche del 21 de enero intentó incorporarse, pero un arzobispo lo hizo desistir. "Entonces voy a descansar. Hasta las 6 hay tiempo", dijo el papa semiconsciente. A las 5.59, Benedicto XV murió.
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