
Liberan a la niñera británica acusada de matar a un bebe
En un juicio que conmovió a los Estados Unidos, Louise Woodward fue hallada culpable por un jurado, pero el juez redujo la pena.
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CAMBRIDGE, EE.UU. (AP).- La niñera británica Louise Woodward, de 19 años, acusada de la muerte de un bebe de ocho meses, recibió ayer una nueva sentencia de un juez de Cambridge (Massachusetts), que la condenó a 279 días de prisión, que ya cumplió, por lo que quedó en libertad.
La niñera británica fue acusada de haber golpeado violentamente la cabeza del pequeño Matthew Eappen, para acallar su llanto, en un momento de cólera.
Woodward reconoció que había zarandeado al bebe, que lloraba insistentemente, y que al tirarlo contra la pared se golpeó en la cabeza.
Sin embargo, exámenes médicos posteriores, esgrimidos por la defensa, demostraron que el niño había sufrido con anterioridad una fractura de cráneo, que fue en parte la causa del fallecimiento, el 4 de febrero último.
El anuncio de la corte llegó pocas horas después de que el juez Hiller Zobel decidió reducir la pena por asesinato en segundo grado, dispuesta por un jurado el 30 de octubre último, a homicidio involuntario, cuya pena no podía superar los veinte años de cárcel.
La decisión de Zobel modificó la condena a prisión perpetua con posibilidad de libertad condicional tras 15 años en prisión.
"No quiero disminuir el alcance y el dolor por la muerte de Matthew Eappen o la angustia de sus padres -dijo Zobel-, pero es el momento de poner un final compasivo a esta historia."
Confusión e inmadurez
Al explicar su decisión de reducir la pena, el magistrado aseguró que estaba convencido de que las acciones de Woodward "estuvieron caracterizadas por la confusión, inexperiencia, frustración, inmadurez y algo de enojo, pero no malicia". La malicia es un término clave en las sentencias por asesinato.
El delito de homicidio involuntario implica, de acuerdo con las leyes de Massachusetts, una sentencia máxima de 20 años de cárcel, sin un período mínimo de prisión. Este es uno los pocos Estados norteamericanos donde un juez tiene la posibilidad de suspender el veredicto de un jurado.
El 30 de octubre último, un tribunal popular había hallado culpable a Woodward de asesinato en segundo grado por la muerte de Matthew. Ese delito conllevaba una pena obligatoria de prisión perpetua, con un mínimo de 15 años en calabozo.
Pero la defensa pidió al juez Zobel que la exonerara -argumentando fallas de procedimiento-, ordenara un nuevo juicio o redujera la condena a un grado menor, como el de homicidio involuntario.
El primer veredicto suscitó protestas, tanto en Estados Unidos como en Gran Bretaña, por considerar que el jurado estaba condenando a la niñera a un castigo exagerado y desató un debate sobre la contratación de niñeras por parte de parejas profesionales para cuidar a sus hijos.
Además, en la prensa norteamericana se ha visto el caso como un ejemplo del problema que puede plantear en ocasiones el sistema de juicios por jurados.
De todas maneras, ayer el juez Zobel, luego de revisar la evidencia, decidió sentenciar a Woodward a 279 días de prisión (9 meses), lo que equivale exactamente al período que la joven pasó tras las rejas. La resolución la liberó de hecho, aunque su pasaporte quedó bajo custodia judicial.
Fracaso cibernético
Para evitar lo que había calificado como "circo mediático", el juez Zobel anunció la semana pasada que transmitiría su decisión sobre el futuro de la joven niñera británica vía correo electrónico a una docena de medios de comunicación, los que le darían repercusión internacional.
Pero un corte de electricidad que afectó el servidor electrónico fuera del tribunal demoró la transmisión del fallo que modificó la carátula del caso. La sentencia definitiva, unas horas después, se emitió con normalidad.
Sus amigos festejaron con champagne
LONDRES.- Saltos de alegría, una botella de champagne abierta en medio de la muchedumbre y un cartel escrito con antelación por un raro optimista que decía "Gracias juez Zobel" marcaron la llegada de la buena noticia en el viejo pub The Rigger, lugar de encuentro de los simpatizantes de la niñera Louise Woodward en su ciudad natal, Elton, en el condado de Cheshire.
Para sus familiares, sus amigos, sus vecinos y los cientos de miles de personas que creen en su inocencia, el cambio de carátula del caso por parte del juez Hiller Zobel había sido "decepcionante". Su sentencia, horas más tarde, sería "un milagro caído del cielo".
"Tenemos que reconocer que esperábamos lo peor -señaló Nick Proctor, compañero de escuela primaria de la joven condenada-. Especialmente después de escuchar al fiscal pidiendo 20 años de prisión. Que le hayan dado 279 días ya servidos es mucho menos que la pesadilla que imaginábamos, pero sigue siendo una injusticia. Hasta que el nombre de Louise quede totalmente limpio de culpa, no paremos nuestra lucha."
Con decenas de cámaras fotográficas y de TV instaladas sobre trípodes en la barra del bar y varias computadoras colocadas sobre las mesas de madera, era difícil asociar el lugar con el de un pub tradicional. Durante la tensa jornada de espera, los vasos que pasaban de mano en mano no estaban repletos de cerveza sino de té y la atención de los lugareños no se concentraba en juegos de dardos o en simples conversaciones, sino en las fallas de Internet, a la espera de un e-mail que tardó en llegar más de una hora.
"Nos enteramos del veredicto por los rumores que empezaron a transmitirse por televisión -señaló uno de los presentes-. Cuando el e-mail del Departamento de Justicia norteamericano llegó, nosotros ya teníamos una copia de la reducción de la condena, que nos mandó por fax un amigo desde Boston."
Fondos recaudados
Jean Jones, una vecina que viene haciendo campaña por Louise desde su arresto, en febrero último, fue la encargada de leer un comunicado en nombre de todos los simpatizantes británicos. Vestida con una camisa amarilla, color escogido para identificar la batalla por la liberación de Louise, y rodeada de personas que intercambiaban abrazos de júbilo, Jones sostuvo: "Naturalmente, habríamos preferido escuchar que Louise volvía a casa hoy. Pero la compasión demostrada por el juez Zobel nos emociona. Esperamos que Louise pueda pasar la Navidad en su hogar, aun cuando sabemos que su pasaporte ha sido retenido, a la espera de que terminen todos los trámites" judiciales.
"Queremos refirmar que estamos totalmente seguros de la inocencia de Louise y por eso apelaremos su condena -advirtió-. Tampoco se nos escapa que este caso resultó en la trágica muerte de un pequeño. Nuestro corazón está con la familia Eappen (los padres del bebe muerto en forma sospechosa), a quienes no les guardamos ningún rencor."
Jones también agradeció a "todos aquellos que nos han enviado cartas y donaciones desde distintas partes del mundo". En las últimas dos semanas, la campaña para liberar a Louise Woodward recaudó unos 160.000 dólares, que serán ahora invertidos en la búsqueda de la revocación de su condena y en la defensa de la apelación que entablará la fiscalía.
Los padres de la joven debieron vender su hogar para solventar los gastos del juicio y los nueve meses de estada en los Estados Unidos, así como los frecuentes viajes que tienen que hacer a Gran Bretaña para seguir cuidando al resto de sus hijos.
Una sentencia en contra del sentido común
El juez Hiller Zobel, cuando calificó la muerte de la niña como homicidio involuntario en lugar de considerarlo homicidio intencional, ejerció una facultad propia, que no pertenece a ningún jurado de enjuiciamiento: la de aplicar el derecho.
Lo que puede llamar la atención no es cómo calificó el hecho, sino que lo castigó con una pena mínima cuando la ley permite reprimir el homicidio involuntario con un máximo de 19 años de prisión. No parece que haya fallado el sistema del juicio por jurados, sino el sentido común del juez.
La muerte del pequeño Matthew Eappen, que estaba al cuidado de la niñera Louise Woodward, parece haber planteado dos problemas: uno, vinculado con la prueba del hecho, y el otro, con la calificación y la aplicación de la pena correspondiente.
Si bien los sistemas procesales son distintos en cada Estado de los Estados Unidos, en general puede afirmarse que los jurados sólo pueden pronunciarse sobre los hechos y decir si estos están o no probados, pero no sobre el derecho aplicable. Este último es de apreciación exclusiva del magistrado.
En cuanto a los hechos, la duda que enfrentó el jurado fue si los golpes que el menor tenía en la cabeza habían sido causados por la mujer.
Sin malicia
El jurado parece haber llegado a la conclusión de que la mujer golpeó al menor, y desechó la posibilidad de que ella lo zarandeó y, al hacerlo, la cabeza de éste impactó contra una pared. En cambio, el juez Zobel interpretó que de la prueba, si bien surge que la mujer estuvo involucrada en la muerte del niño, ella no tuvo malicia o intención de matarlo, sino que el deceso se produjo en forma involuntaria.
Por eso, el magistrado no aplicó la escala penal para el primer delito, que conlleva una pena mínima de quince años, con posibilidad de prisión perpetua -según solicitó el jurado al juez-, sino la pena del homicidio involuntario. El magistrado se inclinó por una "pena compasiva", porque la joven actuó con "inexperiencia y enojo, pero sin malicia".


