Líderes desunidos e impopulares, otro problema palestino

Beatriz Lecumberri
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16 de julio de 2014  

Las ojeras y los gestos de preocupación son evidentes en los pasillos de la Organización para la Liberación Palestina (OLP) en Ramallah, Cisjordania. Una semana de bombardeos, más de 200 muertos palestinos, la tibia reacción internacional y la sensación de no ver luz al final del túnel hacen que los responsables se sientan impotentes y debilitados, incluso frente a sus propios conciudadanos de Gaza.

"Nos estamos reuniendo día y noche y estamos dando pasos, pero nuestro objetivo principal es salvar vidas. Queremos que cese inmediatamente este asalto, pero también queremos que después Israel rinda cuentas", explica Hanan Ashrawi, del comité ejecutivo de la OLP.

La unión nacional palestina, concretada el mes pasado en un gobierno de consenso entre la OLP, liderada por Mahmoud Abbas, y el movimiento islamista Hamas, tiene problemas para hablar con una sola voz.

Mientras Abbas instó a las partes a aceptar el alto el fuego presentado por Egipto para evitar más muertes, los líderes de Hamas señalaron que la tregua no contemplaba ninguna de sus peticiones. Remarcaron el alivio del bloqueo que sufre Gaza desde 2006, la apertura del paso fronterizo con Egipto o la liberación de ciertos prisioneros, que salieron de la cárcel en las recientes negociaciones de paz, pero que fueron arrestados nuevamente.

Un vocero de la brigadas Ezzedin al-Qassam consideró que aceptar la propuesta de Egipto era una "rendición". La tregua no pudo concretarse y está claro que, además de su contenido, lo que molestó al movimiento islamista fue la forma en que fue presentada. Los líderes de Hamas afirmaron que leyeron el borrador por la prensa y que en ningún caso fueron consultados por Egipto.

Hamas sale muy debilitado de esta contienda que, por ahora, no da señales de terminar. En ocho días de enfrentamientos disparó cohetes y utilizó sus túneles, sus aviones no tripulados o hasta buceadores, pero no logró hacerle un daño mayúsculo a Israel, donde hubo un muerto y algunos heridos. Al mismo tiempo, su popularidad entre la población de Gaza, desesperada y aterrorizada, disminuye, y sus apoyos internacionales se reducen o mantienen un perfil bajo, como es el caso de Qatar.

En Ramallah, Abbas, cuya popularidad también está en caída libre, pidió a la ONU que sitúe los territorios palestinos bajo protección internacional y brinde todos los recursos ya usados en otros lugares, como Bosnia o Kosovo, para proteger a poblaciones en peligro.

"Estamos muy desilusionados por la actitud de países que se quedaron callados o señalaron que Israel tiene derecho a defenderse. Nosotros no decimos que Israel no tiene derecho a defenderse, pero ahora no está defendiendo su seguridad, sino su ocupación del pueblo palestino", explica Xavier Abu Eid, vocero de la OLP.

Pese a que el gobierno palestino de consenso nacional sufre para sobrevivir, la OLP es consciente de que disolverlo sería un triunfo para Israel y sigue apostando públicamente por la reconciliación y la unidad.

Los contactos entre el equipo de Abbas y los responsables de Hamas continuaron en los últimos días, explica Ashrawi. El presidente palestino conversó -sobre todo- con el líder de Hamas en el exilio, Khaled Meshaal, porque los dirigentes del movimiento en Gaza y sus familias, blancos de las bombas israelíes, viven ocultos.

Además, un equipo de gobierno de emergencia con representación de todas las facciones palestinas fue instalado en Gaza para intentar atender las necesidades más urgentes. Fue la primera iniciativa concreta de este Ejecutivo palestino de consenso, pero la población de Gaza ya no quiere gestos, sino acciones, y recibió a pedradas en la frontera a uno de los ministros enviados por Abbas, que se vio obligado a dar media vuelta.

En la práctica, nadie parece gobernar en Gaza desde hace una semana. Sus habitantes, aislados del resto de Cisjordania desde 2006, cuando Hamas ganó las elecciones legislativas, no pueden evitar sentirse palestinos de segunda categoría, abandonados a su propia suerte y víctimas de un hostigamiento y una pobreza que sus compatriotas de Ramallah desconocen.

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