Lo que Venezuela ha ocultado durante 27 años y sigue ocultando
Dos terremotos dejan al descubierto el costo mortal de un sistema construido sobre mentiras
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WASHINGTON.- Dos terremotos sacudieron con segundos de diferencia la costa centro–norte de Venezuela el miércoles. Con magnitudes de 7,2 y 7,5, fueron de los más intensos que ha sentido el país en más de un siglo. Hasta la mañana del viernes, el gobierno reconocía al menos 589 muertos, mientras cientos de personas seguían desaparecidas o atrapadas bajo los escombros.
El Servicio Geológico de Estados Unidos advirtió que la cifra de víctimas fatales podría superar las 10.000. Entre esos dos números se encuentra la verdadera naturaleza del gobierno actual: lo que está dispuesto a admitir y lo que ha pasado 27 años ocultando.
La revolución chavista comenzó cuando Hugo Chávez llegó al poder en febrero de 1999, prometiendo una república renovada. En diciembre de ese mismo año, las inundaciones y deslizamientos de tierra en Vargas dejaron al descubierto la distancia entre la ambición revolucionaria del gobierno y su incapacidad para proteger a la población.
Historia conocida
Mientras lluvias torrenciales azotaban el 14 de diciembre la costa –una de las zonas más afectadas por los terremotos del miércoles–, un periodista le preguntó al presidente si el referéndum constitucional previsto para el día siguiente debía postergarse. Chávez, que nunca permitió que el clima interfiriera con su destino político, respondió con una frase atribuida habitualmente a Simón Bolívar: “Si la naturaleza se opone, lucharemos contra ella y haremos que nos obedezca”.
La frase original de Bolívar habría sido pronunciada en 1812, entre las ruinas de otro terremoto en Caracas, que sacerdotes realistas calificaban como un castigo divino por la lucha independentista contra el imperio español. En 1999, la naturaleza no obedeció. En cuestión de horas, las montañas del estado de Vargas cedieron. El barro y el agua descendieron hacia el mar. Las estimaciones de víctimas fatales oscilaron entre 5.000 y 50.000. La cifra más aceptada es de 30.000 muertos: una medida devastadora tanto del desastre como del fracaso del gobierno para contabilizar a sus fallecidos.
Incluso cuando todavía se recuperaban cuerpos del lodo, la Constitución fue aprobada el 15 de diciembre con el 71% de los votos y más del 50% de abstención. Desde entonces, los venezolanos recuerdan esa fecha como el día en que la naturaleza no obedeció.
Venezuela se encuentra sobre el límite donde las placas del Caribe y Sudamérica se deslizan una junto a la otra. La falla de Boconó existía mucho antes de la revolución chavista. Pero la verdadera tragedia es todo lo que el gobierno construyó –y dejó de construir– sobre esa falla.
Basta observar lo que 27 años de este régimen hicieron con la infraestructura básica, el sistema de salud y los servicios de respuesta ante emergencias. Entre 2014 y 2021, la economía se contrajo aproximadamente tres cuartas partes. La producción petrolera se desplomó, favorecida por el despido de ingenieros y su reemplazo por personas cuya única credencial era la lealtad política. El bolívar perdió prácticamente todo su valor y cerca de ocho millones de venezolanos abandonaron el país.
La denominada Gran Misión Vivienda Venezuela asegura haber construido más de cinco millones de viviendas. Sin embargo, es imposible determinar cuántas se edificaron realmente. Una estimación independiente de 2024 calculó apenas 134.771, muchas de ellas con grietas y filtraciones por falta de planificación urbana, e incluso algunas levantadas sobre fallas geológicas inseguras. Miles de millones de dólares pasaron por ese programa. Para quienes han vivido en el país, la pregunta sobre dónde terminó ese dinero se responde sola. En lugar de viviendas modernas, Venezuela sigue llena de bloques de departamentos construidos en la década de 1960 que, según los ingenieros, no podrían resistir un sismo de la magnitud que la ciudad puede esperar.
Las Naciones Unidas estiman que unos cinco millones de venezolanos padecen hambre. Los hospitales funcionan al 50% de su capacidad. El país destina a la salud apenas una fracción de lo que recomienda la Organización Mundial de la Salud y ha tenido dificultades incluso para construir hospitales.
¿Adónde fue a parar la capacidad de respuesta del Estado? Parte de ella fue robada. Se estima que la corrupción en la empresa petrolera estatal desvió alrededor de 21.000 millones de dólares hacia cuentas privadas. Al mismo tiempo, la deuda nacional de Venezuela asciende a 240.000 millones de dólares.
Quienes hoy permanecen refugiados entre los restos de sus departamentos destruidos se preguntan: ¿deuda para qué? No para construir viviendas seguras ni infraestructura capaz de proteger a la población cuando ocurre un desastre. Tampoco para hospitales y escuelas que funcionen, ni para sistemas de agua potable o electricidad confiables.
Nicolás Maduro ya no está. Tras ser capturado por fuerzas estadounidenses en una operación realizada en enero, el hombre que heredó la promesa de Chávez de enfrentar a la naturaleza y obligarla a obedecer hoy permanece detenido en una cárcel de Nueva York. Pero el sistema no cayó con él. Delcy Rodríguez, chavista hasta la médula, dirige actualmente el país. Después de los terremotos, la respuesta de su gobierno ha sido, previsiblemente, insuficiente. En algunas zonas, los habitantes aseguran que la ayuda tardó en llegar, que los voluntarios removían los escombros con las manos y que fueron los propios ciudadanos quienes tuvieron que llevar alimentos y medicamentos a las áreas afectadas.
Estados Unidos ha pasado los meses posteriores a la salida de Maduro no desmantelando el sistema que este construyó, sino haciendo negocios con él. En abril levantó las sanciones contra el gobierno. Chevron firmó un acuerdo en el palacio presidencial para aumentar al 49% su participación en un emprendimiento petrolero venezolano. Además, unos 100 millones de barriles de petróleo venezolano ya fueron procesados bajo la supervisión del gobierno estadounidense con escaso control. Ese es el gobierno que Washington ha elegido como su nuevo gran aliado, su socio en petróleo y deuda. El mismo gobierno que vació hospitales y desvió las ganancias del petróleo que deberían haber servido para reforzar edificios antiguos.
Espero que este colapso obligue finalmente al régimen y a las potencias extranjeras que hacen fila para hacer negocios con él a asumir aquello que han rechazado durante una generación: la responsabilidad de garantizar los derechos humanos básicos y la dignidad que debían proteger, pero que en cambio enterraron.
La naturaleza se opuso a los venezolanos el miércoles, como ya lo había hecho antes. Pero nunca fue contra la naturaleza contra la que debían luchar.
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