Lolita, la batalla de la industria sexual y el puritanismo
Por Mario Diament
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MIAMI.- La moral de los norteamericanos constituye siempre un enigma fascinante y desentrañar sus mecanismos o tratar de anticipar su rumbo puede terminar siendo un ejercicio tan azaroso como tirar los dados.
¿Cómo explicar que Woody Allen tuviera que padecer el escarnio público por su relación con Soon Yi (con la que terminó casándose), y Clinton emergiera del escándalo sexual con los marcas más altas de popularidad? ¿Cómo explicar que el comediante Pee Wee Herman fuera echado de las pantallas de televisión cuando la policía lo descubrió masturbándose en un cine y Hugh Grant pudiera, en cambio, remontar su publicitado entremés con la prostituta Divina Brown casi sin consecuencias?
Afirmar que los norteamericanos son puritanos es una simpleza que deja de lado el hecho de que los Estados Unidos albergan la industria sexual más próspera del planeta, a cuya influencia no escapan ni los medios de comunicación ni los tres poderes del Estado. La línea entre lo que ofende y lo que divierte es a menudo tan tenue, que puede variar por razones climáticas.
Un buen ejemplo de estas ambigüedades es lo que sucedió con "Lolita", la nueva versión cinematográfica de la novela de Vladimir Nabokov sobre la infatuación de un profesor universitario cuarentón con una nínfula de 12 años, dirigida por Adrian Lyne, con Jeremy Irons como el profesor Humbert Humbert, y Dominique Swain como Lolita.
Aunque la novela original de Nabokov es considerada un clásico y ya había sido llevada al cine en 1962 por Stanley Kramer, el film de Lyne debió esperar más de un año a que apareciera un estudio dispuesto a distribuirlo en el país. Finalmente, la semana pasada, la compañía Samuel Goldwyn anunció que distribuiría "Lolita" en el circuito de cines de arte, una perspectiva no demasiado alentadora para una película que costó 56 millones de dólares.
¿Cuál fue el motivo de tanta resistencia? ¿Es la moral pública norteamericana menos tolerante hoy de lo que lo era en 1962, cuando la primera "Lolita" fue estrenada sin demasiada alharaca? "Uno puede hacer una película sobre canibalismo, como "El silencio de los inocentes", o sobre necrofilia, como "El beso", pero la pedofilia es el último tabú", se lamentó Lyne hace poco, en una charla con la escritora Erica Jong.
Sensibilidad
Lo cierto es que éstos no son tiempos particularmente propicios para un film sobre la pedofilia. Aunque los adolescentes de hoy son más precoces que los de hace tres décadas, existe una extrema sensibilidad por el tema en la sociedad. Al creciente comercio de pornografía infantil por Internet se suman episodios como el asesinato no esclarecido de JonBenet Ramsey, una pequeña beldad de 6 años (fue Little Miss Colorado en 1995), que apareció estrangulada en su casa en Boulder, Colorado, en la Navidad de 1996 y sobre cuyos padres recaen serias sospechas.
Por otra parte, reducir "Lolita" a un caso de pedofilia es como describir Edipo Rey como una historia de sexo con mamá. La novela es una sátira prodigiosa sobre la cultura norteamericana y quienes han visto la película aseguran que está más cerca del original que la versión anterior. Llamativamente, "Lolita" es menos explícita que las anteriores películas de Lyne "Atracción fatal" y "Propuesta indecente", que no pueden inscribirse, precisamente, en la línea de defensa de familia.
La principal moraleja de "Atracción fatal" es que antes de cometer adulterio conviene verificar el estado psicológico de la candidata, y "Propuesta indecente" insinúa que la prostitución no es necesariamente reprobable si el precio es un millón de dólares y el cliente es Robert Redford.




