
Los argentinos, entre el drama y el milagro
Por Marta García Terán De la Redacción de LA NACION
1 minuto de lectura'
Una madre desesperada que, desde un hospital, espera noticias sobre su hijo de un año y sobre su marido, desaparecidos durante la catástrofe en la isla Phi Phi; una aficionada a la navegación que se salvó enfrentando la marea y navegando mar adentro en lugar de huir hacia la playa, en Phuket; una joven pareja de recién casados que planeaba una romántica luna de miel en Tailandia y terminaron shockeados, con golpes y rasguños, o un hombre que, por pocas horas, se salvó.
Así, los argentinos, afectados por el terremoto, se encuentran entre el drama y el milagro. Las situaciones más complicadas son las de Diego Talevi y su hijo de un año y la de Fernando Bengoechea, un fotógrafo argentino residente en Nueva York, los tres considerados aún como desaparecidos.
Bengoechea fue incluido inicialmente por el diario The New York Times entre las víctimas norteamericanas (ver aparte). De Talevi y su hijo nada sabe su mujer, Carolina Vardabasso Blanco. Ellos fueron sorprendidos por el maremoto cuando estaban en la playa de la isla tailandesa Phi Phi.
"Estamos desesperados. Sabemos que está sola, lastimada y con la angustia de haber perdido a su marido y a su hijo", dijo a LA NACION desde Rosario Mario Vardabasso, el padre de Carolina, de 29 años, casada con el ingeniero mecánico Talevi, con quien tiene un hijo, Bruno, de un año. El chiquito nació en Singapur, el destino que le asignó dos años atrás la empresa alemana para la que trabaja su marido. La familia aprovechó el feriado de Navidad para tomarse un par de días de descanso en el mar.
"Llamó una sola vez, desde un celular prestado y habló con la madre apenas un minuto", relató con voz entrecortada Vardabasso, y siguió: "Le contó que estaban paseando por la playa cuando fueron arrastrados por las aguas y que, cuando llegaron a ayudarla, vio cómo socorrían a su marido y a su pequeño hijo. Desde ese momento no tuvo más noticias de ellos".
La joven fue internada a un hospital de Krabi, población ubicada a 80 kilómetros de la isla Phi Phi, donde fue atendida por una luxación de tobillo y contusiones en varias partes del cuerpo.
"Por lo poco que sabemos, la fue a ver un médico y la acompañan unos amigos, pero está desesperada porque no tiene noticias del marido y el hijo", contó el padre. "La gente de la empresa se portó muy bien, le mandó un médico para que la atendiera y le puso un traductor porque, aunque hace dos años que vive en Malasia, Carolina no maneja bien el idioma", reveló el padre de la joven que, después de contraer matrimonio, cinco años atrás, se fue a vivir junto a su marido a China y después a Malasia.
Vardabasso afirmó que las pocas noticias que tienen de Carolina le llegan de los padres de su yerno, que está en contacto con la empresa donde trabaja el hijo. "Queremos viajar, pero no tenemos dinero para los pasajes. Estamos desesperados, queremos ver a nuestra hija."
Luna de miel
Las emociones que ha vivido en las últimas dos semanas José Manuel Boloqui son muy difíciles de explicar. Por un lado, su casamiento con Irene, su novia filipina. La boda realizada tan lejos de casa, en Filipinas, donde vive desde hace tres años. Y una luna de miel que prometía ser romántica y paradisíaca y terminó en catástrofe. Planeaban pasar una relajada luna de miel en un resort situado sobre la playa en Phuket, Tailandia, cuando las olas gigantescas arrasaron con la calma del lugar.
"Estaban en el hotel cuando comenzó el terremoto. Por suerte no sufrieron más que unos golpes y rasguños, pero están realmente shockeados", contó a LA NACION Alejandra Boloqui, su hermana mayor, que regresó a España, su lugar de residencia, luego del casamiento de su hermano.
"Cuando José Manuel nos llamó el domingo a la madrugada (hora de España), nosotros ni siquiera nos habíamos enterado de la catástrofe todavía", dijo Alejandra. "Vivieron una experiencia horrible, de la que tardarán mucho en recuperarse. Además, el lugar quedó completamente destrozado", añadió.
José Manuel tiene 31 años y trabaja en el área de sistemas de una empresa multinacional que tiene sede en Filipinas. Allí conoció a Irene Yu, su esposa desde el 17 de diciembre último. El joven matrimonio fue trasladado a Bangkok por tierra, ya que el aeropuerto de Tailandia está destruido, y desde allí partió nuevamente hacia Filipinas.
"A medida que veo más imágenes de lo ocurrido, tomo conciencia de lo que sucedió", dijo Alejandra emocionada.
Hacia la salvación
María Itatí, una argentina que vive en Tailandia desde hace años, se salvó de morir gracias a que tomó la decisión de navegar mar adentro, antes de que se formara la rompiente, en lugar de rumbear hacia la playa. Estaba anclada en una playa de Phuket y aún no había decidido si tomaría el desayuno en el barco o bajaría a la playa para hacerlo.
Un puño feroz
"Empezamos a notar un cambio en la marea y vimos cómo llegaban olas de dos y tres metros de altura, que nos arrastraban hacia la costa. Entonces levantamos el ancla y nos internamos en el mar. El lugar más seguro era cinco o seis kilómetros lejos de la costa. No sufrimos el rompimiento de la ola, que fue como un puño que golpeó la playa y la atravesó como 500 metros", contó la mujer.
La gigantesca ola "barrió" la playa", que estaba repleta de reposeras y de gente. "Arrasó con todos, mató a cientos de personas", dijo María Itatí desde Tailandia. Daniel Rossi, un ingeniero argentino que trabaja desde hace nueve años en Kuala Lumpur, no estuvo en el epicentro de la catástrofe, pero sintió el temblor que, según sus palabras, parecía que no terminaba más.
"Se notaba que era algo grande. Acá, en Kuala Lumpur, no se tuvieron que lamentar víctimas fatales. Pero se sintió durante tres minutos, que en fenómenos como éste parecen interminables", dijo por teléfono desde Kuala Lumpur, y llevó tranquilidad a las familias de los 22 argentinos que trabajan con él en un emprendimiento hidroeléctrico, en la isla de Borneo.




