Los Benetton, adorados por sus suéteres, cuestionados por sus empresas constructoras
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PARÍS.- En ese maldito 14 de agosto de 2018, poco antes del mediodía, el puente Morandi se derrumbó en Génova, provocando la muerte de 43 personas. Espantados, los italianos descubrieron que los sweaters Benetton disimulaban uno de los imperios financieros más tentaculares de Europa, activo en la ropa y la construcción, la cultura y la agricultura, los deportes y los transportes. Y que, entre todas las sociedades del conglomerado, figuraba Atlantia, encargada de la gestión del funesto viaducto.
"United Killers of Benetton", se leía en los muros de Génova después de la tragedia.

Por su parte, el nuevo gobierno populista de Italia no escatimó esfuerzos. Matteo Salvini, el ultraderechista ministro del Interior, se deleitó con la caída de esos empresarios cuyas publicidades cantan loas a las virtudes de la inmigración: "Que pidan perdón desde lo alto de sus billeteras pletóricas y su corazón vacío", tuiteó. "Se reparten los beneficios y los puentes se derrumban", agregó a su vez el viceprimer ministro Luigi Di Maio.
La respuesta llegó del sanguíneo e histórico director publicitario de Benetton, Oliviero Toscani, autor desde 1982 de esas célebres campañas que tanto detestan los populistas del mundo entero: "Mi padre fotografió el cadáver de Mussolini colgado en una plaza de Milán. Quién sabe cómo fotografiaré a Salvini. En cuanto a Di Maio, el pobre, tiene el cerebro de una gallina".
En pleno ferragosto, la península sucumbió de pronto a una fiebre aritmética y las estadísticas de Edizione -el holding que controla todos los activos del grupo- provocaron un sismo en las redes sociales: 67.000 empleados, 112 propiedades, 50,1% de partes del popular grupo de restauración europeo Autogrill. En esa implacable radiografía, la gente descubrió que solo 5% de los 12.300 millones de euros de activos del grupo conciernen la actividad textil, mientras que las infraestructuras de transportes pesan la mitad.
Con la caída del viaducto subieron a la superficie viejos escándalos, así como las publicidades más controvertidas: enfermos de Sida, anoréxicos, mutilados de guerra, condenados a muerte. Todos firmados Benetton.
En algún momento, hasta el prestigioso diario Corriere della Sera llegó a acusar a la multinacional de explotar a los niños turcos. Al día siguiente de ese reportaje, Benetton suspendió toda colaboración con ese contratista de Estambul.
La firma también estuvo presente en los escombros del famoso derrumbe del Rana Plaza de Bangladesh, en 2013. "1134 obreros textiles murieron en ese drama. Primero, la empresa negó su implicación. Después terminó rindiéndose a la evidencia, tras la publicación de fotos de la Agencia France Presse. Benetton sigue presente en Bangladesh, al igual que en Europa del Este, donde las condiciones de los trabajadores son particularmente precarias", deploró Deborah Lucchetti, portavoz de la red Campagna Abiti Puliti, que alerta sobre los pecados de la industria textil.

Naturalmente en Europa nadie ignora las 900.000 hectáreas de los Benetton en Patagonia, que reclaman los indios mapuches. Banal adquisición, dice la familia. Pura expropiación, insisten los segundos.
Después del cataclismo genovés, como después de cada escándalo, la familia vuelve a su atávico mutismo. Incluso Luciano, cara pública de Benetton. Hace 20 años, posaba orgulloso frente al objetivo, rulos blancos y anteojos redondos, delante de ovejas multicolores. Ahora, a los 83 años, convertido en el chivo expiatorio de todo un país, guarda un silencio de tumba.

En Treviso, ciudad del Veneto donde nacieron los cuatro hermanos, la actitud hacia la familia es mucho más indulgente.
"Existe un fuerte consenso social en torno de los Benetton. Muy pobre antes de beneficiarse con el boom de la posguerra, la región profesa un culto del empresariado", analiza la periodista Monica Zornetta, que prepara un libro sobre la familia.
Para la región, la familia encarna el summum del éxito. Modesto reparador de bicicletas, Leone, el padre, se fue a Etiopía y regresó enfermo de malaria y arruinado. En 1945 cuando murió, Luciano, el mayor, tenía apenas 10 años y dejó la escuela para trabajar. Su hermana pequeña, Giuliana, halló empleo en una mercería.
En su tiempo libre, Giuliana tejía y Luciano golpeaba puertas para vender sus creaciones. En 1955 lanzaron su primera marca, Très Jolie, que se transformaría en Benetton diez años después. Desde entonces Luciano presidió, Giuliana se ocupó del diseño y los materiales, Gilberto de las finanzas y Carlo de la producción. La marca despegó de inmediato porque adhirió a la época: seventies, eighties, había llegado la hora del color.
¿El secreto? Teñir la lana después de tejerla y no antes, como hacía entonces la competencia: el procedimiento permite bajar los costos y aumentar la gama cromática.
En 2008, sintiendo que el nuevo mundo le escapaba, Luciano abandonó la firma. Partió en crucero alrededor del mundo. Cuando regresó, en 2017, sus boutiques de prêt-à-porter registraban una pérdida histórica de 180 millones de euros: "Nuestros negocios, otrora pozos de luz, se habían vuelto más tristes que los de la Polonia comunista", declaró el pater familias, después de haber despedido a todos los managers egresados de Harvard que dirigían el grupo.
El año pasado, la tradicional fiesta familiar del 15 de agosto en Cortina d’Ampezzo fue un poco más triste. Carlo, el menor, había fallecido un mes antes, a los 75 años, y Gilberto (77) lo seguiría poco tiempo después.
Sin dirección e-mail ni teléfono celular, el "signore Luciano" afirma que solo "le gustan las cosas que duran": "Nunca me vestiré à la mode. Uso sacos que tienen 30 años y soy incapaz de comprar algo sin tocarlo con las manos", precisa con desdén por el comercio online.
En octubre, al dúo histórico Luciano-Oliviero se sumó el modista francés Jean-Jacques de Castelbajac (69). "Entre los tres juntamos 229 primaveras", se felicita Toscani (77).
Y no les va tan mal. Benetton produce cerca de 150 millones de prendas por año, distribuidas por una red de más de 600 puntos de venta en unos 120 países. Cifra de negocios: más de 2000 millones de euros anuales.
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