Los brexiters elevan el desafío y prometen ir por más: desarmar la UE

Parliament Square, ayer, tras los festejos por el Brexit en Londres
Parliament Square, ayer, tras los festejos por el Brexit en Londres
Tras concretar la salida del bloque, los nacionalistas británicos prometen radicalizar el antieuropeísmo; las primeras medidas, una declaración de guerra ideológica
Luisa Corradini
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2 de febrero de 2020  

LONDRES.- La pulseada no tardó en empezar. Apenas 24 horas después del Brexit, pescadores ultranacionalistas del Canal de la Mancha anunciaron que bloquearán a los marinos europeos el acceso a las aguas que rodean las islas anglo-normandas. Esa decisión simbólica, cuando aún no comenzaron las negociaciones que establecerán las futuras relaciones comerciales entre Londres y Bruselas, tiene más de declaración de guerra ideológica que de interés nacional.

"Nuestra misión, la de los euroescépticos, no terminará hasta que la Unión Europea desaparezca", reconoció esta semana Allister Heath, columnista estrella de The Daily Telegraph y colega del actual primer ministro británico, Boris Johnson, que fue comentarista de ese diario ultraconservador hasta que fue nombrado jefe del gobierno.

Heath confiesa que su euroescepticismo nació un día de septiembre de 1992, después de leer el contenido del Tratado de Maastricht, que establecía la libre circulación de mercancías y personas dentro del bloque, y que Gran Bretaña firmó con numerosas derogaciones.

"Desde entonces, todo fue de mal en peor para aquellos que defendemos la idea de un Estado acotado y el libre comercio como parte de una amplia síntesis libertaria y conservadora", señala Heath.

Por esa razón, tanto para Heath como para Nigel Farage, líder del Partido del Brexit, y sus otros homólogos ultra-Brexit, aun cuando el euroescepticismo haya triunfado en Gran Bretaña, "sigue siendo un proyecto inacabado".

"El verdadero motivo de esa frustración es que, después de nuestro divorcio, la UE dará nuevo impulso a sus 27 miembros restantes este mismo 1º de febrero, acelerando una mayor centralización", remarca, por su parte, Allison Pearson, otra de sus fanáticas colegas en el diario.

Para ese grupo de nacionalistas extremistas, "ningún brexiter debería sentirse cómodo abandonando a los euroescépticos europeos a su suerte".

"Los movimientos políticos son internacionales o no son nada. No debemos olvidar a nuestros camaradas en los momentos de gloria", subraya Pearson, que anteanoche dio un cóctel en honor de los periodistas pro-Brexit en el exclusivo hotel londinense Brown's.

En el resto de la UE, sus camaradas se llaman Matteo Salvini, en Italia; Viktor Orban, en Hungría; Marine Le Pen, en Francia, y todos aquellos líderes xenófobos y aislacionistas del continente.

Declarando su "amor" por Europa, pero su "odio" por la UE, Farage también declaró su esperanza de que la concreción del Brexit fuera "el comienzo del fin de ese proyecto".

"Porque es un mal proyecto. No solo no es democrático, sino que es antidemocrático. Se antepone al Parlamento, acuerda poder a gente sin que tengan que rendir cuentas a los electores. Es una estructura inaceptable", dijo esta semana en su discurso de despedida como europarlamentario, después de pasar 21 años en la Cámara de Diputados de la UE, donde ganaba un salario mensual de 6825 euros brutos más 4513 euros por gastos de representación.

"Nuestro esfuerzo debe continuar hasta que un día veamos un 'Frexit' o un 'Danexit', que el euro se esfume en forma ordenada y que la totalidad del proyecto europeo desaparezca, reemplazado por una cooperación liberal e independiente", insiste Heath.

Teniendo el cuidado de no declararse partidario de esa extrema ideología en vísperas de iniciar una negociación que se anuncia ardua con Bruselas, Johnson sabe, sin embargo, que se trata de una espada de Damocles que pende sobre su cabeza. Por esa razón trata de dar muestras de responder a esos principios en forma concreta. El primer ministro tendría intenciones, por ejemplo, de imponer controles aduaneros a todas las mercancías que lleguen al país desde la UE.

Tratándose de la pesca, el jefe del gobierno repite regularmente que Gran Bretaña "recuperará el control de sus aguas". Y en verdad, el 1º de enero de 2021, si al término del período de transición fijado por el acuerdo de salida no se hubiera llegado a un acuerdo, los pescadores de la UE dejarán de tener acceso libre a las aguas que rodean el Reino Unido como lo tienen actualmente.

Para dar más peso a sus palabras -y para que todos los brexiters entiendan el guiño- el gobierno británico presentó el 29 de enero un proyecto de ley a la Cámara de los Comunes, que prevé que el país salga de la política común de la pesca y pueda actuar como Estado costero independiente el año próximo.

"Los británicos saben que la UE tiene un punto débil: la pesca. No hay ninguna razón para que dejen de usar esa debilidad", confía un alto funcionario europeo.

Inquietudes

Johnson conoce, es verdad, las inquietudes y expectativas de los pescadores británicos, que votaron masivamente en favor del Brexit. Pero sabe también que la pesca es un tema políticamente inflamable para algunos de sus exsocios, comenzando por Francia. Después de la crisis de los "chalecos amarillos", Emmanuel Macron no puede permitirse un enfrentamiento con los pescadores normandos o bretones, cuando entre el 30% y el 40% de la pesca francesa se realiza en aguas británicas.

Solo ocho de los 27 Estados miembros de la UE -Francia, Irlanda, España, Bélgica, Países Bajos, Suecia, Alemania y Dinamarca- son interpelados por esta cuestión. Y Londres ve ahí una posible falla en la unidad que prevaleció hasta ahora entre los europeos durante las negociaciones del Brexit.

Pero quizá Johnson no debería hacerse demasiadas ilusiones: "Los británicos tienen los peces, y la UE tiene el mercado", recuerda Pierre Karleskind, eurodiputado, miembro de la Comisión de Pesca. En efecto, 73% del pescado británico es exportado hacia el bloque. Lo que otorga a su vez a Europa un medio de presión.

El primer ministro irlandés, Leo Varadkar, evocó otro recientemente: "Si Londres quiere que hagamos concesiones en el sector financiero, tendrá que hacerlo a su vez en otros sectores como la pesca. Todo está ligado".

El credo de esa tribuna de irreductibles eurófobos, según Farage, es el siguiente: "Euroescepticismo consiste en aplicar a la UE la teoría universal basada en una serie de principios: un gobierno nacional es mejor para la paz, la prosperidad y la libertad que pertenecer a superestructuras tecnocráticas; la democracia genuina solo puede existir en una nación; competencia y cooperación entre pequeñas y acotadas democracias es una forma mejor y más resistente de organizar el mundo que entregar el poder a gigantescos e irresponsables monopolios manejados por burócratas monárquicos".

En esas condiciones, el ejercicio que espera a Johnson en los próximos meses no será fácil. A menos que él también persiga el mismo objetivo.

Los próximos pasos del divorcio

25/2/2020

  • Reunión europea. La UE decidirá quién negociará el Brexit con Gran Bretaña; podrían extenderle el mandato al francés Michel Barnier

6/2020

  • Cumbre. En junio se hará una reunión Bruselas-Londres de "alto nivel" para acordar la relación futura que acompaña al Acuerdo de Retirada

30/6/2020

  • Fecha tope. Es la fecha tope para que el bloque y Londres decidan si se prolonga el período de transición por uno o dos años más allá de diciembre

11/2020

  • Cambios. Es el último plazo de británicos y europeos para hacer modificaciones en el acuerdo, si el período de transición terminara en 2020

31/12/2020

  • Salida final. Si no hay extensiones, finaliza el período de transición y comienzan a regir plenamente los nuevos acuerdos entre Londres y Bruselas

30/6/ 2021

  • Residencia. Finaliza la libre circulación de europeos en Gran Bretaña y de británicos en la UE, que serán considerados extracomunitarios

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