
Los delfines, un arma eficaz de la marina de guerra de los EE.UU.
Colaboran en las tareas de desminado
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PUERTO DE UMM QASR, Irak.- Se llamaba Flipper el delfín que veíamos de chicos en una serie de TV. Era bueno e inteligente, y siempre salvaba a su dueño, un chico, de situaciones difíciles. En esta nueva guerra hecha de bombas inteligentes, armas hipersofisticadas, aviones invisibles y cientos de "Rambos" del siglo XXI, aunque parezca increíble también hay "Flippers": delfines entrenados para desminar las aguas del Golfo Pérsico.
Aunque ninguno se llama Flipper -sino Makai, Tacoma, Katrina y Ten-, los cuatro delfines que por primera vez participan en un conflicto bélico han llegado hace pocos días al puerto viejo de este poblado del sur de Irak. Su misión es detectar las minas que los soldados iraquíes han sembrado masivamente en el puerto, el único de aguas profundas que tiene Irak, pocos días antes de comenzar el ataque aliado.
"Por naturaleza los delfines son muchos más aptos que los seres humanos para detectar minas puestas debajo del agua, porque tienen una sofisticadísima forma de sonar biológico, que los ayuda a evitar a los predadores y a buscar comida", explica a LA NACION el oficial Frank Davis. "Estas cualidades hacen que los mamíferos sean muy valiosos para la marina militar", agrega.
Makai y Tacoma, "the boys", y Katrina y Ten, "the girls", como los llama Frank, hicieron un viaje larguísimo para llegar hasta aquí. Desde San Diego, California, donde fueron entrenados para integrar el Naval Special Clearence Team, primero se tomaron un avión hasta Bahrein, de allí un barco hasta las aguas kuwaitíes del Golfo Pérsico y finalmente un helicóptero que los trajo hasta este puerto ahora en manos de soldados británicos, norteamericanos y australianos. Aunque resulta difícil imaginarse a un delfín viajando en helicóptero, Frank asegura que los delfines "están acostumbrados a viajar por vía aérea" y que "no les molesta en absoluto". Para su traslado, la marina estadounidense ha creado especiales contenedores de forma triangular, que son los que también se utilizan para trasladar al mamífero de los piletones en los que vive hasta el bote desde el cual, con un ascensor especial, se lanza al mar, a la hora de "salir a trabajar".
En uno de los galpones con techo de chapa del puerto, Makay y Tacoma están en una pileta redonda de unos seis metros de diámetro, y Katrina y Ten en otra distinta, unos metros más allá. Varones por un lado, y mujeres por otro. "Las chicas acaban de llegar, y están excitadísimas", dice Frank, mientras los delfines nadan en redondo y saltan, contentos, salpicando agua y sacando de vez en cuando la trompa por las redes que suben desde el borde de la pileta hasta unos dos metros de altura.
Años de entrenamiento
Los cuatro delfines que van a la guerra no son jóvenes, porque hacen falta muchos años de entrenamiento para que puedan detectar minas en el mar. "Katrina, por ejemplo, tiene 26 años", explica Justin Roberts, su handler , es decir, su entrenador personal, que se encarga de que el delfín cumpla con sus misiones.
Entrenados para fines militares por el Navy´s Marine Mammal Program durante al menos diez años, estos delfines están capacitados para detectar minas en el agua. No las desactivan, sino que las señalan con flotadores especiales. "Marcan su ubicación para que luego buzos expertos en desminado puedan hacer su trabajo", dice Roberts, que destaca que los delfines son sacados del área antes de que comience ese procedimiento.
Mientras le tira pequeños pescados a Katrina, que agradece haciendo saltos y el "grito" de alegría típico de los delfines, Justin cuenta que los delfines de este reparto especial de la US Navy viven como niños malcriados. "Les damos de comer pescado de primera calidad, es decir, alimentos chequeados por veterinarios y especialmente traídos de Noruega, Canadá o del Estado de Washington", cuenta.
Las piletas en donde viven, por otra parte, tienen filtros varios, que hacen que el agua de mar esté hiperlimpia, sin arena o bacterias que puedan resultar dañinas. "Antes de traerlas a Umm Qasr hicimos varios tests del agua. Aunque está contaminada, pueden trabajar igual, pero lo importante es que esté limpio el hábitat en el cual viven", aclara.
Como las "chicas" acaban de llegar, sólo Makai y Tacoma, los "boys", han realizado misiones. ¿El resultado? "Por ahora salieron dos veces, y encontraron objetos artesanales, pero ninguna mina", contesta Frank, que de todos modos declara que está "muy satisfecho" por cómo se han portado los mamíferos.
Palomas y leones marinos
Makai, Tacoma, Katrina y Ten no son los únicos animales que se usan en esta guerra. Amén de las palomas que hemos visto en varios campamentos militares detrás de sendas jaulas para advertir de la presencia de gases químicos o agentes tóxicos, también hay leones marinos listos para entrar en acción. Están en Bahrein y su misión es proteger los barcos de guerra de eventuales atentados llevados a cabo por buzos o nadadores intrépidos.
"Si hay intrusos que se meten debajo del casco de una corbeta, o cerca de una orilla, un león marino entrenado puede llegar a correrlos más rápido que un ser humano, que luego será advertido del peligro y pasará a apresarlos", asegura Frank.
Justin, un rubio californiano que prácticamente convive con Katrina, no oculta su orgullo. "Para mí es como una hija", confiesa.
¿No se escapan los delfines cuando los largan en mar abierto? "No, siempre vuelven. Su vida es mucho más fácil con nosotros que en el mar salvaje, y nuestros delfines viven mucho más que los que están en mar abierto."
Entre un salto y otro, Frank invita a acariciar la trompa de la simpática Katrina. Causa cierta impresión. No por su piel muy lisa, brillante, gris y húmeda. Sino por lo penoso que resulta encontrarse con un delfín de guerra.
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