
Los horrores de estar atrapado en el fondo del mar
Cómo se vive en un sumergible averiado
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NUEVA YORK.- Aunque nadie sepa qué agonías les sobrevinieron a los tripulantes del submarino ruso Kursk, otros marineros que quedaron atrapados en las profundidades del mar describen con qué rapidez el aire puede volverse tóxico y cómo puede producirse un serio deterioro tanto físico como emocional.
La clásica imagen de los peligros de la guerra submarina provino de películas como " Das Boot " ("El Barco"), donde los hombres se agrupan en silencio para tratar de aguantar los ataques con torpedos y mantener vivas sus esperanzas.
Pero mientras los funcionarios rusos, cada vez con menos esperanzas, hablaban ayer de rescatar a los hombres a bordo del submarino Kursk, tanto rusos como norteamericanos que estuvieron a bordo de otros submarinos averiados, incluyendo algunos acorralados en conflictos de la Guerra Fría, afirmaron que dentro de las 24 horas posteriores los dolores de cabeza eran muy comunes ya que el aire comenzaba a viciarse. Y, después del segundo o tercer día, muchos hombres comenzaban a jadear y a boquear por la falta de aire y a sufrir tremendos dolores de cabeza por lo cual debían ser acostados en sus literas a medida que aumentaban los niveles del letal dióxido de carbono que empezaba a afectarlos.
"A la mañana del segundo día, algunos de nosotros nos sentíamos aturdidos", comentó Clifford A. Smith, que estuvo a bordo de un submarino de propulsión diesel que, en una misión de espionaje durante los años 50, debió pasar tres días sin renovar el aire y de ese modo pasar inadvertido ante la posible presencia de fuerzas soviéticas. Smith añadió que las condiciones eran probablemente muy similares a las del atascado Kursk, incapaz ya de renovar y generar su propio aire.
"Aunque bajamos la intensidad de las luces y diseminamos ciertas sustancias químicas especiales para que absorbieran lo más posible el dióxido de carbono -prosiguió Smith- la condición de la tripulación se volvió tan desesperada que el capitán del submarino se vio obligado a emerger, y de ese modo quedar expuesto al avistamiento de las fuerzas soviéticas, que le ordenaron que se alejara de sus costas".
Y en 1981, según expresan algunos ex tripulantes de submarinos, un marinero norteamericano debió ser tranquilizado con sedantes cuando el submarino espía en el que estaba encalló transitoriamente en un banco de arena del lecho del mar en aguas jurisdiccionales de lo que era en aquel momento la Unión Soviética.
No se sabe cuántos de los 118 miembros de la tripulación del Kursk sobrevivieron al accidente que lo hizo varar el sábado último en el fondo del mar, en tanto los comandantes navales rusos indicaron ayer que no sabían cuántos podían aún estar vivos, si es que realmente había alguno vivo.
Muchos especialistas internacionales piensan que, en caso de que en el submarino aún haya aire, éste quizá ya se haya vuelto tóxico, y que casi todos los que podrían haber sobrevivido a la explosión y posterior inundación, probablemente, hayan sido afectados por la acumulación de gases como el dióxido de carbono, que todos hubieron de exhalar.
Frío y humedad
Uno de esos especialistas, el contralmirante Georgi G. Kostov, instructor de la Academia Naval de Rusia, expresó ayer que era posible que algunos tripulantes aún estuvieran agrupados en la parte posterior del submarino.
Pero incluso al referirse a la situación en el mejor de los casos, el marino describió un medio ambiente cada vez más húmedo y asfixiante que pronto podría doblegar al marino más valiente y con mejor capacidad de adaptación.
El contralmirante afirmó que si algunos miembros de la tripulación todavía están vivos, estarán calados hasta los huesos de frío, ya que las casi congeladas aguas del mar de Barents indudablemente habrán convertido al submarino en una heladera gigantesca. Y añadió que "el sopor seguramente ha invadido a esos hombres, ya que seguramente entraron en un estado de somnolencia".
El contralmirante Kostov manifestó que los posibles sobrevivientes aún tendrían comida y lámparas. Y acaso pudieran prender algunas velas especiales que emanan oxígeno. Sin embargo, el oficial naval advirtió que "cada hora que pasa hay menos oxígeno".
No obstante, Kostov expresó que, debido a que casi todos los miembros de la tripulación son experimentados, "seguramente no han perdido la calma ni las esperanzas".
Traducción de Luis Hugo Pressenda



