Los nacionalistas presionan por una mayor autonomía en Galicia
Su apoyo es crucial para que pueda asumir el PSOE; piden un estatuto de nación
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MADRID.- El bloque nacionalista se convirtió ayer en un actor central de la futura agenda de una Galicia sin la derecha en el gobierno regional al reclamar, en las primeras horas del histórico cambio, "un estatuto propio de nación".
Apenas esbozado, el planteo remite a lo que sucede en el País Vasco y Cataluña, regiones en las que, en forma recurrente, se registran tensiones independentistas frente al concepto de España como Estado nacional.
El nacionalismo gallego también pidió al gobierno español el "pago de la deuda histórica con Galicia", a la que cifró en 21.000 millones de euros en obras de infraestructura, sanidad y educación.
"Si alguien (en Madrid) piensa que el cambio en Galicia le saldrá baratito, que se vaya sacando la idea de la cabeza", sentenció el nacionalista Anxo Quintana. "No es necesario que paguen los 21.000 millones de un día para otro. Con un plan basta", añadió.
En cuanto a un futuro estatuto que otorgue a Galicia identidad política como nación, el dirigente fijó sus reglas al sostener que "nadie crea tampoco que eso se podrá arreglar con una reformiña. Porque si de algo estamos convencidos es de que hay una «vía gallega» para la España plurinacional", dijo.
Su fuerza, el Bloque Nacionalista Gallego (BNG), es minoritario en la región. Pero sus bancas en el Parlamento lo convierten en la llave con la que el socialista Emilio Pérez Touriño espera alcanzar un acuerdo para desalojar del gobierno al derechista Partido Popular (PP), del veterano Manuel Fraga Iribarne.
La escalada del discurso nacionalista hizo que fuentes del Partido Socialista Gallego (PSG) -su muy posible socio en el poder- intentaran minimizarla con el argumento de que los diputados del PP obrarían de "parapeto" para frenarla, según citó la agencia Europa Press.
Tal lo ocurrido en las horas posteriores al escrutinio de los 125.000 votos de gallegos residentes en el exterior -la tercera parte de ellos en la Argentina- que, en un vuelco tan histórico como el protagonismo transoceánico, terminaron con casi 16 años de gobierno de derecha en Galicia. Y abrieron la puerta a una alianza de socialistas y nacionalistas.
El veredicto de las sacas postales confirmó lo que una semana antes habían dicho los comicios fronteras adentro. Esto es: la derecha resultó la fuerza más votada, pero un notorio avance del PSG y una distribución de bancas que le otorga la llave del gobierno si negocia con el BNG.
Así, el modelo gallego repetiría lo que ocurre en Cataluña, donde el socialismo llegó al poder asociado con los nacionalistas. O, incluso, en el gobierno nacional, donde el Partido Socialista Obrero Español (PSOE) de José Luis Rodríguez Zapatero abrió diálogo sobre tensiones autonómicas, con lo que dio un giro de 180 grados respecto de su predecesor de derecha.
De hecho, el otro dato político de la jornada fue la eliminación de la amenaza opositora de impugnar el escrutinio y, por tanto, su resultado.
"Mi partido no presentará ninguna clase de impugnación", dijo ayer el saliente Fraga Iribarne, quien, de ese modo, pareció fijar autoridad y línea de acción sobre otros dirigentes partidarios que amenazaban con una catarata de recursos ante la Justicia.
"No tiene ningún sentido impugnar", explicó Fraga, en tácita referencia a que ni aun el caudal de 15.000 sobres invalidados por la junta electoral le bastarían para obtener la banca que necesitaba para lograr mayoría absoluta y un nuevo gobierno luego de haber ejercido cuatro períodos consecutivos.
Hasta ayer, sin embargo, Fraga fue el único popular que, explícitamente, había aceptado la derrota. Desde el líder nacional, Mariano Rajoy, para abajo, lo demás fueron protestas.
En la vereda de enfrente, el probable futuro presidente regional optó por un perfil cauto. "Sí, creo que un poco sí", apenas se atrevió Emilio Pérez Touriño cuando se le preguntó si se consideraba ya cabeza del nuevo gobierno gallego.
El hombre al que posiblemente toque trasladar a Galicia el "cambio tranquilo" que pregona Rodríguez Zapatero inició ayer, con los nacionalistas, las negociaciones abiertas para formar gobierno.



