Los triunviratos latinoamericanos
Del latín trias proviene "trío". Del latín vir , "varón". De ahí que los romanos llamaran triumviratus , "triunvirato", a la magistratura compuesta por tres varones (hoy, incluyendo a las mujeres, diríamos "tres personas"), dándole el nombre de triumvir , "triunviro", a cada uno de ellos. En Roma, los triunviros ejercían sus cargos "simultáneamente".
También en América latina actúan triunviros, pero no ya simultáneos sino "sucesivos". Esta visión resulta de observar las elecciones presidenciales que está atravesando el Perú, pero podría proyectarse a otros países latinoamericanos, entre ellos la Argentina.
García, Fujimori, Toledo
Las elecciones presidenciales peruanas del 8 de este mes dejaron dos candidatos en pie para la segunda vuelta, que tendrá lugar a fines de mayo: Alan García y Alejandro Toledo.
Presidente de 1985 a 1990 y con posibilidades de volver ahora, Alan García representa una de las corrientes más poderosas de nuestra región: el "populismo". El populismo se basa sobre el mito popular de que la meta de trabajo y bienestar que todos anhelamos se puede alcanzar directamente, a fuerza de voluntad, sin el largo rodeo de la racionalidad económica. El populismo es un voluntarismo: si la voluntad del caudillo y de las masas que lo siguen es suficientemente vigorosa, supone, la prosperidad del pueblo está a la vuelta de la esquina.
Pero el populismo, atractivo en el momento de las promesas, lleva a la catástrofe económica desde el gobierno. Surge entonces su contrario, el "economicismo" de los tecnócratas. Nunca el economicismo es más popular que cuando viene a remontar la catástrofe populista.
Por eso Alberto Fujimori sucedió a García en 1990, sacando al Perú de la hiperinflación. Pero el economicismo lleva adentro, con la arrogancia de los tecnócratas, una veta autoritaria; como elimina los controles, además, se expone a un alto grado de corrupción. Así, en medio de la desmesura del poder que compartió con el monje negro Vladimiro Montesinos, Fujimori terminó en el mismo destino que García había conocido: el exilio.
Cuando un país ha pasado del populismo al economicismo, cada uno con sus propios excesos, llega un intento de síntesis: salvaguardar la libertad que vulneró el economicismo y tratar de no recaer en las recetas ilusorias del populismo a través de un camino intermedio. En el Perú, el líder "intermedio" tiene un nombre: Alejandro Toledo.
Alfonsín, Menem, De la Rúa
García, Fujimori y Toledo son los triunviros "sucesivos" del Perú. Habiendo expulsado al segundo, los peruanos deberán escoger en mayo entre el regreso del primero y la inauguración del tercero. La historia argentina reciente también contiene un sesgo triunviral. Habiendo despreciado desde siempre a los economicistas, Alfonsín desembocó en la hiperinflación en 1989, el mismo año en que García se ahogaba en ella. Menem derrotó la hiperinflación igual que Fujimori y pudo evitar apenas sus excesos autoritarios sin aventar, empero, las sospechas de corrupción que todavía hoy lo apremian. "Intermedio" como Toledo, De la Rúa aún procura encontrar la diagonal entre el populismo y el economicismo.
¿Por qué se repite esta historia triangular? Porque el populismo, el economicismo y la "intermediación" expresan tres ideales latinoamericanos. El primero, la erradicación de la pobreza; el segundo, el desarrollo económico y, el tercero, la civilización política. Pero la falla de cada uno de ellos ha resultado de su carácter unilateral. Si García gana en mayo, volverá al descontrol a menos que sume esta vez un alto índice de racionalidad económica. Si gana Toledo, vacilará en medio de las indefiniciones como le ocurrió a De la Rúa con Machinea a menos que encuentre una adecuada estrategia económica.
Quizá la alianza entre De la Rúa y Cavallo, de un intermedio y de un economicista vuelto político, muestre una salida a las inexactitudes latinoamericanas. Quizá sea verdad, después de todo, que si la economía es demasiado importante para dejarla exclusivamente en manos de los economicistas, sin el concurso de éstos tampoco es posible alcanzar el desarrollo económico con equidad social que los latinoamericanos andan buscando.


