
Los tuaregs ya no andan en caravana
La célebre tribu del desierto ha debido echar raíces y dedicarse a la horticultura
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TIMIA, Níger.- Mientras sus ojos reflejaban una súbita alegría detrás del resquicio de su turbante azul, Iliass Zakaria recordaba días no tan lejanos en los que solía guiar durante meses tropillas de camellos en caravana de un lado al otro del desierto del Sahara.
"En ese entonces éramos libres", señaló Zakaria, que tenía 10 años cuando se unió por primera vez a una caravana y ahora pasa los 40.
"Acampábamos donde nos sorprendía la noche, siempre estábamos entre amigos y no había ninguna esposa que causara molestias", recuerda.
Han pasado ya ocho años desde que Zakaria cambió las estrellas y los camellos por la horticultura.
Su cambio de vida llama más la atención porque forma parte de la tribu tuareg, una tribu famosa por llevar una vida nómada y sin fronteras en tierra de nadie entre el Africa negra al sur del Sahara y el Africa árabe.
Muy atareado con su diaria actividad de aguatero en esta localidad, semejante a un oasis en el oeste africano, y atendiendo sus plantaciones de naranja, pomelo, granada, dátiles... y sus cultivos de maíz, Zakaria ni siquiera ha salido de Timia en los últimos ocho años.
"Desde que dejé de andar en caravana, siento que no estoy en ningún lado", afirma sentado en el patio de su casa de adobe, acompañado por uno de sus hijos. "Estoy muy ocupado como quintero. Dejé de ser nómada", añade.
Los días de andar y andar por el desierto son cada vez menos para esta tribu. En los últimos veinte años, los cambios políticos y ambientales en Africa obligaron a muchos tuaregs y a otros grupos nómadas a establecerse en la franja desértica que va desde Mauritania hasta el Chad.
La rebelión de los tuaregs
En Mali y Níger, durante la primera mitad de la década del 90, tanto los tuaregs como otros grupos minoritarios nómadas armaron rebeliones debido a las dificultades que provocaban las variaciones que experimentaba su modo de vida.
Níger, un país mediterráneo que dobla en superficie a Francia, que anteriormente ejerció allí su dominio colonial, todavía lidia con los problemas relacionados con la reintegración de sus tribus nómadas.
De los 5500 ex rebeldes, 2000 fueron incorporados a las filas militares, la policía, la aduana y otras ramas del gobierno. Un lustro después de concluida la rebelión allí, las necesidades de 3500 ex combatientes aún no fueron satisfechas, aunque, teóricamente, ya no están armados.
"La voluntad existe, pero hasta ahora no hemos contado con los recursos para consolidar la paz", sostiene en Niamey, la capital del país, Mohammed Anacko, un ex líder rebelde tuareg que actualmente es ministro de Reconciliación Nacional.
La agitación política debilitó a Níger en el último lustro, pero un gobierno civil elegido en las urnas trajo relativa estabilidad desde el año pasado.
El cambio en el estilo de vida de los tuaregs puede observarse aquí, en Timia, una de las más extensas localidades en la cadena de áridas montañas del Norte conocida como el "macizo aéreo" y lugar de concentración de esa tribu. Fundada a principios del siglo XX alrededor de un oasis, Timia fue una posta para los tuaregs, según explicó el jefe de la localidad, Mohammed Rabda. A través de las décadas, el poblado creció a medida que los tuaregs se volvían menos nómadas, y hoy viven allí unos 6000.
Desde hace mucho tiempo, los tuaregs, un pueblo berberisco y de piel clara, cautivaron la imaginación de los europeos con su dominio de una de las regiones más inhóspitas del mundo y su implacable sentido de la independencia. Los franceses les dieron un carácter romántico y los definieron como "los hombres de azul" o los "grandes señores azules del desierto", por sus túnicas y turbantes de ese color.
Durante el siglo XX, los cambios fueron consumiendo su tradicional estilo de vida. Los automóviles y los camiones volvieron menos importante su principal ocupación como guías de caravanas; los tuaregs, que durante mucho tiempo tuvieron esclavos de raza negra, sintieron las presiones y debieron abandonar esa fuente de ingresos.
La expansión del Sahara
Sin embargo, acaso hayan sido las grandes sequías de los años 70 y 80 lo que golpeó más fuerte a los tuaregs. Un Sahara en expansión redujo los alimentos disponibles para sus animales y durante la sequía de 1984 los tuaregs perdieron la mayoría de sus camellos.
"Allí fue cuando la gente se dio cuenta de que aquellos que también se dedicaban a la horticultura habían sufrido menos", indica Ousmane Goda, de 54 años, un maestro jubilado que vive en Timia. "La gente -agrega- comprobó que la tierra provee recursos y que debía cultivarla."
El número de quintas aumentó a 150 sólo en Timia, y mucha gente nómada comenzó a establecerse en aldeas del "macizo aéreo" para dedicarse a la siembra y los cultivos.
Pero las sequías y sus penurias agitaron una rebelión en Níger y en Malí. Muchos tuaregs pensaban que eran discriminados en las capitales de esos países, donde los funcionarios a cargo eran africanos de raza negra y, en gran medida, hacían caso omiso de la difícil situación por la que pasaban.
La rebelión concluyó hacia mediados de los años 90 con promesas para mejorar la condición de los tuaregs y con la distribución de cargos en el gobierno entre los líderes rebeldes.
Una decena de jóvenes oriundos de Timia fue incorporada a diversas dependencias del gobierno. Pero muchos más todavía están sin trabajo y en Timia las condiciones de vida deben mejorar.
Mientras tanto, aunque cultivar la tierra les resulta a los tuaregs más lucrativo que las caravanas, a veces los invade la nostalgia.
"Era mejor para mí andar en caravana y traer cosas para la familia", afirma Iliass Zakaria, un ex guía, mientras suspira ensimismado. "Además, conozco tanto esa vida. A menudo me detengo a pensar en esa vida. Incluso sueño con ella".
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