Malta: una isla en la que la prosperidad y la corrupción parecen ir de la mano

La capital maltesa, La Valletta, es considerada patrimonio de la humanidad por la Unesco
La capital maltesa, La Valletta, es considerada patrimonio de la humanidad por la Unesco Fuente: LA NACION - Crédito: NYT
El asesinato, en 2017, de Caruana Galizia, una periodista que destapó varios escándalos cercanos al poder, puso en la mira a este pequeño Estado mediterráneo, sospechado de blanquear dinero turbio
Ricard González
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29 de mayo de 2018  

LA VALLETTA.- A pocos metros de la entrada de la cocatedral de San Juan, una familia de turistas se detiene frente a una estatua adornada con velas y fotografías en blanco y negro de una mujer de mirada franca. Leen los mensajes escritos en el monumento con gesto confuso. Su perplejidad es lógica. El asesinato de periodistas incómodos, como la maltesa Daphne Caruana Galizia, es algo que suele suceder en dictaduras tercermundistas o Estados corroídos por el narcotráfico, no en Europa occidental. El pasado octubre, hubo una dolorosa excepción en esta pequeña isla mediterránea situada a unos 100 kilómetros de Sicilia. Un potente artefacto colocado debajo de su vehículo provocó la muerte instantánea de Caruana Galizia, que había destapado varios importantes casos de corrupción.

En diciembre, se inició el juicio contra los tres sospechosos de cometer el asesinato. Se trata de los hermanos George y Alfred DiGiorgio, y Vincent Muscat, tres matones del mundo del hampa maltés. Gracias a la colaboración del FBI, se ha podido identificar incluso el mensaje de móvil con el que se hizo detonar el explosivo: "·rel1=on". En Malta, nadie duda de que ellos cometieron el atentado, pero pocos creen que lo hicieran por iniciativa propia. "¿Quién mató a Daphne?". La pregunta resuena aún con fuerza, escrito sobre el monumento, siete meses después de la creación de este homenaje ciudadano a la valiente reportera, situado justo en frente del Palacio de Justicia.

Fuente: LA NACION

Entre los escándalos que Caruana Galizia destapó figura la posesión de compañías secretas en Panamá con oscuros negocios por parte de personas muy cercanas al primer ministro maltés, Joseph Muscat. Entre ellas, su esposa, Michelle; Keith Schembri, su jefe de gabinete, y Konrad Mizzi, ministro de Turismo. A pesar de la solidez de las pruebas en su contra, que sugieren el blanqueo de dinero, ninguno ha dimitido ni ha sido cesado. Todos estos casos derivan de la información filtrada por los Panamá Papers.

La intrépida reportera tenía una larga lista de enemigos que no se limita al actual gobierno del Partido Laborista, en el poder desde 2013, y que incluye también a la mafia que se dedica al contrabando de petróleo extraído ilegalmente de Libia. El crudo es "blanqueado" en las costas maltesas gracias a la colaboración de funcionarios públicos. "En Malta siempre ha habido un cierto nivel de corrupción, pero en los últimos años se ha disparado... Este gobierno se ha rodeado de personajes muy turbios", denuncia Mark Micallef, ex jefe de redacción del prestigioso diario Times of Malta.

Hace aproximadamente un año, y cuando buena parte de estos escándalos eran ya conocidos por la opinión pública, Muscat convocó elecciones anticipadas. Sin embargo, en lugar de sufrir un voto de castigo, obtuvo la victoria más amplia en la historia del país, independiente desde 1964. "Muscat es el mejor primer ministro. Gracias a él, hemos conseguido un gran nivel de prosperidad", comenta Giulia, una conductora de colectivo de mediana edad que nunca anda por las calles de La Valletta sin contar con su Biblia al lado del volante.

La buena marcha de la economía es la mayor baza de Muscat, un político de ideología socioliberal, al estilo Tony Blair. En 2017, Malta registró un crecimiento del PBI de casi el 6%, más del doble de la media del resto de países de la Unión Europea, y goza de una situación de pleno empleo. El superávit de las arcas públicas incluso le ha permitido aumentar el gasto social. Ahora bien, su modelo de desarrollo es de dudosa moralidad. Se ha convertido en centro mundial de las apuestas online y ha atraído una ingente inversión extranjera gracias a la concesión de la nacionalidad maltesa a cambio de inversiones por valor de un millón de euros, una ocasión aprovechada por fortunas de oscura procedencia. Además, las compañías extranjeras apenas pagan impuestos. Por eso, algunos la acusan de ser un paraíso fiscal.

"Me preocupa la degradación moral de la isla... los malteses están demostrando un alto grado de tolerancia hacia la corrupción", comenta Micallef. A diferencia del sur de Italia, la corrupción no constriñe el crecimiento del tejido productivo y lo empobrece. En lugar de arrebatar recursos internos, se convierte en depósito de fondos provenientes del exterior. Como este orden de cosas beneficia a una sociedad formada por poco más de 400.000 ciudadanos, la mayoría prefiere mirar para otro lado ante los escándalos.

Quizá por esta razón, y por la mentalidad clánica de los malteses, Caruana Galizia es una figura polarizadora en su propio país. "Tenía una lengua muy sucia. Incluso utilizaba a las familias de sus enemigos para atacarlos", espeta Mario, un militante laborista que se ha reunido con sus compañeros para desayunar en el bar del partido. Este desdentado anciano confía aún en la honestidad de Muscat y su entorno. El juicio sobre la inquisitiva reportera es todo un test para las instituciones de la isla. De momento, la UE mira de reojo, atribulada por otras crisis más acuciantes.

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