Manual de instrucciones para atender al Papa

Beppe Severgnini
(0)
25 de agosto de 2013  

MILÁN.- "Hola, ¿quién habla?" " Soy el papa Francisco , nos podemos tutear." Stefano Cabizza, un estudiante de ingeniería de 19 años de la ciudad de Padua, se quedó mudo al contestar, la semana pasada, y no era para menos. Había dejado una carta en Castel Gandolfo, y nunca imaginó que le fueran a responder. Debo decir que me gusta esta idea del Papa de llamar por teléfono a perfectos desconocidos. Y si no los encuentra, vuelve a llamar. Pero si me pongo en el lugar de estas personas, me pregunto: ¿qué se le dice al Papa por teléfono?

Para empezar, si suena el teléfono y es el Papa , sea usted mismo. Escuche antes de hablar, pregunte cómo anda Benedicto y si la conversación deriva en temas de animales, evite hablar de los "cuervos".

Uno está revolviendo la ensalada y con el aceite en una mano y el tubo del teléfono en la otra, debe encontrar las palabras para conversar con el vicario de Cristo. Nada fácil. Pero el vicario en cuestión es amable y ocurrente y, con un poco de ingenio, es posible salir bien del paso. Éstas son, entonces, algunas de las breves instrucciones telefónicas pontificias.

  • El papa Bergoglio debe de ser una de las únicas personas que sigue llamando al número fijo, así que si suena el teléfono de la casa, prepárese.
  • Por más que el Papa le proponga tutearse, agradézcaselo, pero manténgase en el clásico "usted". Evite excederse, para un lado o para el otro. Llamarlo "Fran" o "Pancho" es desubicado, exclamar "¡Santidad!" es previsible, y dejarse llevar por apelativos fantasiosos o académicos -"Sumo", "Megagaláctico"- es grotesco.
  • Antes de hablar, escuche. No proponga temas. Si la conversación deriva hacia la Argentina, pregúntele cómo se comportaron sus compatriotas de la selección de fútbol cuando lo visitaron. (Caóticamente: la delegación era tres veces más numerosa de lo permitido.) Y ya que está, pregúntele con tacto a Francisco qué piensa de Ezequiel Lavezzi sentado en el trono pontificio.
  • No tenga miedo de ser normal: la liviandad es un don. Si el papa Francisco hubiese querido aburrirse, habría llamado a un ministro.
  • No le hable de los recientes problemas del Vaticano: no son culpa suya y, por cierto, ya ocupan gran parte de su cabeza. Si el diálogo deriva hacia el tema de los animales, está terminantemente prohibido mencionar a los "cuervos".
  • Como decíamos, Francisco tiene sentido del humor. Dígale que eso es bueno, porque la ironía es hermana de la misericordia, ya que permite sonreír y perdonar las imperfecciones del mundo.
  • No pregunte ni pida nada: el Papa es un hombre importante, pero no es un asesor. Si lo que usted busca son consejos o permisos, el Pontífice se arrepentirá de haber llamado.
  • No sea usted quien cierre la conversación. Deje que sea él quien decida cuándo retirarse. Si su mamá, su mujer o su marido gritan desde la cocina: "¡Cortá de una vez ese teléfono!", ignórelos. Y después, mientras sirve el vino, diga como al pasar: "Les manda saludos el sucesor de Pedro. ¿Qué hay de rico para comer?".
  • Traducción de Jaime Arrambide

    ADEMÁS

    MÁS leídas ahora

    ENVÍA TU COMENTARIO

    Ver legales

    Los comentarios publicados son de exclusiva responsabilidad de sus autores y las consecuencias derivadas de ellos pueden ser pasibles de sanciones legales. Aquel usuario que incluya en sus mensajes algún comentario violatorio del reglamento será eliminado e inhabilitado para volver a comentar. Enviar un comentario implica la aceptación del Reglamento.

    Para poder comentar tenés que ingresar con tu usuario de LA NACION.

    Descargá la aplicación de LA NACION. Es rápida y liviana.