
México: dividido, el PRI no se resigna a perder protagonismo
Su candidato, Madrazo, enfrenta denuncias
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CIUDAD DE MEXICO.- Roberto Madrazo sonríe, eleva sus pulgares al cielo y vaticina: "¡Vamos a ganar!". Su pronóstico, que repite en cada acto de campaña, habría sido certero hace unos años. Ya no.
Ser hoy el candidato presidencial del legendario Partido Revolucionario Institucional (PRI) es casi un resabio del pasado. Su augurio sólo se hará realidad si el domingo ocurre un milagro político o un fraude escandaloso.
El más poderoso partido político en la historia de México y quizá de América latina, que gobernó por más de 70 años y que con "el dedazo" de cada presidente elegía a su sucesor en la residencia Los Pinos, cerrará hoy su campaña electoral en mala forma. Más de 2000 cuadros del PRI se pasaron a los partidos rivales en los últimos meses, su dirigencia se muestra dividida y los votantes le perdieron el respeto.
"El PRI es un camaleón ideológico", dice uno de los analistas políticos e historiadores más respetados del país, Enrique Krauze, que cree que la elección será determinante para el futuro del partido. "Si pierden la presidencia otra vez, podría ser un golpe terminal", afirma.
Madrazo parece ajeno al riesgo latente. Abraza a la gente y sonríe siempre. En realidad, su objetivo real es hacer una elección "digna", dicen a LA NACION desde el propio partido, peleando por el segundo puesto, lo que reforzará su poder en el Congreso.
"Cualquiera que gane la presidencia el 2 de julio deberá hacer las paces con el PRI si espera tener una chance de gobernar", alertó Eurasia Group, una consultora de riesgos políticos.
"Es muy probable que el PRI retenga su posición como el principal partido en el Senado y sea una de las dos agrupaciones más grandes en la Cámara baja", explicaron sus analistas, entre ellos el argentino Daniel Kerner.
Poderío en el interior
El "partido de los dinosaurios", como muchos lo definen aquí, apuesta a lograrlo, apoyado en un aparato político formidable en el interior del país, donde la renovación aún no llegó y la vieja guardia mantiene su poderío.
Más de 1,3 millones de punteros políticos -o "paleros"- se movilizarán el domingo, según confirmó el propio Madrazo. Paradójicamente, él afirma encarnar el cambio, golpeando al candidato oficialista Felipe Calderón, al que acusa de ser la cara visible del nuevo statu quo que representaría el Partido de Acción Nacional (PAN), de Vicente Fox. Y ataca a Andrés Manuel López Obrador, que marcha primero en las encuestas por el Partido de la Revolución Democrática (PRD), al que le endilga repetir las "viejas prácticas" prebendarias que eran marca registrada del PRI.
Cuando hoy cierre su campaña en el Distrito Federal, Madrazo, de 53 años y voz rasposa, habrá terminado una carrera frenética que lo tuvo como protagonista y que lo vio detenerse en las grandes ciudades y en pueblos olvidados. El PRI "aprendió a fondo la lección de la derrota", clamó en la Explanada de los Héroes de Monterrey. "Aprendimos a ser diferentes, a ser humildes y a trabajar por la gente, volvimos a abanderar las luchas, anhelos, causas, reclamos, los sueños de la gente", dijo.
Delgado, de bigotes y siempre de camisa roja o blanca -colores del PRI, que forman parte también de la bandera mexicana-, Madrazo promete lo que todos quieren: más empleos, más seguridad, menos pobreza y menos corrupción. "Les pido el voto para limpiar al gobierno de pretextos, corrupción y de ineficacia", afirma.
Ese es su punto débil personal. O al menos eso es lo que afirman una y otra vez los spots publicitarios del PRD y del PAN, que destacan las inversiones varias veces millonarias, y presuntamente injustificables, de sus familiares.
Hasta hace una década eso no hubiera sido obstáculo para llegar a la cima. El apoyo del PRI era suficiente. El mismo encarna el ejemplo: en 1994 venció a López Obrador en la elección por la gobernación de Tabasco, de donde ambos provienen, en unas elecciones fraudulentas, coinciden hoy políticos y analistas.
Pero en el México post-Fox, el mensaje que llegó a los votantes fue el peor posible. "El PRI eligió una figura altamente problemática. Madrazo está vinculado al oscuro pasado de manipulación, corrupción y desinformación", dice Krauze. Pero el mayor escollo de Madrazo quizá provenga de su propio partido. "Madrazo destruye a sus enemigos", dice Federico Berruelo, un encuestador que trabajó para el último presidente priista, Ernesto Zedillo. Su gran rival dentro del PRI es la jefa del poderoso gremio docente, Elba Esther Gordillo, quien retiró su apoyo hace meses, lo tildó de "serpiente" y espera su derrota para tomar el poder partidario. Repite un latiguillo demoledor, ante cada frase o promesa del candidato: "¿Le crees a Madrazo? Yo tampoco".





