Michel Temer: el ascenso al poder, tras años a la sombra de Dilma Rousseff

Temer es el nuevo presidente de Brasil, luego de romper con su ex aliada
Temer es el nuevo presidente de Brasil, luego de romper con su ex aliada Fuente: EFE
El compañero de fórmula de la ex mandataria consumó su venganza política en una extraña alianza de Gobierno durante cinco años y medio
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31 de agosto de 2016  • 17:03

BRASILIA (dpa).- Al nuevo presidente de Brasil casi no se lo vio en público en las horas previas a su gran triunfo político. Discreto y calculador a los ojos de sus adversarios, Michel Temer no pudo evitar, eso sí, fotografiarse haciendo la señal de la victoria durante una recepción con atletas olímpicos poco antes de la destitución de su predecesora, Dilma Rousseff.

Con su ascenso definitivo a la presidencia, el hasta ahora vicepresidente y jefe de Estado interino Temer consumó su venganza política sobre la que fuera su aliada en una extraña alianza de Gobierno durante cinco años y medio.

La caída de Rousseff, destituida hoy con una clara mayoría por el Senado tras su suspensión en mayo, está ligada al descalabro económico y a los escándalos de corrupción en el país más grande de América Latina, pero también estuvo impulsada durante meses por varias intrigas personales entre bastidores.

La más simbólica de ellas la que mantuvieron la presidenta de izquierdas y su antiguo escudero, un abogado católico de 75 años vinculado a las élites conservadoras brasileñas. Temer se quedará en el poder hasta finales de 2018, ocupando el mandato para el que Rousseff fue reelecta en 2014, pese a estar rodeado de sospechas de corrupción.

Visto por los mercados con buenos ojos por el "Gobierno de salvación" y la política económica liberal con los que espera sacar a Brasil de la crisis, el nuevo presidente hace frente en cambio a fuertes reticencias por parte de activistas sociales e intelectuales.

Sus planes económicos hacen suponer recortes en los programas sociales que impulsó durante los últimos 13 años el Partido de los Trabajadores (PT) de Rousseff y del ex presidente Luiz Inácio Lula da Silva.

Temer tiene previsto para esta misma semana su estreno internacional durante la cumbre del G20 en China, después del desenlace de su pugna personal con Rousseff. Fue la ruptura entre ambos en marzo la que le dio la estocada decisiva a la primera presidenta mujer de Brasil.

"Pasé los primeros cuatro años como un 'vice' decorativo", se quejaba Temer con la mandataria en una carta de "desahogo" personal fechada en diciembre de 2015 que anticipaba ya la tormenta política.

En la misiva, el líder del centroderechista Partido del Movimiento Democrático Brasileño (PMDB) criticaba la "desconfianza y menosprecio" de Rousseff.

"Éramos meros accesorios", protestaba también el político, calificado en una ocasión como el "mayordomo de una película de terror" por un adversario debido a su talante elegante e impoluto, y parco e indescifrable a la vez. Temer está casado con una ex reina de belleza 42 años más joven que él, que ha sido descrita en medios conservadores como "recatada y hogareña", una descripción que para muchos parecía criticar implícitamente lo que encarna Rousseff.

Llegada al poder

Temer llegó al poder en gran parte gracias a las redes tejidas a la sombra a lo largo de más de tres décadas de vida política, primero en la metrópoli financiera Sao Paulo y luego en Brasilia. El político con raíces libanesas ejerció a partir de 1987 seis mandatos consecutivos como diputado federal y presidió la Cámara baja en tres legislaturas.

Fue en el Legislativo donde Temer empezó a urdir las redes de poder que hicieron que su partido dirija hoy la Cámara de Diputados y el Senado, aun cuando el PMDB no presenta un candidato propio a la presidencia desde 1994.

El nuevo jefe de Estado es impopular en las calles. Sus detractores protestan a menudo con la consigna "Fora Temer" ("Fuera Temer") y él mismo sabe que sobre su mandato, extendido hasta las elecciones de 2018, pesa el lastre de no haber salido de las urnas. En julio, dos meses después de iniciada su presidencia interina, una encuesta le daba sólo el 14 por ciento de aprobación a su Gobierno.

Y a diferencia de Rousseff, nunca implicada personalmente en las acusaciones de corrupción contra su partido, el nombre de Temer sí ha sido mencionado en relación con tramas corruptas, hasta ahora sin consecuencias.

Ya el arranque del Ejecutivo interino fue complicado. Temer recibió en mayo duras críticas por formar un gabinete compuesto únicamente por hombres blancos, que parecía encarnar a la perfección a las viejas élites de poder en un país donde el 50 por ciento de la población es mestiza.

En las próximas semanas, Temer necesitará sacar a relucir el talento para conciliar posiciones antagónicas que le atribuyen sus seguidores para poder gobernar.

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