
Mientras Trump presiona a Cuba, planea enviar deportados cubanos a Uruguay
Washington negocia con Montevideo la recepción de migrantes expulsados, en un acuerdo que permitiría reunir familias y ofrecerles mejores condiciones de integración
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WASHINGTON.– Como parte de su campaña antiinmigrante, la administración Trump ha deportado a miles de cubanos, enviando a algunos a México e incluso a países africanos, y a otros de regreso a Cuba.
Ahora, funcionarios estadounidenses están cerca de asegurar un nuevo destino: Uruguay, el segundo país más pequeño de América del Sur, que ya cuenta con una población relativamente grande de inmigrantes de Cuba.
El Departamento de Estado, bajo la dirección de Marco Rubio, hijo de inmigrantes cubanos, ha estado discutiendo la propuesta con el Ministerio de Relaciones Exteriores de Uruguay durante meses, según funcionarios de ambos países.
Uruguay entró en las negociaciones en parte porque necesita trabajadores inmigrantes y en parte para ganarse el favor de la administración Trump, dijo un alto funcionario uruguayo. Pero mientras Estados Unidos busca países que reciban cubanos, también está empeorando las circunstancias que obligaron a muchos cubanos a huir de su país.

En los últimos meses, la campaña de presión económica del gobierno de Trump ha bloqueado los envíos de petróleo a la isla caribeña, que ya estaba devastada por años de sanciones estadounidenses y el mal gobierno de sus líderes autoritarios.
Rubio dijo la semana pasada que Estados Unidos tenía muchas preocupaciones sobre Cuba, que está a 145 kilómetros de Florida, incluyendo “la amenaza de una migración masiva”. Ese es “siempre un riesgo que se corre cuando los países están tan profundamente desestabilizados como Cuba”.
En Uruguay, el gobierno busca regularizar la situación de los migrantes cubanos para que puedan encontrar oportunidades laborales y acceder a servicios sociales. Muchos solicitan asilo inicialmente. Algunos funcionarios estadounidenses creen que esto podría ayudar a garantizar que los deportados no intenten regresar a Estados Unidos, al tiempo que les permite vivir fuera de Cuba.
Algunos cubanos en Estados Unidos podrían tener familiares en Uruguay, y los gobiernos están discutiendo la posibilidad de reunir a las familias, dijo un funcionario del Ministerio de Relaciones Exteriores de Uruguay.
El gobierno cubano a menudo se ha negado a recibir de vuelta a los ciudadanos deportados de Estados Unidos, pero accedió a recibir varios vuelos este año.
La administración Trump envió a 6000 cubanos a México, donde muchos tienen dificultades para encontrar trabajo. También ha enviado migrantes cubanos a África, incluyendo Eswatini, antes conocido como Suazilandia, y Sudán del Sur, devastado por la guerra, donde los migrantes han permanecido en centros de detención.
Acuerdos migratorios
Los gobiernos de América del Sur se han mostrado reacios a aceptar a los deportados. Sin embargo, Paraguay firmó un acuerdo con el Departamento de Estado el año pasado y ha recibido vuelos de deportados de diversas nacionalidades. Ecuador también firmó un acuerdo el año pasado, y entre los deportados enviados allí se encuentran cubanos.
Uruguay, una nación de 3,4 millones de habitantes, ha mantenido durante mucho tiempo una política migratoria relativamente abierta. “Tenemos la tradición de recibir a personas que vienen de otros países”, declaró Carlos Negro, ministro del Interior del país. Uruguay, añadió, “nació como un país de inmigrantes”. La mayoría de los uruguayos descienden de colonos e inmigrantes de España e Italia.
Si bien los grupos defensores de los derechos de los migrantes han criticado la política de deportación de Trump, algunos han afirmado que, para los deportados cubanos, terminar en Uruguay sería mejor que ser enviados a muchos otros países. En marzo, Leydis Aguilera, quien emigró a Uruguay desde Cuba hace 16 años, se convirtió en miembro del Parlamento Nacional. Ha descrito la cálida bienvenida que recibió en Uruguay y cómo finalmente encontró allí oportunidades de educación y empleo.
Uruguay necesita ampliar su fuerza laboral para compensar su población pequeña y envejecida. La opinión pública sigue siendo mayoritariamente favorable a la inmigración, y las deportaciones son poco frecuentes. Incluso a quienes ingresan sin visa a menudo se les permite permanecer legalmente. El año pasado, Uruguay recibió a casi 24.000 solicitantes de asilo provenientes de Cuba, según estadísticas de las Naciones Unidas.
Durante gran parte de la Guerra Fría, Estados Unidos recibió a personas de la Cuba comunista y les ofreció una vía rápida hacia la residencia permanente y la ciudadanía. La Ley de Ajuste Cubano de 1966 impuso esta política tanto a administraciones demócratas como republicanas.

Sin embargo, a partir de la administración Clinton, los funcionarios estadounidenses buscaron maneras de eludir o debilitar los requisitos de la ley para intentar evitar la afluencia masiva de migrantes. Trump aceleró este proceso. Su administración bloqueó varias vías para que los cubanos obtuvieran la residencia permanente y la ciudadanía.
Esto pone en riesgo de deportación a 600.000 cubanos, según María José Espinosa, directora ejecutiva del Centro para el Compromiso y la Defensa en las Américas, que analiza datos de deportación.
Yael Schacher, directora para las Américas y Europa de Refugees International, afirmó que todos los planes de deportación eran “malas opciones”, especialmente aquellos dirigidos a personas que han vivido en Estados Unidos durante mucho tiempo. Aun así, señaló que un país latinoamericano “con un sistema de asilo que funcione bien y sea seguro es la opción menos mala”.
A pesar de la relativa tolerancia de Uruguay, los migrantes a menudo enfrentan dificultades. Uruguay es caro en comparación con otros países sudamericanos. Muchos cubanos viven inicialmente en pensiones mientras trabajan como repartidores o conductores de Uber, cuidadores y guardias de seguridad.
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