Montesinos prometió una hecatombe

Advirtió que tiene 30.000 videos que comprometen a empresarios, políticos y figuras internacionales; acusó a Fujimori
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28 de junio de 2001  

LIMA.- "Esto va a ser una hecatombe. Yo tengo grabados videos desde el 90. Están en Lima y son cerca de treinta mil."

Con esas palabras, dichas a los policías que lo vigilan las 24 horas en la carceleta subterránea del Palacio de Justicia, Vladimiro Montesinos, ex asesor presidencial del destituido presidente Alberto Fujimori, dejó en claro que él, pese a estar tras las rejas, aún tiene varias cartas fuertes para jugar. Y los estrenos de los "vladivideos" podrían cambiar la suerte de muchos jugadores de peso.

"Tengo videos en los que aparecen empresarios, diplomáticos, norteamericanos, rusos, europeos, que si los saco se producirá una crisis internacional", agregó, según fuentes del Palacio de Justicia, en declaraciones a sus guardianes que ayer fueron reproducidas por toda la prensa local.

"No voy a revelar dónde se encuentran los videos. Ellos son mi seguro de vida.Voy a mostrar los que me interesen, los que sean necesarios y me convengan para negociar la libertad de mi familia", habría asegurado anteanoche el ex hombre fuerte del régimen, que no dudó en apuntar los dardos sobre su antiguo protector, el ex presidente Fujimori y su familia.

Por un lado, acusó a la hija del ex mandatario, Keiko Sofía Fujimori, de haber entregado a la oposición el primer "vladivideo" que generó el escándalo de corrupción que hizo caer al régimen. Además, según el diario La República, Montesinos declaró que "el mismo Fujimori" le ordenó grabar todas las actividades que se realizaban en el Servicio de Inteligencia Nacional para que quedara registro de todo lo que pasaba allí. "El (Fujimori) estaba enterado de todo", habría afirmado Montesinos, cuya estrategia se podría definir, en sus propias palabras, como de "encender la chispa que incendiará la pradera".

El "muro de la vergüenza"

Y ha surtido efecto. Ayer, el ex asesor que se resistía a ser trasladado a la prisión de máxima seguridad de la Base Naval del Callao (donde están recluidos los líderes guerrilleros de Sendero Luminoso y el Movimiento Revolucionario Túpac Amaru), seguía detenido en la carceleta del Palacio de Justicia, donde pasó todo el día declarando frente a los seis jueces anticorrupción.

El edificio se hallaba rodeado por cientos de agentes de policía y los periodistas. Frente a sus escalinatas, el grupo civil Resistencia había erigido el "muro de la vergüenza", una gigantesca cartulina con fotos de un centenar de funcionarios del antiguo régimen vinculado con la red de corrupción montesinista. "Es una experiencia interactiva -explicó a este enviado Juan Luis Hurtado, uno de los organizadores-. La gente viene y escribe lo que quiere contra ellos."

"¡Ni olvido ni perdón; juicio y sanción!" se podía leer junto a insultos de los más variados tenores y caligrafías. Al lado del "muro de la vergüenza" se instaló también una gran jaula con un maniquí de Montesinos con el típico traje a rayas de presidiario.

"Se está ateniendo a la confesión sincera", fue el único comentario que La Nación pudo sacarle a la abogada de oficio del ex asesor, Patricia Hurtado. Al parecer, buscaría así obtener algún privilegio en su casi segura condena a reclusión perpetua o negociar la situación procesal de su esposa, Trinidad Becerra, sus hijas, Silvana y Samantha, y su amante, Jackeline Beltrán.

Montesinos, ex colaborador de la CIA, es acusado por la justicia de enriquecimiento ilícito, lavado de dinero, tráfico de armas, tráfico de drogas, violaciones a los derechos humanos y asesinato.

El procurador adjunto Luis Vargas Valdivia dijo a La Nación que la confesión de Montesinos "podría actuar como atenuante". Asimismo, señaló que las declaraciones del ex asesor de Fujimori "confirmarían que el ex presidente tenía conocimiento de lo que sucedía en el SIN y lo amparaba".

La situación de Fujimori, refugiado en el Japón de sus ancestros, se complica aunque el gobierno japonés haya adelantado que se negará a extraditarlo por considerarlo un ciudadano japonés. El Chino es objeto de 15 investigaciones en el Congreso; si prosperan, cabría la denuncia por crímenes de lesa humanidad. En ese caso, Japón no sólo se vería obligado a detener a Fujimori, sino también a juzgarlo en su territorio si no acepta la extradición.

Montesinos tampoco parece dispuesto a perdonar al presidente venezolano Hugo Chávez, que se sospechaba le había dado protección en su país. Fuentes judiciales citadas por las radios locales informaron ayer que, desde su celda, el Rasputín de los Andes dijo que desayunó con Chávez el día de su "captura", que él ahora prefiere definir como una "entrega por propia voluntad".

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