
Murió en prisión el asesino de Luther King
James Earl Ray: enfermo de cáncer, cumplía una condena por 99 años; hasta el final sostuvo su inocencia.
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NASHVILLE, EE. UU. (AP).- James Earl Ray, el asesino convicto del líder negro Martin Luther King que luego retiró su confesión inicial, murió ayer de cirrosis y otras complicaciones hepáticas. Tenía 70 años.
Ray estuvo en condición crítica desde el lunes, cuando fue llevado al Hospital Memorial de Nashville, en el Estado de Tennessee.
Ray fue sentenciado a una pena de 99 años de cárcel por el asesinato de King, ocurrido el 4 de abril de 1968 en un balcón del motel Lorraine, de la ciudad de Memphis.
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Murió sosteniendo su inocencia, pero pocas pruebas lo avalaban. Sólo podría salir de prisión en el 2068, pero salió ayer, muerto, llevándose con él la verdad sobre el asesinato de Martin Luther King.
La Justicia no quiso oír su reclamo para que se realizara una nueva investigación sobre la muerte del líder pacifista. Tampoco prestó atención a su pedido de traslado al Estado de Pensylvania, donde podría haber recibido un trasplante hepático que le salvara la vida.
Al ser arrestado en 1968, Ray confesó ser el autor del asesinato de King y logró escapar a la pena de muerte. Pero los jueces fueron implacables con él: lo condenaron a 99 años de cárcel. Tres días después de su confesión se desdijo y atribuyó su declaración anterior a presiones de sus abogados. Era demasiado tarde.
Un declarado racista
Cuando Luther King fue asesinado, Ray -un racista declarado- era un fugitivo. Poco antes había huido de una prisión de Missouri, donde cumplía una condena por robo a mano armada. En su fuga había llegado hasta Canadá, donde en las dársenas de Montreal conoció a un hombre con acento hispano llamado Raoul. Según su propio relato, Ray aceptó traficar diversos artículos a través de las fronteras canadiense y mexicana a cambio de dinero y una promesa de documentos para viajar.
El tráfico que realizaba para Raoul a menudo incluía armas y fue precisamente esto lo que lo llevó hasta Birmingham, Alabama, en busca de un rifle. Luego manejó hasta Memphis, Tennessee, donde llegó el 3 de abril, un día antes de que lo hiciera King.
Al otro día, el arma que disparó la bala que mató a King tenía las huellas de Ray, que sería arrestado dos meses más tarde en el aeropuerto de Heathrow, Londres, tras una cinematográfica fuga que incluyó Canadá, Portugal y finalmente Inglaterra, desde donde se disponía a viajar a Bélgica para luego volar hacia Biafra o Angola.
El 4 del actual se cumplieron 30 años del asesinato de King. Coincidentemente con el aniversario del magnicidio se reforzó la hipótesis de que varias manos oprimieron el gatillo en aquel anochecer de Memphis.
El año último, Ray, ya gravemente enfermo, se reunió en la cárcel con Dexer Scott King, uno de los hijos del líder de los derechos civiles, quien se declaró convencido de la inocencia de Ray y adhirió a la teoría de que su padre fue eliminado por una vasta conspiración en la que habrían estado involucrados integrantes de la mafia, militares y agentes federales.
"Estamos profundamente dolidos por la muerte de Ray. Es una tragedia no sólo para él, sino también para toda la nación", afirmó ayer la familia King en un comunicado.
Treinta años después, el misterio sobre la muerte de King aún persiste. La verdad tal vez salga a la luz en el 2029, cuando se levante el secreto sobre la investigación. O quizá solamente se conozca una parte de la historia: la oficial. La otra partió ayer con Ray.






