
Murió McNamara, promotor y crítico de la guerra en Vietnam
Fue el arquitecto de la ofensiva y, años después, la cuestionó con fervor
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WASHINGTON (AP).- Robert S. McNamara, el cerebral secretario de Defensa norteamericano que fue vilipendiado por encausar la guerra más polémica de Estados Unidos y luego se dedicó a ayudar a las naciones más pobres del mundo desde el Banco Mundial, falleció ayer, a los 93 años, mientras dormía en su casa de Washington.
McNamara fue siempre asociado a la Guerra de Vietnam, hasta el grado de que al conflicto se lo mencionaba como "la guerra de McNamara", la cruzada más desastrosa del país y la única guerra en la que participó Estados Unidos que terminó con una retirada abyecta. El, sin embargo, siempre se empeñó en borrar esa imagen.
Con un salario anual de tres millones de dólares, McNamara, republicano, era el presidente de Ford Motors -el primero que no llevó el apellido del fundador- cuando fue reclutado por el presidente demócrata John F. Kennedy para que asumiera la conducción del Pentágono en 1961, por 25.000 dólares anuales.
McNamara, por entonces, era conocido como un estratega político con una obsesión por el análisis estadístico.
Permaneció al frente del Pentágono siete años y, en esa época, fue el secretario que más tiempo permaneció en el cargo desde su creación, en 1947.
Su vínculo con Vietnam se volvió intensamente personal. Incluso su hijo, estudiante de la Universidad de Stanford, protestó contra la guerra mientras su padre la conducía.
Durante la administración de Kennedy, McNamara fue una figura determinante tanto en el desastre de Bahía de Cochinos, en 1961, como en la resolución de la crisis de los misiles, 18 meses después.
Creía fervorosamente en la privacidad y rechazó, durante muchos años, escribir, sus memorias, establecer su punto de vista sobre la guerra y hablar sobre las peleas con sus generales.
Finalmente, en 1995, al término de la Guerra Fría, publicó En retrospectiva: la tragedia y las lecciones de Vietnam , en el que reveló que, hacia 1967, ya tenía aprehensiones respecto de Vietnam. Por entonces, ya había perdido la fe en la capacidad norteamericana para prevalecer sobre una insurgencia guerrillera que había expulsado a los franceses del mismo sector selvático del país.
Más allá de esas dudas, en público expresaba su confianza de que la aplicación de suficiente poder de fuego norteamericano llevaría a los comunistas a la firma la paz. Durante ese período, las bajas norteamericanas -muertos, heridos y desaparecidos- treparon de 7466 a 100.000.
Luego de abandonar el Pentágono, McNamara presidió durante 12 años el Banco Mundial, desde donde impulsó los créditos para las comunidades rurales de los países en vías de desarrollo. Tras su retiro, en 1981, abogó por la desnuclearización mundial y por la ayuda de los naciones ricas a los países pobres. Así, se convirtió en un veterano estadista global.
La marca registrada de McNamara fueron sus anteojos sin marco, el peinado engominado hacia atrás y su confianza en el análisis cuantitativo para alcanzar conclusiones, expresadas de manera calma con su voz ronca.
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