"Nadie podrá encontrar empleo aquí"
El drama de Ismaël es el de miles de jóvenes
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PUERTO PRINCIPE (De un enviado especial).– "Amigo, disculpe, ¿conoce a alguien importante de la Minustah? La pregunta de Ismaël Medna sorprende. "Me gustaría entrar a trabajar ahí. No quiero pasar todos los días de mi vida sin hacer nada", confiesa.
Ismaël tiene 22 años, y, como tantos miles de jóvenes haitianos, está de- sesperanzado por el alto desempleo en el país. Y por su futuro. "Me gustaría formar una familia, pero sin trabajo no se puede. Antes del terremoto ya era muy difícil progresar, ahora será imposible. Nadie podrá encontrar un empleo aquí", se resigna el joven, que habla un precario español.
Ante la falta de respuestas de un gobierno que quedó diezmado por el sismo, Ismaël centra sus ilusiones en la Misión de Estabilización de las Naciones Unidas (Minustah), que tiene desplegados más de 8000 efectivos para controlar la seguridad en las calles. Muchos jóvenes haitianos como él sienten admiración por el trabajo de las fuerzas internacionales.
"Podría trabajar como electricista, o ayudando a las tropas", confía. Ismaël y dos de sus hermanos, Isaac, de 20 años, e Ismaniola, de 21, viven en Puerto Príncipe. Su otro hermano, Schibael, de 18, emigró al interior del país por el desastre, aún sin haber terminado la escuela. Ninguno trabaja ni estudia, y dependen de lo que gana su padre, Luc, como empleado.
"Quiero trabajar duro siete años, para ayudarlo a que tenga una mejor vida", se ilusiona Ismaël, que estudió música e hizo un curso de electricista. "Toco la trompeta, me gustan los clásicos y algo de jazz. Pero aquí no se puede ganar mucho dinero como músico, como creo pasa en otros países", dice, sin perder la sonrisa.
El sismo agravó la situación laboral en Puerto Príncipe, y miles de jóvenes que perdieron familiares, hogares y expectativas piensan en emigrar al campo o al exterior en busca de trabajo. Pero Ismaël no quiere abandonar su familia. Desde hace un tiempo se ilusionaba con su carrera como músico. Tocaba seguido en una iglesia del barrio de Delmas, junto con su amigo y compinche Jean, guitarrista. Pero el terremoto también quebró esa ilusión de Ismaël. Ya no tiene donde tocar. Ni con quien.



