Nadie se resiste a Merkel, que obtuvo otro triunfo clave

Pese a que muchos anunciaban una fuerte oposición de sus aliados, el Parlamento aprobó ayer el tercer plan de rescate financiero de Grecia
Luisa Corradini
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20 de agosto de 2015  

PARÍS.- Angela Merkel pudo anoche dormir tranquila: los diputados alemanes aprobaron ayer por amplia mayoría en sesión extraordinaria el tercer plan de ayuda a Grecia.

Contrariamente a lo que muchos anunciaban, la resistencia de los conservadores frente a las decisiones de su jefa, la canciller alemana, fue relativamente limitada. En total, 453 diputados sobre 631 apoyaron ese plan que prevé una ayuda a Grecia de 86.000 millones de euros en tres años. Sólo 113 representantes votaron en contra y 18 se abstuvieron.

"Merkel ha dejado de tener oposición", resumió anoche una fuente de la presidencia francesa al analizar el éxito político de la canciller alemana. Sobre todo en los temas europeos, para los cuales suele obtener el apoyo de los Verdes.

Entre aquellos que decidieron no votar por el plan hubo 63 diputados conservadores, que cuentan con 311 bancas. Otros 17 de ese mismo campo, no participaron en la votación y tres se abstuvieron.

Merkel, presente en el Bundestag, dejó la tarea de defender el plan a su ministro de Finanzas, Wolfgang Schauble, el hombre que, no es misterio para nadie, siempre pensó que la mejor solución para la zona euro es que Grecia abandone la moneda única.

"Si bien nadie puede asegurar que esta vez todo funcionará, sería irresponsable no ayudar a Grecia", declaró el ministro. Schauble recordó a la asamblea que Atenas ha puesto en marcha en los últimos días todas las medidas exigidas por sus nuevos acreedores: el Banco Central Europeo (BCE), la Comisión Europea (CE), el Mecanismo Europeo de Estabilidad (MEDE) y probablemente el Fondo Monetario Internacional (FMI), que debe anunciar su participación antes de octubre.

Según un sondeo del instituto Forsa de la semana pasada, el 84% de los alemanes no tiene confianza en los griegos para aplicar reformas

Entre esas medidas, el gobierno griego de Alexis Tsipras oficializó anteayer la cesión de 14 aeropuertos regionales al consorcio alemán Fraport-Slentel por 1230 millones de euros. La operación había sido aprobada por el anterior gobierno, y congelada tras las elecciones de enero, cuando el premier de izquierda radical asumió el poder.

"No es fácil, pero está en juego la construcción y la estructura de la unión monetaria", dijo Schauble. "Si Grecia hace frente a sus responsabilidades y si el programa es aplicado en forma completa y decidida, la economía griega podría crecer en los próximos años", agregó. Alemania debe contribuir con 23.000 millones de euros a ese plan.

Schauble reconoció, no sin satisfacción, que Tsipras "tuvo que hacer lo contrario de lo que prometió" a su electorado, pero que las reformas han funcionado en Irlanda, España, Portugal y Chipre.

Para Grecia, la adopción de ese plan era vital para poder reembolsar importantes vencimientos en el futuro inmediato. El primero vence hoy, cuando debe pagar 3400 millones de euros al BCE. El Bundestag ya había aprobado el 17 de julio el inicio de las negociaciones sobre el actual programa de ayuda. El sí de la Cámara baja estaba descontado: la actual "gran coalición" que gobierna Alemania y reúne a socialdemócratas (SPD) y la unión de demócratas cristianos (CDU) de Merkel y su aliado bávaro (CSU) dispone de 504 bancas sobre 631.

En las últimas semanas, si bien el SPD y parte de la oposición apoyaban el programa de ayuda, el descontento creció en las filas conservadoras, a pesar de los enormes sacrificios impuestos al pueblo griego. Un fastidio que se materializó en esos 63 no de ayer, es decir, tres más que el 17 de julio.

Para hacer volver las ovejas rebeldes al redil, el secretario general de la CDU, Peter Tauber, advirtió que votar contra el plan "sería lo mismo que apuñalar por la espalda a la canciller", cuya popularidad supera el 70% y a quien numerosos analistas atribuyen desde ya un cuarto mandato en las legislativas de 2017.

Los partidarios del no responden a una opinión pública convencida de haber "pagado demasiado" por Grecia. Según un sondeo del instituto Forsa publicado la semana pasada, 84% de los alemanes no tiene confianza en los griegos para aplicar reformas y 57% se declaró en contra del tercer plan de ayuda. No obstante, según un reciente estudio del Instituto Leibnitz de investigación económica (IWH), Alemania ganó unos 100.000 millones de euros con la crisis de la deuda griega.

Las resistencias alemanas también son alentadas por FMI, que se dio hasta octubre para decidir si participa o no en este tercer plan de ayuda. El organismo internacional condiciona su acuerdo a una reducción de la colosal deuda griega, que juzga "insostenible".

Los conservadores alemanes y la opinión pública en general se oponen categóricamente a esa exigencia, pero quieren poder contar con el FMI al que consideran, por su independencia y su rigor, la garantía de que los préstamos acordados a Atenas serán reembolsados.

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