Nancy Lanza, la víctima olvidada de Connecticut

Los escasos tributos a la madre del asesino de Newtown destacan la furia contra ella
Katie Zezima
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22 de diciembre de 2012  

NEWTOWN, Connecticut.– Cuando los vecinos de Newtown se refieren a la masacre en la escuela primaria Sandy Hook , hablan de 26 muertos: los que perdieron la vida cuando Adam Lanza irrumpió en el lugar.

Ayer por la mañana, cuando las campanas del pueblo tocaron a muerto en honor de las víctimas del tiroteo de la semana pasada, dieron 26 campanadas, una por cada uno de los niños y miembros del personal asesinados.

En el pueblo hay dos globos dorados atados a un puente, uno con el número 2, y el otro con el número 6. Y hay mensajes manuscritos que hablan de 26 copos de nieve. "Son 26 ángeles que nos guiarán", reza uno de ellos.

Pero rara vez los residentes mencionan a la primera persona que, según la policía, fue asesinada por Lanza esa mañana de viernes: su madre, Nancy, que recibió cuatro disparos en la cabeza con un rifle de asalto mientras dormía. Eso da 27.

En Newtown, donde en los últimos días surgieron improvisados altares recordatorios con velas, animales de peluche, ángeles, flores y globos, en distintas plazas de la ciudad, sólo hay un tributo visible a Nancy Lanza. Es una carta escrita por un amigo en papel amarillo, pegada y laqueada sobre un pedazo de madera roja.

"Ahora hay otros que comparten el dolor de las elecciones que tomaste por ti misma. Aquel de nosotros que esté libre de culpa, que tire la primera piedra", reza una parte de la carta.

Nadie culpa abiertamente a Nancy Lanza por la masacre. Pero las autoridades han revelado que el asesino, Adam Lanza, de 20 años de edad, usó las armas que su madre guardaba en su hogar para desencadenar una tragedia que se convirtió en la segunda mayor masacre escolar con armas de fuego en la historia de Estados Unidos, que ha urgido a los legisladores a pedir nuevos controles sobre ellas.

Los escasos tributos a Nancy Lanza subrayan la complicada mezcla de sentimientos que suscita después de la tragedia. En esta pequeña ciudad donde ahora hay funerales múltiples todos los días, donde los deudos vestidos de luto hacen cola para decir adiós a otro niño más, muchos están furiosos con Nancy Lanza por no haber mantenido las armas fuera del alcance de su hijo.

Algunos la consideran una víctima, pero una víctima cuyas armas fueron usadas para asesinar a niños de primer grado. Otros, en cambio, piensan que Nancy fue una víctima inocente que debería ser incluida en los recordatorios. "Es una vida que se perdió, y sí, su vida importaba", dijo Christine Lombardi.

Según Donald Briggs, jefe de policía de Kinston, New Hampshire, anteayer se realizó en esa ciudad un funeral privado para Nancy Lanza, al que asistieron 25 familiares.

Una mujer reservada

Nancy Lanza vivía holgadamente gracias a la pensión de 240.000 dólares anuales que le pasaba su ex marido, Peter, un ejecutivo de General Electric, con quien tuvo dos hijos. Ryan y Adam.

El día del tiroteo se publicó, erróneamente, que era profesora del centro en el que se produjo la masacre. Pero al día de hoy, nadie puede asegurar aún a qué se dedicaba.

¿Quién era Nancy Lanza? Entre sus propios vecinos es difícil encontrar definiciones coincidentes, y ninguno de ellos ha sido capaz de ofrecer un retrato preciso de esta mujer delgada, de tez pálida, que desde hacía 14 años residía en Newtown.

Además de ser una coleccionista de armas que llevaba a sus hijos de vez en cuando a practicar tiro –el rasgo distintivo en el que han hecho hincapié los medios locales–, Nancy Lanza también era una aficionada a la jardinería, a la pintura y a los Red Sox, a cuyos partidos de béisbol solía llevar a menudo a Adam.

Pero ante todo, la mujer dedicaba casi el 100% de su tiempo a cuidar de su hijo y a paliar el aislamiento en el que éste se estaba hundiendo a medida que crecía.

Tras la matanza, trascendió que Nancy Lanza era una "preparacionis-ta" y que estaba convencida de que el fin del mundo iba a llegar, unas ideas que podrían haber calado en su hijo, que padecía síndrome de Asperger. Pero para John Tambascio, propietario del restaurante italiano My Place, al que iba casi todas las tardes la víctima olvidada de Newtown, esas son "tonterías".

"Eso de que estaba obsesionada con el fin del mundo y que por eso tenía armas es una estupidez. ¿Qué iba a poder hacer ella con unos rifles para evitar el fin del mundo? A Nancy le gustaban las armas, como a muchos aquí. Era una madre sola que tenía que cuidar de un niño con problemas y quería estar segura. No me parece tan raro", agregó.

Traducción de Jaime Arrambide

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