Norberto Rivera Carrera: un conservador acérrimo con acento mexicano
Por Fernando Halperin
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La consagración como papa representaría para el cardenal mexicano Norberto Rivera Carrera haber alcanzado el más alto peldaño de la Iglesia en tiempo meteórico.
Con apenas 62 años, el purpurado que gobierna la diócesis más grande del mundo -la de Ciudad de México- es uno de los candidatos que suena con más frecuencia a la hora de hablar de un eventual papa nacido en América latina.
La elección de Rivera Carrera, sin embargo, no representaría en los papeles un cambio radical en el camino elegido por la Iglesia los últimos años. Por el contrario, este admirador de la obra de Juan Pablo II podría acentuar el tono conservador del pontificado que acaba de finalizar.
Decidido defensor de los postulados doctrinales del Vaticano, su preocupación por los temas de familia llamó la atención de Juan Pablo II y fue su pasaporte para ganar la estima del Pontífice. No sólo Rivera Carrera lo visitó innumerables veces en la Santa Sede, sino que el Papa viajó a México en cinco oportunidades. En una, cumplió uno de los sueños del purpurado mexicano: la canonización del indígena Juan Diego, a quien se le apareció la Virgen en el siglo XVI.
Actor omnipresente en la sociedad mexicana -defiende la participación de los religiosos en política-, considerado un experto en el manejo mediático, sus críticos le reprochan su cercanía con el poder y con el empresariado mexicano, pese a que en su discurso resalta su preocupación por la justicia social.
Su vehemencia a la hora de oponerse al uso del preservativo, al aborto y a la homosexualidad lo ha colocado más de una vez al borde del exabrupto. De hecho, llegó a amenazar con excomulgar a todo aquel que tuviera que ver con un aborto, comparó el acto de usar la "píldora del día después" con un asesinato y sugirió agregar en los envoltorios de los preservativos la leyenda: "Este producto puede ser nocivo para la salud".
Su veloz ascenso dentro de la Iglesia mexicana se relaciona con un largo proceso comandado por el nuncio Girolamo Prigione, que, a lo largo de 30 años, se propuso "limpiar" a la Iglesia azteca de los numerosos sacerdotes y obispos que simpatizaban con la llamada "teología de la liberación" u "opción por los pobres". Por eso, su designación, en 1995, a cargo de la Arquidiócesis de México, fue vista como un triunfo de los sectores conservadores y doctrinales, y provocó revuelo entre varios de sus colegas.
Amante del basquet y del frontón, capaz de manejarse cómodamente con el inglés, el italiano y el francés, recientemente se vio salpicado por algunos escándalos que, para los vaticanistas, podrían amenazar sus aspiraciones a convertirse en papa. Entre ellos, fue denunciado por firmar un contrato de exclusividad con una empresa norteamericana para producir y vender merchandising con la imagen de la Virgen de Guadalupe, algo que, según dijo el propio purpurado, "puede hacer cualquier católico".
La Iglesia mexicana
Uno de los principales temas de preocupación para la Iglesia mexicana, una de las más poderosas del mundo y una de las más influyentes en América latina, es el incesante drenaje de fieles hacia grupos evangélicos y pentecostales, especialmente en las regiones más pobres del país, como el conflictivo estado de Chiapas.
La Iglesia mexicana tiene la diócesis más grande del mundo -la de Ciudad de México- y era vista por Juan Pablo II como una posible punta de lanza para evangelizar Estados Unidos, a través del constante flujo de fieles que emigran a ese país.





