Notre Dame, esa piedra preciosa engarzada en el corazón de París

Una mujer pinta la Catedral de Notre Dame a orillas del río Sena el 23 de marzo de 1947
Una mujer pinta la Catedral de Notre Dame a orillas del río Sena el 23 de marzo de 1947 Fuente: AFP
Luisa Corradini
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15 de abril de 2019  • 20:09

PARIS.- Angela Merkel no podía haberla definido mejor: "Nôtre-Dame de París es le símbolo de Francia y de nuestra cultura europea", dijo al enviar su mensaje al pueblo francés. Quienes la conocen, saben que la canciller alemana jamás habla por hablar.

En momentos en que Europa se encuentra sometida a la amenaza de los populismos, los nacionalismos, los extremismos y las ciegas ambiciones políticas, el incendio de la catedral más célebre de Occidente puede ser leído como una auténtica metáfora.

Durand, obispo de Mende que vivió en el siglo XIII cuando construyeron la catedral, afirmó que sus torres representan a los predicadores. Y que esa descripción se verifica por el significado asignado a las campanas que recuerdan a los cristianos -con sus prédicas sonoras- las virtudes que deben practicar si pretenden llegar a lo alto de esas torres, imagen de la perfección que intentan alcanzar. Otro exégeta asegura que las torres representan sobre todo a la virgen María y la Iglesia protegiendo a la ciudad que se extiende a sus pies.

El techo de Nôtre-Dame es el emblema de la caridad. Sus tejas son los caballeros que defienden el templo contra los paganos, simbolizados por las tormentas. Las piedras de sus murallas, soldadas entre sí, certifican la unión de las almas. Y esas piedras, unidas por el cemento, sinónimo de caridad, forman los cuatro grandes muros de la basílica, los cuatro evangelistas, según Prudence de Troyes. Para otros escritores, representan las cuatro virtudes principales: la Justicia, la Fuerza, la Prudencia y la Temperancia.

Las ventanas son el emblema de nuestros sentidos que deben permanecer cerrados a las vanidades de este mundo y abiertos a los dones del cielo. Todos los ventanales están vestidos de vitrales que dejen pasar los rayos del sol: el sol de Justicia, que es Dios. También son las Escrituras que esclarecen, pero rechazan el viento, la nieve y la lluvia, similitudes de herejía.

Sus contrafuertes simbolizan la fuerza moral que sostiene frente las tentaciones.

Nôtre-Dame tiene tres portales en honor a la Santísima Trinidad. El del medio, llamado Portal Real, está dividido por un pilar sobre el que reposa una estatua de Cristo que dijo de sí mismo en los Evangelios: "Yo soy la puerta". Dividida de este modo, la puerta indica los dos caminos que el hombre es libre de escoger.

Para resumir, Nôtre-Dame de París es una de las más grandes páginas del gran libro de piedra escrito en el siglo XIII en suelo europeo. El objetivo de sus constructores fue el de enseñar en la llamada Isla de Francia las mismas doctrinas de la teología mística que se enseñaba, simultáneamente, en el resto de la Europa cristiana. Desde entonces, se sirve del mismo idioma que todas las demás. Esa unidad de doctrina y de expresión se comprende si se considera que aquellos arquitectos y artistas solo fueron, en aquella época, intérpretes del pensamiento de la Iglesia.

Nôtre-Dame, esa piedra preciosa engarzada en el corazón de París, conoció guerras y pillajes. Pero, de memoria de hombre, nunca había sufrido un ultraje de esta magnitud, jamás había sido acechada por el fuego. Por suerte, según las palabras del presidente Emmanuel Macron, "lo peor pudo ser evitado".

Ocho siglos después de su construcción, la catedral de París se eleva en medio de otra Europa, multiétnica y en paz desde hace 75 años. Pero más que nunca sometida a la amenaza de implosión por fuerzas endógenas que no escatiman esfuerzos para cambiar su identidad.

Angela Merkel vio justo. Sus valores, sin embargo, siguen siendo los mismo que hace 800 años: Justicia, Solidaridad, Prudencia y Temperancia. Con un agregado fundamental: Democracia.

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