
Pablo VI, el papa que se abrió a la modernidad
P ablo VI, el papa del equilibrio y de gestos que marcaron un rumbo, condujo el timón de la Iglesia en tiempos de incesantes cambios y navegó con prudencia en aguas turbulentas, entre esperanzas y tensiones, entre quienes querían cambiarlo todo y quienes se resistían a emprender reformas ambiciosas. Colaborador estrecho de Pio XII y sucesor de Juan XXIII, fue el continuador y ejecutor del Concilio Vaticano II, puso a la Iglesia en diálogo con el mundo contemporáneo y anticipó debates internos y externos que aún hoy enfrenta el papa Francisco.
La historia lo muestra como un papa sufriente. Incluso, en algún aspecto incomprendido, como tal vez también pueda decirse de Benedicto XVI. Lo cierto es que todos los que lo sucedieron profundizaron alguna faceta de Pablo VI. Fue el primer papa viajero: visitó 19 países de los cinco continentes en nueve viajes, huella que después ahondó Juan Pablo II. Promovió los encuentros ecuménicos e instituyó las jornadas en favor de la paz, renovó la liturgia, creó la figura del sínodo de obispos, para hacer efectivo el espíritu de colegialidad y participación de los obispos en el gobierno de la Iglesia, y reformó la curia romana, signos de una apertura que hoy intenta profundizar Francisco.
Giovanni Battista Montini nació en Concesio, en el norte de Italia, en 1897. Ordenado sacerdote en 1920, tuvo un trato frecuente con Eugenio Pacelli, luego Pio XII, y fue amigo y admirador del humanista Jacques Maritain, cuyo pensamiento y obras citó en sus encíclicas. Pio XII lo nombró en 1954 arzobispo de Milán, donde desplegó una vasta misión apostólica. Fue considerado papable antes de ser cardenal: lo nombró Juan XXIII en su primer consistorio, en 1958. Elegido papa en 1963, desechó el uso de la tiara: fue vendida y el dinero, donado a los pobres.
Su primer decisión fue continuar el Concilio Vaticano II. En 1964 realizó tres viajes de hondo significado: a Tierra Santa, donde se abrazó con el patriarca Atenágoras, de Constantinopla; a la India, donde entró en contacto con multitudes de no cristianos, y a Nueva York, para clamar por la paz y la justicia en las Naciones Unidas. Allí se presentó como "el abogado de los pueblos pobres".
El documento programático del pontificado de Montini fue su primera encíclica, Ecclesiam Suam (1964), donde promovió el diálogo de la Iglesia con el mundo moderno, en especial con los separados, los no cristianos y los no creyentes. No vaciló en acercarse a la cultura contemporánea. Concebía el diálogo no como un espacio para emitir opiniones, sino como un camino de encuentro, que aún hoy, con Francisco a la cabeza, está dando sus primeros pasos. En sólo cuatro años escribió sus siete encíclicas. Su encíclica Humanae Vitae (1968) lo colocó en el ojo de la tormenta por su rechazo directo a los métodos de control de la natalidad.
En 1975, publicó Evangelii Nuntiandi, sobre la evangelización del mundo contemporáneo, que le sirvió de modelo al papa actual para su Evangelii Gaudium. Francisco consideró el texto de Pablo VI como "el documento pastoral más grande escrito hasta nuestros días". Murió en Castelgandolfo, tras 15 años de pontificado, en 1978, a los 80 años.






