Para EE.UU., la oportunidad de dar otro paso
WASHINGTON.– En Estados Unidos, cuando se llega al tema Cuba, las velocidades se relativizan. Y hay que saber interpretar en ellas lo que la diplomacia no se atreve a decir.
¿Ejemplos? No sólo se trata de que Washington reaccionó mucho más tarde que Europa a la sorpresiva liberación de presos políticos en la isla. Y con mucho mayor cautela. Es también cuestión de niveles de gobierno. En ese sentido, también el Congreso parece ir mucho más rápido que la Casa Blanca. Además, lejos de la reticencia de la sede gubernamental, hace semanas ya un buen número de legisladores acordaron poner proa hacia La Habana.
Lo hicieron al admitir a trámite un proyecto para levantar las restricciones para viajar hacia la isla desde Estados Unidos. Algo que, de aprobarse, implicaría el fin del bloqueo que existe desde hace medio siglo.
No es una norma que ya esté aprobada. Le queda un largo recorrido, pero es una baza interesante. Aun así, la reticencia mayor está en el Poder Ejecutivo. "No es un capricho de [el presidente Barack] Obama. Es una cuestión de intereses", dijo a La Nacion Mauricio John Byrden, del Center for International Policy (CIF), con sede en Florida.
Aludía así a la poderosa presión dentro de Estados Unidos de los llamados grupos "anti", tal como se define a quienes se oponen aquí al régimen de los Castro.
Sucede que, en teoría, el gobierno de Obama apoya la liberación de relaciones políticas con La Habana. Pero el presidente norteamericano ha mostrado decepción con el "escaso ritmo" que lleva el anunciado proceso de apertura política en la isla. Y allí apareció la velocidad.
Hace 15 meses, en abril de 2009, la Casa Blanca flexibilizó el envío de dinero desde Estados Unidos a la isla y el desplazamiento de ciudadanos cubanoestadounidenses. "Es un primer paso", dijo entonces Obama. Y pidió que La Habana hiciera lo suyo y liberara a presos políticos.
Cuba se tomó su tiempo. Y algo de eso pareció deslizar la secretaria de Estado, Hillary Clinton: "Saludamos este paso, pero nos parece que llega un poco tarde", dijo ayer. La velocidad no es un dato menor cuando se trata de la relación entre Washington y La Habana.
Varios expertos estadounidenses consideraron que éste es el momento adecuado para dar nuevos pasos.
"Esto representa un cambio dramático y seguro, que provocará una reacción de Washington y de Europa", dijo Phil Peters, del "think tank" Lexington Institute, al diario The Washington Post. La liberación de los presos debería llevar al gobierno de Obama a "hacer algo para alentar esta tendencia", había afirmado anteayer Wayne Smith, del Center for International Policy, a The New York Times.
Indudablemente, la mayor liberación de presos que se haya visto desde la visita a la isla del papa Juan Pablo II, en 1998, es una presión para quienes aquí se oponen a la apertura. "Es un argumento en favor de la flexibilización", dijo Julia Sweig, del Council of Foreign Relations. Lo mismo afirman quienes, en el Congreso, apoyan el levantamiento de las trabas. "El aislamiento no ayuda a la renovación política. El camino más rápido para mejorar la forma de vida en la isla es tener relaciones comerciales, turísticas y políticas", dijo Myron Brilliant, de la Cámara de Comercio estadounidense.
Lo apoyan, entre otros, miles de agricultores que ven perder el mercado cubano a manos de, por ejemplo, canadienses y brasileños. "Se nos están escapando fuentes de trabajo", dijo Brilliant en el Congreso.
Y ése, en los tiempos que corren, no es un mal argumento contra la escéptica cautela con que, hasta ahora, Washington ha mirado las promesas de cambio en Cuba.
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