
Paradójica unión de dos etnias
Por Narciso Binayán Carmona
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"Las guerras no resuelven nada: simplemente superan cuestiones más o menos viejas lanzando semillas de cuestiones más o menos nuevas." El pensamiento es del famoso prefecto Cesare Mori (1872-1942), el hombre que con más energía y más imaginación se enfrentó a la mafia tradicional de Sicilia en mil años de historia de la isla.
Nunca más oportunos estos conceptos de un hombre duro y valiente respecto de la atroz y complejísima situación que se vive desde hace años en el centro de Africa. Una situación en la que están envueltas, de una manera u otra, Ruanda,Burundi, Zaire, Uganda y, en forma más o menos expectante, los demás países vecinos.
Se combate tanto en la provincia oriental del Congo (ex Zaire) como en la propia capital Kisangani y se está a la espera de acontecimientos en todo el centro de Africa.
El parecido con la ex Yugoslavia es tan sugestivo y real como aparente.Es cierto que Yugoslavia fue una creación artificial de gabinete; es indiscutible que Zaire fue la parte del pastel africano que consiguió a título puramente privado -en su calidad de blanco- el rey Leopoldo II de Bélgica (1865-1909), que luego lo legó a su país. Decir que fue una creación artificial es poco. Juntó a pueblos totalmente diferentes entre sí y, para peor, dividió naciones.
A ellos se sumaron, como mandato belga, las ex colonias alemanas de Ruanda y Burundi, luego de la derrota del Imperio en la Primera Guerra Mundial.
Aquí el caso fue distinto: "Una de las paradojas de la crisis interna de Ruanda y Burundi es que éstos, como pocos otros países de Africa, existen como conglomerados étnico-políticos desde hace por lo menos cuatro siglos. Hutus y tutsis no se unieron, englobados por las fronteras artificiales decididas en la Conferencia de Berlín de 1885; vivían ya juntos en una sociedad feudal, cuya estructura sofisticada fue observada con cierta sorpresa por los primeros visitantes europeos".
Las dos etnias tenían idéntica base: rey y nobleza de pastores tutsis (15% de la población), siervos y agricultores hutus (84% de la población), con cierta diferencia.
En Ruanda era posible para un hutu acceder a la nobleza. Frente a los invasores europeos, Ruanda se sometió a una resistencia pasiva. Burundi luchó y fue sometida, finalmente, tras una dura y cruenta guerra (Angelo Milanese, "Hutu contra tutsi: Le radici del conflitto" en Limes, Roma, 1997).
Ni alemanes ni belgas hicieron nada para ayudar al pueblo hutu a acceder siquiera a la cultura de Occidente. A ello aún deben sumarse dos elementos conflictivos: uno africano, la fuerza del clan, y uno europeo, la frontera oeste de ambos países (con Congo -Zaire), que fue corrida al este en beneficio de Bélgica. Y en resumen, en la suma de factores que llevaron a revolución, guerra, genocidio y destierro se debe y puede sumar que implicaron una buena cuota de revolución social, en el sentido más genuino del término.
Por ello se no tienen que exagerar las cosas y deben ser analizadas las crisis en términos geopolíticos occidentales, por más manos, armas e intrigas que hayan llegado en apoyo o en contra de algún bando.
El desaparecido presidente Nyerere de Tanzania lo subrayó: "Del comienzo al fin, ha sido un asunto africano, y los occidentales asistieron casi impotentes". Y añade: "Hoy el blanco cuenta menos en una Africa que se busca a sí misma. Si las guerras civiles se multiplican, es porque llegó para Africa la hora de escribir ella misma su historia".
A los demás elementos de combustibilidad se sumó la presencia de los banyarwanda, ruandeses establecidos en lo que sería el Congo antes de 1885 y, sobre todo, de los banyamulengues, tutsis que pasaron desde Bunyoro (Uganda) atravesando Ruanda, cuando los hutus luchaban con los tutsis en el siglo XVI o XVII (¡ya entonces!), dirigidos por tres príncipes y sus clanes cortesanos.
Los últimos diez años han sido una monótona sucesión de golpes de Estado, revoluciones, presidentes asesinados (y acaso algún rey), guerras, matanzas atroces, genocidios (que no son lo mismo), refugiados.
Millones de personas murieron. Hubo, además, planes políticos (restablecimiento de Ruanda antes de 1885; vaciamiento de una zona del este de Zaire de su población para poder crear una "hutulandia"), todo ello mezclado con la participación de los banyamulengues en la guerra civil que llevó al poder a Laurent Kabila en Kinshasha.Guerra civil hasta por ahí no más, porque en Kisangani se enfrentan tanto los ruandeses (de Ruanda) y los ugandeses como los banyamulengues.
La influyente comunidad católica de San Egidio ha trabajado y continúa trabajando en las negociaciones de paz o, más bien, de guerra, que no implica solución a cuestiones muy complejas. Y todo lo anterior deja de lado la situación interna del Congo, país artificial y, además, en ruinas.
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