Pasajeros como estatuas en vuelos con más controles

Incomodidad y demoras por las nuevas reglas
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28 de diciembre de 2009  

WASHINGTON (De nuestra corresponsal).- Hay mensajes más alentadores para empezar un viaje. Pero desde hace 48 horas lo que se estila es el enigmático: "Prepárese para sufrir demoras adicionales a causa de controles de seguridad más rigurosos", que repiten los aeropuertos de este país, sensibilizado por la nueva amenaza terrorista.

Y eso es como disponer una caja de Pandora para cada terminal aérea, donde la coincidencia parece ser que el pasajero sufrirá un poco más de lo que ya sufre en materia de controles. Entre otras cosas, porque las nuevas disposiciones incluyen que, por lo menos en espacio aéreo de Estados Unidos, los pasajeros se conviertan en estatuas una hora antes de que termine el vuelo.

Esto significa que los últimos 60 minutos transcurren con todo el pasaje sentado y con el equipaje de mano guardado. Nada en la falda, ni siquiera la cartera, y mucho menos la manta o la almohada para proteger las cervicales. Y, por supuesto, nada de ir al baño, estoicismo que se recompensa con el autoritario "gracias por su comprensión", que suelta el micrófono.

"Todo esto lo hacemos para evitar que alguien intente armar una bomba debajo de las frazadas", explicó ayer el comandante del vuelo 959 de American Airlines que aterrizó en Nueva York. Más de un pasajero se preguntó el sentido de que semejante disposición rija, entonces, apenas sobre los 60 minutos finales de vuelo y no sobre su totalidad. Pero no hubo respuesta.

Mención especial para el aeropuerto de Ezeiza. Allí todo se multiplica, aunque con eficiencia dudosa.

Por ejemplo, las empleadas de seguridad que interrogan sobre la confección del equipaje personal aprovechan el interrogatorio para informar que los artículos de tocador y medicamentos que integren el equipaje de mano deben transportarse en bolsas marca Ziploc porque, de lo contrario, serán decomisados. No valen las similares. Las bolsitas se venden en Farmacity, la única farmacia de la terminal B, a la que peregrinan largas colas de pasajeros.

Lo curioso es que luego al escáner le da igual si los artículos van o no dentro de la famosa bolsita, según corroboraron varios viajeros. O si dentro del mismo bolso van también computadoras o máquinas de fotos, que, según se informa en esa misma instancia, deben separarse del resto.

El embarque se demora luego por una nueva revisión del equipaje de mano. Hay, para ello, una mesa larga en la que cinco empleados arremeten como pueden con las pertenencias de más de 300 pasajeros. La hilera de sufrientes viajeros avanza con paciencia.

"Por culpa de uno malo sufren los buenos", fue la filosófica reflexión del comandante. Luego, se apiadó de los que tiritaban por la falta de mantita, prometió subir la temperatura y se despidió con el consabido "gracias por su comprensión; es un placer tenerlos a bordo".

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