
Peter Benchley: La sombra del tiburón
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1974
La suya es otra historia de cómo el éxito fulgurante de un libro puede cambiar la vida de su autor, y también de lo difícil que es a veces poder repetir esa fórmula mágica. Peter Benchley era un escritor free-lance que vendía sus artículos a diarios o revistas cuando engendró la novela "Tiburón", que arrasó en 1974 en las listas de best-sellers e hizo que millones de bañistas miraran ese año dos veces al mar antes de poner un pie en él.
Pero el camino de Benchley fue sinuoso. A partir de 1961, encadenó una serie de actividades: se graduó en inglés en Harvard; viajó durante un año por el mundo; escribió el libro "Time and a pocket"; hizo un curso con los marines; colaboró con el diario The Washington Post y con la revista Newsweek; fue editor de TV y entre 1967 y 1969 elaboró discursos para el presidente Lyndon B. Johnson. Sin embargo, una idea que daba vueltas en su cabeza en forma insistente tomó cuerpo y lo llevó al triunfo.
Ya desde niño, cuando pasaba las vacaciones en Nantucket ("Estaba todo el tiempo dentro del agua", recuerda), el mar ejercía una gran fascinación sobre Benchley. Años más tarde, tras haber leído a Hemingway, Fitzgerald y Steinbeck y ya consolidada la escritura como su medio de vida, reparó en un pequeño artículo periodístico de 1964 sobre un pescador que había capturado un escualo de dos toneladas de peso, en Long Island. "¿Qué pasaría si un animal de ese tamaño se acerca a una playa y no se aleja?", se preguntó Benchley. Y así, tras reunir todo lo que se había publicado hasta entonces sobre tiburones, desmenuzar el documental "Agua azul, muerte blanca" y sumergirse en una caja para observarlos de cerca, nació la novela que lo haría famoso y que sirvió de base para la película de Steven Spielberg.
2004
"Nunca pensé que el libro sería tan exitoso. Al fin y al cabo, nadie lee la primera novela de un autor, y menos si el personaje central es un pez", afirma ahora Benchley. Recuerda, además, que muchos de los conceptos vertidos por el personaje de Hooper, el científico, -que llamaba a comprender la naturaleza del tiburón y buscaba alejar el mero deseo de venganza del veterano pescador, Quint- son en realidad la expresión de sus ideas sobre el conservacionismo. "Por suerte, mi libro generó interés por este pez formidable, y hasta la intención de protegerlo. A los chicos de hoy ya no los asusta tanto el tiburón, sino que los intriga", señala.
Benchley confiesa que con todo lo que se sabe hoy sobre los escualos, no podría haber escrito "Tiburón", porque es imposible describir a ese pez como un villano, siendo como lo es ahora una víctima de la pesca desenfrenada. "Y esto es peligroso, porque está a la cabeza de la cadena alimentaria de los océanos, lo que altera todo el equilibrio natural", señala.
Si bien siguió escribiendo, nunca puso repitió su primer suceso editorial. Y siempre lamentó que la película "Abismo" -basa en un libro de su autoría y protagonizada por Nick Nolte y Jacqueline Bisset- no hubiera tenido impacto en la taquilla. "La fotografía submarina fue de lo mejor que se había hecho hasta ese momento", dice. En 1996 probó fortuna con otra criatura que lo atraía, el calamar gigante. Escribió "Monstruo", que pasó sin pena ni gloria.
En 1999, Benchley hizo una serie para TV llamada "Amazonas", la historia de siete pasajeros que sufren un accidente aéreo y que deben sobrevivir en la jungla. El programa sirvió además para recordar la necesidad de cuidar lo que se denomina "el pulmón de la tierra", una región cuyo particular sistema de lluvias tropicales "produce el 20 por ciento del oxígeno que respiramos".
También escribió artículos para la revista National Geographic, tuvo un programa de radio ("The Ocean Report") y realizó películas educacionales para acuarios sobre conservación marina.
Una de las mayores preocupaciones de Benchley en la actualidad es la sobrepesca, que amenaza la vida de muchas especies. "La única manera de evitarlo es a través de acuerdos internacionales que limiten las capturas y que se establezcan reservas naturales", afirma. Y pone como ejemplo lo ocurrido en las Bermudas, que ya sufrió alteraciones ecológicas, y el inminente peligro que amenaza a las islas Galápagos.
Avido lector, especialmente de historia, es un apasionado de la arqueología submarina. Si se le piden recomendaciones sobre cuáles son los mejores lugares en el mundo para bucear, responde: "Para ver tiburones, Australia y Sudáfrica. Para naufragios, Bermudas y Bahamas. Y por su belleza natural, Papua Nueva Guinea".
A los jóvenes de hoy les recomienda vivamente estudiar oceanografía. "Es tiempo de conocer mejor el 70 por ciento de nuestro planeta, que está cubierto por agua. Si dedicáramos más recursos a estudiar el océano y un poco menos a las estrellas y el cosmos, el futuro podría ser más promisorio", afirma.
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