
Por temor a protestas, el G8 mudaría su cumbre a un barco
Sería para proteger a los líderes de los desmanes de activistas antiglobalización
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ROMA.- Después de la violenta batalla campal que se vio el fin de semana último en Gotemburgo (Suecia), durante la reunión de la Unión Europea que fue tomada por asalto por los jóvenes combatientes de la globalización, todos los ojos apuntan ahora a la próxima cita de alto riesgo: el G8, la cumbre de los 7 países más industrializados del mundo más Rusia, que se realizará en Génova del 20 al 22 de julio próximo.
En Italia se habla desde hace meses del G8 y de los desmanes que pueden provocar allí los manifestantes antiglobalización, porque Génova es una ciudad con callejuelas laberínticas perfectas para posibles atentados. Y después de lo ocurrido en Suecia -donde la policía hasta se vio obligada a disparar-, crece la posibilidad de que los líderes de los países más poderosos del planeta terminen reuniéndose en una nave, como afirmó ayer el Corriere della Sera.
Más allá de la creatividad que pudieran desplegar, para los grupos anticapitalismo sería, de hecho, una misión imposible llegar hasta un barco fondeado frente a las costas de Génova, protegido con los medios más sofisticados y por los servicios secretos más preparados del mundo.
Los grupos antiglobalización -que reúnen a ecologistas, anarco-sindicalistas, opositores al capitalismo, defensores de los derechos humanos, zapatistas, punks, etc.- en Italia son llamados el "popolo di Seattle". La primera gran manifestación en la que se presentaron en sociedad fue en esa ciudad de los Estados Unidos, durante la reunión de la Organización Mundial de Comercio (OMC) a fines de 1999.
Después de sus sucesivas actuaciones en Niza, Davos, Quebec, Praga y Gotemburgo el fin de semana último, el pánico por lo que puede ocurrir en el G8 de julio en Génova está a la orden del día. Hasta se habla de que el presidente norteamericano, George W. Bush, podría llegar directamente desde el mar y hospedarse nada menos que en el famoso portaaviones Enterprise.
Lo cierto es que para el flamante primer ministro italiano de centroderecha, el magnate Silvio Berlusconi, el G8 pasará a ser su primer gran test internacional. Y, asustado por las piedras que vio volar en Gotemburgo el fin de semana, como futuro anfitrión comenzó a abrir el paraguas. Criticó duramente a sus antecesores por la elección de Génova para una reunión de ese tipo y anticipó que si la cumbre fracasaba la culpa sería del anterior gobierno de centroizquierda.
Activistas victoriosos
Aunque Génova fue elegida para ser la sede del G8 en septiembre de 1999, durante el gobierno del poscomunista Massimo D´Alema, luego fue aprobada por el Parlamento como sede en mayo de 2000. A raíz de la violencia que se vio en Gotemburgo, el fin de semana parlamentarios de Refundación Comunista y de los Verdes pidieron que se anulara el G8 de Génova. Pero ya es demasiado tarde para dar marcha atrás.
Según los planes estratégicos que han sido puestos a punto, Génova -ciudad de la Liguria que posee el mayor puerto del Mediterráneo- para mediados de julio ya estará bajo estado de sitio. Dividida en una zona roja -un área de cuatro kilómetros cuadrados totalmente cerrada al tránsito- y otra amarilla, un poco más accesible, la seguridad desplegada será tan extrema que los residentes temen convertirse en virtuales prisioneros.
Los números de los dispositivos de seguridad son elocuentes: el Estado pondrá a disposición 13.000 agentes -policías, carabineros, miembros del ejército y de la marina-, 4 aviones, 15 helicópteros y 7 medios navales.
Por otra parte, se prevén el cierre del puerto y la limitación de la circulación no sólo en las autopistas que rodean la ciudad, sino también del espacio aéreo. Para poder controlar las fronteras, el Estado italiano incluso prevé suspender el acuerdo de Schengen sobre libre circulación de personas y mercaderías.
En vista de las ingentes medidas de seguridad, la comuna de Génova hasta decidió suspender durante los días de la cumbre los matrimonios civiles: así, explicaron, las fuerzas del orden no tendrán ulteriores "molestias" de festejos varios.
Pero esto no es todo. Como se prevé la llegada de unos 100.000 manifestantes antiglobalización, habrá más que estrictos controles, vallados por doquier, check-points y barreras. Además, se eliminarán pedazos de asfalto, adoquines, ladrillos y cualquier otro elemento que pueda tornarse "contundente" a la hora de la batalla.
Mientras los responsables de la seguridad aseguraron que no dudarán en utilizar hidrantes y gases lacrimógenos contra los manifestantes, el presidente de la Unión Sindical de la Policía, Giampaolo Tronci, se sumó a los que piden que se anule el G8 de Génova. "No estamos dispuestos a mandar a nuestros agentes a que sean masacrados", dijo.
Luca Casarini, líder de uno de los grupos antiglobalización, en tanto, adelantó que nada, ni siquiera el hecho de que la cumbre se haga en una nave, los detendrá: "Pueden hacer el G-8 donde quieran. Si lo hacen en un barco nos tiraremos al mar y los alcanzaremos nadando. Nos organizaremos para cualquier cosa. De todos modos, ya hemos ganado: tienen miedo".





