
Preocupa a Europa su baja tasa de natalidad
Será un grave problema en 2050
1 minuto de lectura'
COTTBUS, Alemania.– Nadie está totalmente seguro de por qué tantas mujeres de esta pintoresca ciudad adoquinada al sur de Berlín dejaron de tener hijos desde hace 10 años. Pero no es necesario un diploma en sociología para ver los efectos de las bajísimas tasas de nacimiento: miles de maestros perdieron sus trabajos por falta de estudiantes. Los obreros comenzaron a desmantelar, pieza por pieza, docenas de departamentos vacíos, como parte de un plan de demolición de 5000 unidades, que se desarrollará durante la década próxima. Y el sistema de agua municipal necesita un costoso mantenimiento, porque el uso del agua está bajando y la que queda estancada en los caños representa un peligro para la salud.
Durante por lo menos un siglo, la primera actitud de los planificadores de ciudades europeas fue construir para poblaciones cada vez más populosas. Pero acá en Cottbus el tema en la municipalidad es cómo administrar a una ciudad que decrece. En una década la población ha caído en 25.000 personas hasta llegar a los 105.000 habitantes, tanto por la baja tasa de nacimientos como por el éxodo de jóvenes que buscan oportunidades en otro lugar.
En Europa se considera que el envejecimiento del continente será un problema que afectará a los gobiernos y a los contribuyentes en un futuro, quizás alrededor de 2050. Pero mientras Europa sigue la trayectoria de Japón, que continuamente baja sus tasas de nacimiento, y mientras la generación de posguerra se prepara para la jubilación, los gobiernos ya están enfrentando con seriedad –y costosamente– los desafíos demográficos.
De acuerdo con el Eurostat, oficina de estadísticas de la Unión, el año pasado hubo más muertes que nacimientos en el 43% de las 211 regiones que componen la Unión Europea. Aun teniendo en cuenta a la inmigración, una de cada cuatro regiones de Europa ha bajado su población en 2001. Las ciudades y los pueblos del sudoeste de Francia, el sur de Italia, el norte de España y aquí en Alemania, entre otros lugares, están despoblándose o en algunos casos desapareciendo. El mantenimiento de las rutas, las redes telefónicas y otros servicios básicos se está volviendo caro en áreas que no son económicamente autosuficientes.
“Es desesperante, ciertas áreas serán abandonadas”, señaló Rainer Munz, director del Departamento de Estudios de Población en la Universidad de Humboldt, en Alemania.
Expertos en población afirman que Europa está enfrentando tres desafíos interconectados: las áreas rurales y las pequeñas ciudades se están despoblando; el continente está envejeciendo rápidamente, y los europeos, excepto los franceses y los británicos, casi no tienen niños.
Una torta que disminuye
En las grandes ciudades y en otras áreas donde la población todavía crece, el envejecimiento de Europa es una realidad inmediata para cualquiera que saque una hipoteca por 20 años o que proyecte un plan comercial para una compañía. El dueño de una casa en Italia, por ejemplo, se enfrenta con la posibilidad de exceso de viviendas en el momento en que termine de pagar su hipoteca.
El comercio europeo, que durante los últimos cincuenta años se ha dado el lujo de vender sus productos a una cantidad de consumidores cada vez mayor, hoy se enfrenta con mercados estancados o contraídos. “El tamaño de la torta va a disminuir”, aseguró el financista italiano Carlo De Benedetti. “Las grandes compañías de toda Europa saben muy bien que existen dos consecuencias de este problema si no se aborda a corto plazo: impuestos y contribuciones sociales más altos”, afirmó.
A pesar de ser tan serios los desafíos, la crisis demográfica europea no está entre los temas más importantes por tratar en la agenda de la Unión Europea. El profesor Munz les dice a veces a sus alumnos que los alemanes sólo se despertarán ante los problemas de bajas tasas de natalidad cuando estén en sus sillas de ruedas y no haya allí nadie para empujarlas.
En un contexto global, las tendencias poblacionales de Europa son preocupantes porque pueden hacer que el continente sea mucho menos competitivo. Su socio comercial, Estados Unidos, mantiene tasas significativamente más altas y así permanecerá más joven y posiblemente más dinámico. “El envejecimiento hace más difícil el crecimiento”, aseguró Constantinos Fotakis, experto de la Comisión Europea.
Un subsidio gigantesco
Esta es seguramente la experiencia aquí en Cottbus. En promedio, durante los últimos 10 años ha habido un 25% más muertes que nacimientos. La ciudad es hoy un gigantesco subsidio. Los impuestos cubren sólo un cuarto de las entradas del municipio, el resto del presupuesto lo cubre el dinero de Berlín y del gobierno del Estado.
Los expertos en población miden la fertilidad por el número promedio de niños que una mujer puede tener en toda su vida. El promedio es muy bajo en Italia y en España, con 1,2, mientras que en Alemania, Austria y Grecia es de 1,3. Gran Bretaña y Francia tienen tasas más altas: 1,6 y 1,9 respectivamente. El total del promedio de la Unión Europea es de 1,47, bastante por debajo del 2,1 que es la tasa de fertilidad necesaria para reemplazar a la actual población.
“Cuando vimos por primera vez la baja en las tasas dijimos: “Esto no va a durar, la situación se va a equilibrar”, dijo François Heran, jefe del Institute of National Demographic Studies, de París. “Pero ya han pasado 20 años y la fertilidad no ha vuelto”, agregó.
Una de las más curiosas paradojas con que se enfrenta hoy la Unión Europea es que las mujeres de Estados Unidos están dejando atrás por un gran margen a las europeas en la cantidad de bebes que traen al mundo. Al contrario de Estados Unidos, Europa tiene una total cobertura médica, generosas licencias por maternidad y una amplia red de seguro social.
Los bebes son caros
¿Por qué las mujeres no tienen hijos? No hay una respuesta sencilla; está relacionado con decisiones individuales de decenas de millones de parejas. Pero las teorías igualmente abundan. Los bebes son caros, aseguran muchas mujeres, y en muchas partes de Europa el panorama económico es desolador. “La correlación más importante con la fertilidad es la confianza en el futuro”, expresó Fotakis en la Comisión Europea. “La incertidumbre mata porque una pareja no puede planear su vida –agregó–. Están esperando la estabilidad antes de hacer sus planes familiares.”
Otro factor es que las mujeres que trabajan tienen menos tiempo para dedicar a sus hijos. Pero este criterio no parece explicar por completo ciertos casos de la Unión Europea. Las mujeres de Italia, por ejemplo, tienen una baja fertilidad y una escasa participación en las fuerzas laborales.
Otra teoría curiosa acerca de las parejas proviene de Atsushi Seike, profesor de la Universidad Keio, de Tokio. Seike piensa que los países con más baja tasa de natalidad en el mundo de hoy –Japón, Alemania e Italia– tienen estructuras familiares bastante conservadoras. “Estos países han mantenido un esquema social antiguo, se espera que las mujeres hagan todo el trabajo de la casa”, explicó Seike.






