Préval, el favorito de los más pobres
Para ellos, es "la esperanza de cambio"
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Aunque es el único presidente constitucional haitiano que pudo finalizar su mandato sin interrupciones, René Préval no debe guardar buenos recuerdos de su anterior paso por la presidencia del convulsionado país caribeño, entre 1996 y 2001.
Encabezó un gobierno gris en el que sus principales iniciativas (la mejora de la recaudación impositiva, la reforma agraria e intentos privatizadores) finalizaron con fracasos.
Además, se desenvolvió en una fragilidad institucional permanente merced a que las elecciones legislativas de 1997 fueron consideradas fraudulentas, por lo que nombró a su primer ministro por decreto y profundizó las grietas que se evidenciaban entre el movimiento Lavalas (creado por Jean-Bertrand Aristide) y la oposición.
Por eso, es comprensible que este ingeniero agrónomo, exportador de muebles de bambú y ex dueño de una panadería -que contra la costumbre en Haití y en otros países latinoamericanos no posee una gran fortuna pese a haber sido presidente- no se haya querido presentar, en un primer momento, a las elecciones que tuvieron lugar el martes pasado.
Sin embargo, accedió a hacerlo luego de que una delegación de campesinos viajara especialmente para pedírselo desde distintos puntos del país.
Inmediatamente, dio muestras de tener buen olfato electoral y creó su partido: Lespwa. Pese a que prácticamente no hizo campaña ni promesas electorales y a que limitó sus contadas apariciones públicas a marcar cierta distancia con su mentor Aristide, que se encuentra exiliado en Sudáfrica tras ser destituido en 2004, logró "representar justamente una esperanza para los más pobres de algún tipo de cambio en su condición", dijo a LA NACION el sociólogo haitiano Guy Alexandre, desde Puerto Príncipe.
Añadió que Préval se benefició con el "electorado cautivo de Lavalas". Y el enigma que persiste es hasta qué punto el ex presidente influirá en un posible mandato de Préval y si éste favorecería su regreso a Haití, con lo cual podría recalentarse aún más el clima político.
La relación entre ambos viene de lejos. Préval ingresó a la política en 1986, meses antes de la caída de la dictadura de la familia Duvalier, cuando conoció a Aristide. Diez años después, Préval recibió de él la presidencia. Por esos años, no era muy bien visto por la Casa Blanca, aunque algunos analistas afirman que era porque estaba "maniatado" por Aristide y que la actitud de Washington sería muy distinta si es elegido presidente en esta ocasión.
Lo cierto es que ambos tienen estilos muy distintos de construir poder. Como ex sacerdote, "Aristide predicaba sobre política, mientras que Préval busca resultados", dijo Alexandre, que es asesor del premier interino Gérard Latortue y ex embajador del gobierno de Aristide en República Dominicana.
Préval, de 63 años, detesta el protocolo y los largos discursos y disfruta de estar en contacto con el pueblo. También es conocido por su temperamento, por su capacidad de empujar a la gente a hacer cosas y por su obstinación para obtener resultados.
La duda es si eso será suficiente para la titánica tarea que le aguardaría si fuera electo presidente: combatir la agobiante pobreza que sufre el 70% de los haitianos, el analfabetismo, la crítica situación del sistema de salud y la inseguridad que azota al país caribeño. También debería promover una reconciliación de la sociedad haitiana, polarizada hasta el límite desde la caída de Aristide. Todo eso, seguramente, sin mayoría en el Parlamento. "Si las circunstancias lo presionan -dijo Alexandre-, Préval irá en la dirección de la negociación [con otras fuerzas políticas]."

