Promover el diálogo y la tolerancia
Por Daniel Filmus Para LA NACION
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Todos los días más de 10 millones de niños y jóvenes y más de 700 mil docentes trabajan y estudian en las escuelas argentinas. Trabajan y estudian por la paz, la convivencia y la solidaridad.
Los docentes argentinos desarrollan todos los días, y desde mucho antes de la tragedia de Carmen de Patagones, estrategias para enfrentar los crecientes niveles de violencia imperantes en la sociedad, derivados no sólo de la exclusión y el desamparo, sino también de la crisis de valores que acompañó el deterioro económico y social del país, producido durante la última década.
Debemos buscar soluciones, pero no se trata de ofrecer respuestas de impacto mediático que, por otro lado, demostraron ser ineficaces donde se emplearon. La escuela debe seguir siendo un espacio público abierto a toda la comunidad. Poco avanzaríamos si trasladáramos la violencia a los alrededores de la institución, instalando detectores de metales o poniendo consignas policiales dentro de las escuelas.
La experiencia internacional demuestra que los casos más fructíferos son aquellos en los que se promovió una mayor integración entre la escuela, la comunidad y las familias. El diálogo y la tolerancia también son un aprendizaje, deben enseñarse, ejercitarse. Estamos promoviendo la figura de profesores tutores, que realizan un seguimiento global del curso, escuchan inquietudes y ayudan a los estudiantes a lograr un mejor desempeño grupal y académico.
Al mismo tiempo, incentivamos el esfuerzo personal, para que los chicos den lo mejor de sí mismos, para que puedan alcanzar la formación que les permita insertarse en el mundo del trabajo.
Pero el éxito o el fracaso de nuestra política no sólo depende de nosotros y de los docentes, sino también del compromiso de las familias, de las organizaciones sociales y de los referentes comunitarios, que deben acompañarnos en la tarea. Los chicos no aprenden sólo en la escuela. Los valores que transmite la familia y los estímulos culturales que reciben nuestros hijos desde distintos ámbitos también configuran de manera progresiva la escala de valores con los cuales se desempeñarán en la vida, no sólo durante su paso por la escuela.
Por último, es imprescindible que la sociedad reconozca el riesgo que implica la proliferación de las armas entre las familias argentinas. La diferencia entre la vida y la muerte está dada por el acceso o no a esas armas.

