Que nadie se ponga nervioso: el acuerdo es una buena noticia

Roger Cohen
Roger Cohen MEDIO: The New York Times
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19 de enero de 2016  

LONDRES.-Algunos no soportan las buenas noticias, porque trastocan su visión fija del mundo. Entre ellos pueden contarlo al senador Marco Rubio, precandidato presidencial republicano, y al primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, que se mostraron indignados por la confirmación de la desactivación del programa nuclear iraní y la liberación de varios ciudadanos norteamericanos, entre ellos, el periodista Jason Rezaian, de The Washington Post.

A ver si se les escapa una sonrisa, muchachos. La dureza que no acepta sus errores no es más que agresión vacía. La diplomacia cumple.

Rezaian está camino a casa después de 18 meses de encarcelamiento infundado. Un pastor norteamericano y un ex marine también se reunirán con sus familias. Irán tenía instaladas más de 19.000 centrifugadoras de primera generación. Ahora el número se redujo a 6104. Sus centrifugadoras avanzadas pasaron de mil a cero. Sus reservas de uranio de bajo enriquecimiento pasaron de más de 10.000 kilos a apenas 300.

El camino que recorre el plutonio hasta convertirse en bomba quedó cortado. Irán está sujeto a lo que el presidente Obama calificó como "el régimen de inspecciones más exhaustivo y profundo jamás negociado para monitorear un programa nuclear". El tiempo mínimo que necesitaría sin controles para construir una bomba se extendió a un año, cuando antes era de apenas dos o tres meses.

Hemos superado la psicosis iraní-norteamericana en la que estábamos sumidos desde el nacimiento de la República Islámica, en 1979. Dos incansables diplomáticos, el secretario de Estado John Kerry y el ministro de relaciones de Irán, Mohammad Javad Zarif, formado en la Universidad de Denver, dialogan cada vez que hace falta. Los marineros norteamericanos que se desvían e ingresan en aguas iraníes son liberados en el lapso de 24 horas. La disputa financiera pendiente desde 1981 quedó saldada. La decimoctava economía del mundo está a punto de reingresar al mundo, en momentos en que a la alicaída economía global no le viene nada mal un sacudón. El acuerdo nuclear, incluso en estos primeros días, no es hermético. Abre las puertas.

A todas estas cosas Rubio responde que Obama "le ha puesto precio a la cabeza de todos los norteamericanos que están en el extranjero", cuando en realidad debió aplicar "sanciones incapacitantes" (ay no, por favor, otra vez esa frase incapacitada?). Por su parte, Netanyahu dice que si no fuera por Israel, que "marcó la delantera" con las sanciones, "Irán ya tendría armas nucleares desde hace tiempo". Y a voz en cuello clama que Irán "no ha renunciado a sus ambiciones de tener armas nucleares".

Tal vez sí, tal vez no. En el bazar iraní, todos podemos especular, y no hay nada más barato que un pontificador de Irán.

Lo que queda claro es que Irán está mucho más lejos de obtener armas nucleares gracias a la valiente diplomacia de Obama, Kerry, Zarif y el presidente iraní, Hassan Rohani: todos ellos debieron lidiar con electorados hostiles en sus propios países para llegar a este acuerdo.

Para Irán, la llegada del "día de implementación" del acuerdo implica el levantamiento de todas las sanciones relacionadas con el programa nuclear y el acceso a 100.000 millones de dólares en activos congelados en el exterior.

Una enorme nación está nuevamente abierta a los negocios, de nuevo en el sistema financiero global y en el mercado mundial del petróleo.

Netanyahu, Rubio y los de su calaña creen que Irán usará esa riqueza en ciernes para lo peor. Eso no puede ser descartado. Estados Unidos e Irán siguen enfrentados en la mayoría de los frentes, desde Siria hasta Israel. La imposición por parte de Obama de nuevas sanciones leves por la realización de pruebas prohibidas de misiles es un recordatorio de esas persistentes diferencias.

Pero si algo demuestran los avances de los últimos días es que a 37 años de su revolución Irán oscila delicadamente entre los halcones y los reformistas, y que ninguno de los dos tiene poder suficiente para dictar los destinos del país porque se necesitan mutuamente, al menos por ahora.

Las inminentes elecciones parlamentarias tal vez ayuden a dilucidar cuál de los dos bandos va en ascenso.

Pase lo que pase, nadie puede decir que tener más contacto con el mundo pueda ser perjudicial para la altamente educada, moderna y cada vez más numerosa generación de jóvenes iraníes. Irán es un país pro-norteamericano que repite un gastado estribillo antinorteamericano. Y cuenta con una pujante comunidad en la diáspora, dispuesta a ayudar a reactivar al país, si se lo permiten.

El deshielo con Irán es el mayor logro de Obama en política exterior, y tal vez tenga un efecto transformador en toda la región. En los próximos diez años veremos los alcances. Y ese potencial es el que tiene tan inquietos a otros aliados de Estados Unidos, como Arabia Saudita e Israel: ellos hubiesen preferido que las cosas siguieran igual.

Intenten decir la palabra "Irán" sin seguirla de la palabra "nuclear". Ya es hora. De hecho, hace tiempo que ya es hora, por más que algunos no soporten las buenas noticias.

Traducción de Jaime Arrambide

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