
Quetta, el comienzo del infierno
QUETTA, Paquistán.- Llegar a esta ciudad paquistaní, la más próxima al territorio afgano en manos del régimen talibán, es poner un pie en el infierno. La situación de los 20.000 refugiados que hay aquí se ha deteriorado rápidamente, con los primeros casos reportados de diarrea y una catástrofe humanitaria en ciernes.
Las cifras son elocuentes: se estima que el número de desplazados internos, actualmente de poco más de un millón de personas, se duplicará en poco tiempo más. Una vocero de las Naciones Unidas en Paquistán habló de que 7,5 millones de afganos necesitan ayuda humanitaria.
En medio de este panorama, periodistas y ciudadanos occidentales son blanco de todo tipo de hostigamientos y presiones en Quetta, presentadas bajo la apariencia de "protección a un huésped".
Basta descender del avión para tener una idea de cómo están las cosas. Lo primero que se ve en tierra es un pelotón militar con ametralladoras AK-47 en mano, dispuesto a "escoltar" a los periodistas a su hotel, de donde no podrán salir sin que otro guardia armado los siga.
A sol y a sombra, vaya a donde vaya. Así sea a la esquina. Personal de inteligencia, apostado sin disimulo alguno en las adyacencias, controlará que nunca falte un policía personal para seguirlo.
La recepción incluye también un folleto con "instrucciones" para moverse en el lugar, como "trate de no salir del hotel, avise a la policía antes de hacerlo, un guarda armado le será provisto"; luego explica cómo obtener autorización para llegar a la frontera. Pero lo cierto es que el mecanismo para hacerlo ya cambió nuevamente.
Posible escenario de tropas
La tensión se palpa en este punto desértico y montañoso del país y contrasta con la calma con que se mueven los pocos pashtunes -la etnia mayoritaria aquí- que aún se animan a recorrer las dunas arrastrando una hilera de camellos tras de sí.
No es tierra fácil. Tanto medios talibanes como paquistaníes se muestran convencidos, además, de que esta zona será necesariamente usada por unidades occidentales en caso de concretarse los ataques con los que amenaza Washington en su operación antiterrorista.
Cien kilómetros al Oeste, del otro lado del paso de Chaman, miles de afganos se desesperan por lograr que las autoridades paquistaníes los dejen cruzar y escapar así del hambre, la miseria y la amenaza de los bombardeos.
Según las Naciones Unidas, ya son más de 15.000 los desplazados sin recursos concentrados sólo frente a ese punto fronterizo que, hasta anoche al menos, permanecía cerrado. Las autoridades paquistaníes prohibieron el acceso de la prensa y no parecen muy dispuestas a modificar el criterio.
"No podemos permitirle el paso sin un permiso especial. Pero debo advertirle que demora muchos días", añadió.
El esquema de seguridad que se organizó aquí pocas veces se ha visto. La policía sigue, personalmente y a toda hora del día, a las decenas y decenas de corresponsales de todo el mundo que llegaron hasta aquí. Y los increpa si considera "inapropiado" su comportamiento.
Por caso, apenas de regreso de una recorrida por una madrassa -una escuela de talibanes- donde fue posible conversar con estudiantes afganos y paquistaníes, una decena de policías esperaban a la enviada especial de LA NACION y al corresponsal de la revista mexicana Proceso para ser "trasladados" ante una autoridad militar a la que deberían darle "explicaciones sobre su comportamiento".
"Violaciones a la ley"
La autoridad en cuestión se presentó como el comisionado policial de Kent, uno de los distritos de la ciudad. "Lo que ustedes han hecho es una violación a la ley", dijo, en referencia al recorrido realizado con la presencia permanente de uno de sus policías, un chofer y Nelson Yunis, traductor al inglés de las lenguas farsi y pashtun. "Por esto pueden ser deportados", añadió.
Tras pedir los nombres completos y datos de pasaporte, explicó que su intención era poner el tema a consideración del responsable local del Ministerio del Interior. Aunque, una hora más tarde, cambió de idea.
"Lo que ustedes no comprenden es que todo esto lo hacemos por su seguridad. Parece que no comprenden lo que esta pasando aquíÉ Es como si no leyeran los diarios", dijo el policía.
No fue ése el único incidente en las últimas horas. También se supo que otros periodistas que intentaron llegar a una madrassa ubicada en las cercanías de la capital, Islamabad, fueron echados a pedradas. De acuerdo con el diario Dawn, de Islamabad, lo que más molestó en la escuela talibana fue que los periodistas llegaran "acompañados por sus colegas mujeres".
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