Ratzinger es Benedicto XVI
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ROMA.– “¡Habemus papam!” El cardenal alemán Joseph Ratzinger, uno de los hombres más cercanos a Juan Pablo II, guardián de la ortodoxia católica durante dos décadas, un teólogo más que prestigioso de 78 años (los cumplió el sábado), conocido por su gran cultura pero también por su rigidez doctrinaria, se convirtió ayer en el 264° sucesor de Pedro, con el nombre de Benedicto XVI.
“Queridos hermanos y hermanas: después del gran papa Juan Pablo II, los señores cardenales me han elegido a mí, un simple y humilde trabajador en la viña del Señor”, fueron sus primeras palabras. Una frase que, en un momento histórico, fue ovacionada por más de 200.000 personas que desbordaban la Plaza de San Pedro, eufóricas por la elección del primer pontífice del tercer milenio.
“Me consuela el hecho de que el Señor sabe trabajar y actuar también con instrumentos insuficientes y, sobre todo, me encomiendo a sus oraciones”, agregó Ratzinger, un hombre cerebral que no ocultó su emoción –pero que tampoco se dejó vencer por ella–, al pronunciar su primer mensaje “urbi et orbi” (a la ciudad y al mundo) desde el balcón principal de la basílica de San Pedro.
Desde esa escenografía increíble, mientras a los costados aparecían, vestidos de púrpura, los otros 114 cardenales que participaron del cónclave que finalmente resultó relámpago –llegó a la elección en la cuarta votación y fue tan corto como el que eligió a Juan Pablo I, en septiembre de 1978–, Ratzinger podíaver una multitud impresionante que lo aclamaba, agitando banderas de todos los países, en una atmósfera de estadio. "En la alegría del Señor resucitado, confiados en su ayuda permanente, sigamos adelante. El Señor nos ayudará y María, su santísima madre, estará de nuestro lado", siguió el nuevo pontífice bávaro, en un italiano calibrado. Enseguida, cuando el reloj marcaba las 18.55 en Roma -las 13.55 en la Argentina- impartió su primera bendición a la ciudad y al mundo.
Ratzinger, un gran conocedor de la Curia que cumplió 78 años el sábado último -por lo que los analistas consideran que su papado será "de transición"-, inaugurará este domingo su pontificado, con la celebración de una misa solemne en San Pedro a la que asistirán jefes de Estado y de gobierno de todo el mundo, entre ellos el presidente Néstor Kirchner, que por vez primera pisará Roma.
El ex prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe, que pese a su conocida imperturbabilidad teutónica se mostró conmovido y sonriente vistiendo los paramentos pontificios, anoche cenó en la Casa Santa Marta con los cardenales electores que participaron del cónclave, en el cual, en la cuarta votación, cosechó más votos que los 77 necesarios.
El primer pontífice alemán en casi cinco siglos (el último fue Adriano VI) durmió en la Domus Sanctae Marthae, en una habitación especial, contigua a la del cardenal argentino Jorge Bergoglio, que según algunos pronósticos podría haber ocupado su lugar de haberse prolongado la elección. Hoy Benedicto XVI presidirá una misa en la Capilla Sixtina y pronunciará una homilía en latín.
El solemne anuncio de "habemus papam" -que realizó el cardenal protodiácono chileno, Jorge Arturo Medina Estévez- llegó a las 18.43, cuando en la plaza, que estalló cuando se movieron los cortinados bordó del balcón, reinaba un atmósfera electrizante.
A las 17.50, en efecto, había salido la tan ansiada fumata blanca de la chimenea de la Capilla Sixtina, que, sin embargo, confundió a todos porque no fue acompañada por los seis campanarios de San Pedro. Estos sólo comenzaron a tañir catorce minutos más tarde.
Durante el repicar de los bronces, que duró más de veinte minutos, miles y miles de personas, de todas las edades, nacionalidades y clases sociales -incluso gente en silla de ruedas-, fueron llegando a la plaza, eufóricas.
A nadie parecía importarle si el nuevo papa sería conservador, reformista, alemán, brasileño o japonés. "Seguramente va a ser un papa bueno", dijo a LA NACION Giuseppe, un jubilado romano que había decidido traer a la plaza a Luca, su nieto de ocho años, "para vivir un momento histórico".
"Annuntio vobis gaudium magnum, habemus papam" (Les anuncio una gran alegría, tenemos papa), dijo, con cara muy seria, el cardenal chileno Medina Estévez, a las 18.43. En medio de un mar de aplausos y gritos, en un clima de suspenso imponente -no tanto para los vaticanistas, que daban por hecha la elección de Ratzinger vista la fumata blanca en tiempos tan cortos-, el cardenal protodiácono develó el misterio: "Eminentissimus ac Reverendissimum Dominum, Dominum Josephum, Sanctae Romanae Ecclesiae Cardinalem Ratzinger, qui sibi nomen imposuit Benedictum XVI" (El eminentísimo y reverendísimo Señor, Señor Joseph, Cardenal de Santa Romana Iglesia Ratzinger, que se dio el nombre de Benedicto XVI).
En la plaza nadie se preguntaba el porqué de ese nombre, Benedicto XVI, que enseguida comenzó a ser coreado por los siempre fieles "papa-boys", en italiano: "¡Be-ne-detto! ¡Be-ne-detto!".
Más tarde, el vaticanista Gerard O´Connell explicó a LA NACION el significado del nombre elegido. "Prefirió no llamarse Juan Pablo III, para dejar en claro que no es una fotocopia de Juan Pablo II y, quizá, para dar una idea de cuál es su programa de pontificado."
Ratzinger eligió Benedicto XVI inspirándose en el cardenal genovés Giacomo Della Chiesa, que se convirtió en Benedicto XV en 1914 y fue el papa de la Primera Guerra Mundial. "Fue un papa que sintió el peso de un mundo que estaba en crisis, que trabajó para la unidad con las iglesias ortodoxas y que se daba cuenta de que la Iglesia Católica tenía dificultades en el campo de la misión", subrayó.
En las meditaciones que escribió para el Via Crucis del Viernes Santo último, Ratzinger había sorprendido por sus referencias a la "suciedad" de la Iglesia, que comparó a "un barco que se está hundiendo".
"Conoce muy bien a la Curia, por lo que podemos esperar cambios", vaticinó O´Connell, que no descartó que Benedicto XVI, aunque puede ser visto como un símbolo de división por sus detractores -que critican su rigidez en varios temas-, pueda ser un papa reformista.
Próximos pasos
Hoy
- Misa solemne en la Capilla Sixtina, a las 9 hora local (4 hora argentina). Oficiada en latín, será la primera homilía del Papa Benedicto XVI.
Domingo
- Ceremonia de asunción en la basílica de San Pedro, a las 10 hora local (5 hora argentina). El Vaticano la describe como “un ritual litúrgico solemne de inauguración”. Se trata de una ceremonia cuidadosamente planeada, de acuerdo con tradiciones centenarias, pero en las que se trata de reflejar el estilo y la sensibilidad del nuevo pontífice. Se espera la presencia de líderes políticos, religiosos y multitudes de peregrinos a la Plaza de San Pedro.
Agosto
- En ocasión del Día Mundial de la Juventud, que se realizará en la ciudad alemana de Colonia, se espera que Benedicto XVI efectúe su primer viaje oficial. "Confiamos en la próxima visita del nuevo papa", dijo el vocero de la organización, Heiner Koch, que se mostró "convencido" de que asistirá al evento.


