Raúl Salinas: un fallo histórico, pero dudoso
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MEXICO D.F. (The New York Times).- Fue un sorprendente veredicto que hizo pedazos la impunidad que ha protegido a los mexicanos poderosos durante muchos decenios.
Después de un confuso juicio que duró cuatro años, Raúl Salinas de Gortari, hermano del ex presidente de México, fue declarado culpable anteayer de haber ordenado el asesinato en 1994 de un prominente político, y sentenciado a 50 años en prisión.
El fallo del juez fue considerado ampliamente el veredicto criminal más importante en la historia del México moderno. Es la primera vez que un pariente cercano de un personaje tan poderoso como el ex presidente Carlos Salinas de Gortari ha enfrentado el castigo por un delito grave.
"Esto rompe con todos los precedentes", dijo Sergio Aguayo Quezada, historiador. "Raúl Salinas es un símbolo, el hermano de uno de los presidentes más poderosos que México haya tenido. El dictamen del juez da un impulso enorme a la independencia del sistema judicial".
Pero, si bien refuerza a la justicia mexicana, el caso, que se ha visto marcado por diversos actos incorrectos, coerción, y manipulación por parte de los procuradores, también expuso el desorden en el sistema. Raúl Salinas fue condenado principalmente por evidencias "de oídas", y el juez admitió que no hubo "una prueba directa". Lo más probable es que el veredicto se vea empañado por dudas acerca de si el juicio fue justo. Ya se planea una apelación.
Un drama fascinante
Raúl Salinas fue encontrado culpable de ser el autor intelectual del asesinato a plena luz del día, el 28 de septiembre de 1994, de José Francisco Ruiz Massieu, quien entonces tenía 48 años y era una estrella en rápido ascenso dentro del partido político que ha gobernado a México durante más de un siglo.
El caso se convirtió en un drama fascinante, que dividió a familias y expuso extrañas enemistades e intrigas en el interior de un sistema político caracterizado durante años por su estabilidad, pero que ahora se encuentra en plena declinación. Las acusaciones de asesinato contra Raúl Salinas hicieron mucho por destruir la imagen de su hermano, Carlos Salinas, quien había sido aclamado como un visionario modernizador cuando fue presidente durante seis años, hasta diciembre de 1994. Carlos Salinas vive ahora en el exilio y no ha sido implicado en el homicidio.
Los procuradores han denunciado que la víctima, quien era un ex cuñado de los hermanos Salinas, también fue traicionado por su propio hermano Mario, de 49 años, que fue el primer procurador en investigar el crimen al ser designado para ello por Carlos Salinas.
Mario Ruiz Massieu está acusado en México de torturar a testigos y suprimir evidencia para ocultar el papel de Raúl Salinas en la conjura para asesinar a su hermano.
A medida que se desplomaba a popularidad de la familia Salinas, los procuradores persuadieron a los jueces de mantener a Raúl, desde que fue arrestado el 28 de febrero de 1995, en una celda de aislamiento en la prisión de Almoloya, la penitenciería de máxima seguridad más severa en México, aun cuando no había sido declarado culpable aún de ningún crimen.
Según el sistema de justicia de México, no hubo juicio por jurado ni interrogotario en la Corte de los testigos. El juicio se llevó a cabo mediante la creación de un expediente escrito de cerca de 140.000 páginas sobre las cuales el juez del Distrito Federal Ricardo Ojeda Bohorquez, basó su fallo.
Las acusaciones contra Raúl Salinas estuvieron basadas en gran parte en evidencia de oídas provenientes de testigos que pecaban de una obvia parcialidad. Ninguno de los dos procuradores especiales que trabajaron para probar la culpabilidad de Salinas pudieron presentar una evidencia material incontrovertible que lo ligara al asesinato.
En su fallo, Ojeda admitió que no hubo "confesión o prueba directa". Dijo que sus conclusiones se derivaron de "evidencia que se tejió en una forma lógica".
El registro del juicio estuvo repleto de testimonios y evidencia documental en las que se mostró que varios miembros del equipo que fueron declarados culpables trataron de ponerse en contacto con Raúl Salinas en las horas y días posteriores al crimen. Varios de los conspiradores insistieron en sus declaraciones en que Raúl Salinas había ordenado el asesinato.

