
Ronald Reagan murió ayer a los 93 años
El ex presidente de EE.UU. imprimió su sello en los 80
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WASHINGTON (AP).- El ex presidente estadounidense Ronald Reagan murió ayer, a los 93 años. en su hogar en California, tras una larga batalla contra el Alzheimer.
La enfermedad degenerativa de la memoria le fue diagnosticada en 1989. El mismo Reagan le comunicó al mundo su dolencia, señalando que había comenzado el camino que lo llevaría "al anochecer" de su vida. Está previsto que sus restos sean trasladados a su biblioteca y museo presidencial en Simi Valley, California, para ser velados posteriormente en el Capitolio.
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Pocos presidentes marcaron un período con la misma fuerza con que Ronald Reagan imprimió su sello en los años 80. Aun sus enemigos políticos reconocieron sus logros de restaurar la fe en las ventajas del sistema norteamericano y de reafirmar la capacidad de los Estados Unidos para enfrentar el desafío de la Unión Soviética.
Esta capacidad no parecía tan evidente en enero de 1981, cuando Reagan llegó a la Casa Blanca. La crisis del petróleo había dado a Moscú nuevas posibilidades de financiamiento de su aparato militar. Mientras en Estados Unidos el índice de inflación superaba la barrera de los dos dígitos.
La ocupación de Afganistán, la expansión de la guerrilla en América Central, las guerras en Africa y el sofocamiento de los movimientos de oposición en Europa del Este hacían temer nuevos avances del comunismo. En Irán, el fundamentalismo islámico había infligido a Washington una de las mayores humillaciones de su historia con la toma de rehénes en la embajada en Teherán.
Frente a este panorama, Reagan propuso una agenda para sanear la economía, fortalecer la defensa y restablecer la confianza y, efectivamente, en sus ocho años en la Casa Blanca logró insuflar un nuevo optimismo en el país aun cuando la realidad no siempre confirmara el tono de sus mensajes.
Durante sus dos administraciones, después de la recesión de 1981-82, el país pasó por un largo período de crecimiento, aunque con un constante aumento del déficit fiscal y de la deuda pública. Al fin de la presidencia de Reagan, el liderazgo de los Estados Unidos era indiscutido, el comunismo se hallaba en retroceso y la firma del tratado con la URSS para la eliminación de armas nucleares de mediano alcance, en 1987, había coronado su política de afianzar la paz mediante el fortalecimiento de la defensa.
Sus mandatos tuvieron también un lado oscuro. A pesar del auge en la economía, el crecimiento no benefició a todos los norteamericanos. Mientras los grupos de ingresos más altos aumentaron sus ganancias, los más modestos y una porción de la clase media se vieron perjudicados. De hecho, creció el porcentaje de pobres en la población norteamericana.
De la ideología a la praxis
La vigorosa transformación impulsada por Reagan en la economía y la defensa no se extendió a otros que ciertos grupos consideraban de primordial importancia. Una nueva derecha de pensadores darwinistas y halcones de la política exterior había garantizado la nominación de Reagan como candidato republicano a la presidencia y elaborado la plataforma política más conservadora en 70 años. Pero el realineamiento ideológico y político no se produjo; no en el sentido que esperaban esos sectores.
A pesar del triunfo de Reagan en 1980 y 1984 y de su notable popularidad, al final de su segundo mandato la oposición demócrata era mayoría en el Congreso. De manera clara, los norteamericanos daban la victoria a Reagan y apoyaban sus reducciones de impuestos y su reestructuración de la defensa, pero también esperaban que el Congreso los salvara de las propuestas más radicales de la Casa Blanca.
Ocho años después de la primera victoria de Reagan en elecciones presidenciales, el aborto seguía siendo legal y el rezo diario no se había impuesto en las escuelas públicas. Tampoco habían aumentado las ventajas para las escuelas privadas. La revolución iniciada por Reagan no fue, como esperaban los conservadores, en el sentido de un realineamiento, sino de un desalineamiento cada vez mayor. Hoy, los candidatos más exitosos de uno y otro partido son elegidos por sus cualidades personales y no por su ideología.
La llamada revolución Reagan consistió esencialmente en un esfuerzo para desmantelar lo que se consideraban programas federales excesivos y dispendiosos en el área social.
Su agenda legislativa se concentró en reducciones de impuestos, recortes de gastos y aumento del presupuesto de defensa. Se valió de sus dotes de comunicador para lograr la aceptación de sus políticas. Consiguió prácticamente todo lo que se había propuesto. Alejó al gobierno de toda participación en los negocios. Muchas corporaciones fueron cayendo una tras otra en manos de sus competidoras, pero Reagan no intentó valerse de las leyes antitrust para detener o alterar el proceso.
La política de mercado libre y achicamiento del gobierno se vio contrarrestada por el extraordinario aumento de los gastos militares. El compromiso de Reagan con el rearme del país fue más fuerte que su deseo de un presupuesto balanceado. Los gastos militares fueron la causa principal del aumento del déficit fiscal y este déficit actuó como estímulo de la economía. El presupuesto de defensa tuvo un papel esencial en revertir la recesión de 1982-83, y la prosperidad siguió a los dólares del Pentágono.
Pero cuando el presupuesto militar se incrementó sobre todo en los rubros de investigación y abastecimiento de armamentos, los principales beneficiarios no fueron los estados pobres del Sur con gran número de bases, sino los gigantes industriales, en especial California, su estado natal.
"El imperio del mal"
Reagan fue contundente en su condena del comunismo y se refirió a la Unión Soviética como el "imperio del mal". Afirmó el liderazgo norteamericano en el mundo, con la expansión de gastos militares y la asistencia a las distintas facciones que combatían el comunismo. Simultáneamente desarrolló conversaciones de paz con los soviéticos y participó de una serie de cumbres, cuidadosamente orquestadas, con Mikhail Gorbachov, cuyo resultado más espectacular fue la firma en 1987 del tratado para eliminar las armas nucleares de alcance intermedio.
El recuerdo de la guerra de Vietnam hizo que su gobierno optara por compromisos limitados. En 1983 envío marines a El Líbano como parte de una fuerza de paz, pero fueron retirados después de un ataque terrorista que mató a más de 240 marines.
Fue más exitoso en operaciones pequeñas, como cuando mandó tropas al pequeño Estado caribeño de Grenada para derrocar al gobierno marxista de ese país que se había alineado con Cuba. También denunció al gobierno sandinista de Nicaragua como amenaza para la paz en América Central y procuró ayuda militar para las guerrillas antisandinistas (contras). Pero nunca pudo convencer al pueblo norteamericano de que los apoyara.
Su política de poner banderas norteamericanas en los petroleros kuwaitíes y dotarlos de una escolta naval en el Golfo Pérsico llevó a choques con Irán en 1987. Durante la larga guerra entre Irán e Irak, Washington apoyó discretamente a Irak con consecuencias que en esos tiempos era difícil prever. Declaró la guerra contra el terrorismo internacional y en 1986 mandó bombardear objetivos estratégicos en Libia en represalia cuando hubo evidencias de que ese país estaba involucrado en un ataque a soldados norteamericanos en una disco de Berlín. Fiel a la doctrina Reagan, dio apoyo a los rebeldes anticomunistas en América Central, Asia y Africa. Trató de mantener el régimen en Sudáfrica, igual que Thatcher, pero tuvo que ceder frente a la presión interna.
El cambio por las Malvinas
Coherente con su firme anticomunismo, la administración Reagan comenzó apoyando los gobiernos militares en el continente. Pero la guerra de las Malvinas, que tomó por sorpresa a Washington, llevó a un cambio radical de actitud. A partir de entonces ganó terreno la convicción de que los regímenes militares latinoamericanos no eran confiables y, en consecuencia, la Casa Blanca empezó a apoyar la democratización de los gobiernos de la región.
Al finalizar su segundo mandato, los gobiernos militares estaban en retirada en América latina y en el resto del mundo. Ya habían sido reemplazados por regímenes civiles en un buen número de países, desde la Argentina hasta Filipinas, y el proceso continuaba. El énfasis en los derechos humanos fue el instrumento más importante en la confrontación ideológica con Moscú.
Durante las dos presidencias de Reagan, América Central fue el principal terreno de la lucha contra el comunismo y la victoria final tuvo que ver más con la definitiva debilidad de la Unión Soviética que con los éxitos en el terreno de operaciones. En El Salvador, la guerrilla fue derrotada, pero el apoyo a los rebeldes antisandinistas (contras) en Nicaragua tropezó con la falta de aprobación del Congreso y del pueblo norteamericano y condujo al mayor escándalo de la administración Reagan.
Sin embargo, el momento más difícil para Reagan fue el escándalo por la conexión Irán-contras. En 1986 se descubrió que, bajo la mirada de colaboradores del presidente, se había llevado a cabo un operativo secreto para vender armas a Irán a cambio de la liberación de rehénes; el dinero por esas ventas ayudaría a los rebeldes nicaragüenses. Se había violado así la prohibición de enviar ayuda militar a los contras y la política oficial de los Estados Unidos de no vender armas a Irán.
Durante la investigación, quedó en evidencia el intento de miembros del gabinete de engañar a los jueces y a los norteamericanos con respecto al apoyo dado a estas operaciones. El director de la CIA, William Casey, enfermo de cáncer, asumió la mayor responsabilidad y murió antes de ser juzgado.
Sin embargo, la novedad más grande que Reagan trajo a la presidencia fue su estilo de gran comunicador; la manera en que supo conectarse directamente con el público norteamericano para acallar críticas y superar la oposición del Congreso. Por supuesto, no fue el primer presidente con dominio consumado de los medios, pero sí el primero para el que la comunicación fue lo primero y principal. Muchas veces se dijo que las virtudes de Reagan como estadista comenzaban y terminaban en esa capacidad de comunicar y en lo que se llamó "efecto teflon" (la capacidad del presidente de no quedar pegado a los fracasos de su administración).
Esas afirmaciones tenían cierta base en el hecho de que Reagan no tenía una formación de estadista comparable a la de Kennedy, Johnson o Nixon. George Schultz, que fue secretario de Estado durante más de seis años, contó que otro colaborador de Reagan, Bud Mc Farlane, decía a propósito del presidente: "Sabe tan poco y realiza tanto".
El mismo Schultz da la explicación de ese fenómeno: "La verdad es que Reagan sabía mucho más acerca de los grandes lineamientos de lo que algunos de sus colaboradores le reconocían. Tenía lagunas y una tendencia a esquivar los detalles. Pero el trabajo de los que lo rodeaban era protegerlo de esas debilidades y trabajar sobre sus puntos fuertes. No aceptaba que una amplia oposición política pudiera malograr una idea atractiva. Era un optimista, hablaba el lenguaje de la oportunidad".
El éxito de Reagan como comunicador respondió en buena medida a su capacidad para transmitir en lenguaje simple variaciones sobre algunas ideas básicas compartidas por la gran mayoría de los norteamericanos. Esas ideas tenían que ver con la fe en los valores del individualismo y en la confianza en la propia iniciativa para superar obstáculos.
La historia personal de Reagan, a partir de sus orígenes humildes, puede servir como un ejemplo de esa actitud. Nacido en Tampico, Illinois, el 6 de febrero de 1911, en una familia de modestos recursos, se abrió paso hasta la universidad, para graduarse en economía y sociología en 1932. Era la época de la gran depresión y Reagan, que se había destacado en los deportes y en representaciones teatrales, se convirtió en pocos años en el comentarista deportivo más cotizado del Medio Oeste. Una prueba para la Warner Bros. en 1937 fue el comienzo de una carrera que se extendió hasta 1964 con 53 películas.
Hollywood marcó definitivamente la personalidad de Reagan. Sus dos matrimonios fueron con actrices. En 1940 se casó con Jane Wyman, con la que tuvo dos hijos y de la que se divorció en 1948. En 1952 se casó con Nancy Davies, futura primera dama, y tuvieron dos hijos. Como presidente del Gremio de Actores Cinematográficos, Reagan se vio envuelto en las disputas sobre el comunismo en la industria cinematográfica. En esa época su posición política comenzó a orientarse hacia la derecha. En 1964, un discurso suyo atrajo la atención de dirigentes conservadores. Fue el principio de una carrera política que lo llevó dos años después a ser elegido gobernador de California.
La presidencia
En su intento por llegar a la presidencia, Reagan fue derrotado dos veces en las primarias del partido republicano. En 1980 logró la nominación y eligió como compañero de fórmula a George Bush. Los votantes, preocupados por la inflación y por el largo cautiverio de rehénes norteamericanos en Teherán, le dieron una amplia victoria sobre James Carter. Asumió la presidencia el 20 de enero de 1981 y apenas 69 días más tarde fue víctima de un intento de asesinato. Se recuperó rápidamente y volvió al trabajo. El atentado aumentó su popularidad.
A diferencia de Carter, Reagan supo desde un principio manejarse hábilmente con el establishment de la capital y hacer avanzar su ambiciosa agenda política a pesar de trabajar con un Congreso controlado por la oposición.
También empleó su encanto personal para conquistar a dirigentes que eran sus oponentes ideológicos.
La renovación de la confianza nacional ayudó a que Reagan y Bush ganaran un segundo término con un número sin precedente de votos electorales para derrotar a la fórmula demócrata de Walter Mondale y Geraldine Ferraro. Y al final de su administración, el país estaba gozando del más largo período de crecimiento en tiempos de paz sin recesión ni depresión. Pero el crack de la Bolsa en octubre de 1987 fue el primer anunció del final de los tiempos de opulencia.



