
Rusia sería el mayor basurero nuclear
Necesidad: el gobierno de Yeltsin analiza convertir a su país en un gigantesco cementerio de residuos atómicos de Occidente a cambio de millones de dólares para sus arcas exhaustas.
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Moscu (EFE).- Rusia estudia convertirse en el mayor basurero atómico del planeta para poder llenar sus arcas vacías con los millones de dólares que Occidente está dispuesto a pagar por deshacerse de sus residuos radiactivos.
La iniciativa del Ministerio de Energía Atómica ruso es una aparente contradicción, porque Moscú no sabe qué hacer con sus propios desechos radiactivos, ya que los depósitos existentes están llenos y no hay recursos para la construcción de nuevos.
De hecho, en casi medio siglo de historia nuclear, Rusia ha acumulado al menos 430.000 toneladas de basura atómica que se guardan en depósitos obsoletos, en mal estado y en muchos casos abandonados a la intemperie.
Es el caso de 154 submarinos nucleares de la marina de guerra, cuyos reactores, todavía sin desactivar, están a merced del salitre en las bases de la Flota del Mar Norte y del Pacífico.
La propuesta del ministerio, conocido como Minatom, consiste en recibir la basura occidental para enterrarla en grandes depósitos de zonas despobladas de los Urales o Siberia a cambio de una cantidad estimada en varios miles de millones de dólares.
Ese dinero se reinvertiría en la construcción de enormes "cementerios" en los que se conservarían de forma segura materiales altamente peligrosos para el medio ambiente y la población. Se estudia también la apertura de nuevas fábricas para procesar los residuos de combustible radiactivo utilizados en las centrales nucleares y obtener a partir de ellos combustible reciclado.
La tecnología rusa para enriquecer uranio está considerada la más avanzada y rentable del mundo, una circunstancia excepcional con la que cuenta Moscú para ocupar el primer lugar en el naciente mercado mundial de residuos atómicos.
Un mercado con mucho futuro, porque en el siglo XXI la producción de uranio natural no podrá cubrir la demanda de este elemento en la fabricación del combustible para las centrales nucleares, según un estudio de la Academia de Ciencias de Rusia.
De acuerdo con esta investigación, la principal fuente de combustible para las plantas nucleares será de origen reciclado tras su procesamiento en las denominadas "plantas enriquecedoras".
Nokolai Babaev, director del consejo de científicos del Minatom, asegura que para Rusia los cementerios de residuos y las plantas de reciclaje de combustible nuclear son un buen negocio.
Según Babaev, el costo para enriquecer un kilogramo de uranio en las plantas rusas no pasa de los 300 dólares, mientras que el precio en el mercado mundial supera los 1000 dólares.
Dificultades
Pero en el gobierno hay sectores que no comparten el optimismo del Minatom y presentan serias dudas sobre las ventajas económicas de las plantas de reciclaje, al tiempo que condenan tajantemente la idea de los cementerios de residuos radiactivos.
Uno de los puntos débiles del proyecto es que actualmente las fábricas de enriquecimiento rusas apenas pueden elaborar 400 toneladas anuales de combustible nuclear y es necesario la construcción de nuevas plantas para cubrir la demanda del mercado.
El académico Alexei Yablokov, presidente de la organización Unión Social Ecológica de Rusia, opina que convertir el país en basurero nuclear requiere un estudio más completo para establecer el costo derivado de las rigurosas medidas de seguridad.
El científico recordó la experiencia de Estados Unidos, que ha invertido 20 años y 4000 millones de dólares en la búsqueda de un lugar seguro para sepultar sus 470.000 toneladas de residuos radiactivos y todavía no ha encontrado el lugar adecuado.
Un destacado académico, Yevgueni Velikov, director del Instituto Kurchatov (principal centro ruso de investigación del átomo) duda de que los países occidentales paguen por su basura lo suficiente como para solucionar el problema de los residuos rusos.
"Nadie se hace una idea real de los millones de dólares que cuesta acondicionar al menos uno de los basureros radiactivos más grandes del país, ni, sobre todo, del riesgo que implica el transporte de estos residuos por campos y ciudades", afirma.


