
Sánchez de Lozada juró en Bolivia y llamó a la unidad
Dijo que sólo así se saldrá de la crisis
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LA PAZ.- Tras un polémico proceso electoral cuyo resultado final tardó casi un mes en conocerse, el empresario Gonzalo Sánchez de Lozada juró finalmente ayer como nuevo presidente de Bolivia.
El nuevo jefe del Estado, de 72 años, un rico empresario minero, asumió con el desafío de "frenar la crisis económica y hallar soluciones a las protestas sociales", para lo cual convocó a la "unidad nacional" y prometió crear empleos en 90 días.
"Enfrentaré a partir de hoy un desafío grande porque nos encontramos en un momento difícil, ya que estamos atravesando por una crisis que derrumba hasta los más poderosos", dijo durante su discurso de asunción.
Y agregó: "Con la unión de todos los sectores tenemos que resistir y superar esta crisis que ronda toda América". Al fin y al cabo, dijo, "somos una sola nación" donde "lo único que falta es separar y borrar las fronteras artificiales que dividen nuestro lago sagrado (por el Titicaca, en los Andes y) nuestra etnia aymara ".
Sánchez de Lozada asumió por segunda vez (su primer mandato fue entre 1992 y 1997) durante una ceremonia en la sede del Poder Legislativo, en el 177° aniversario de la independencia de Bolivia.
Su vicepresidente, Carlos Mesa, le tomó juramento, le colocó la banda presidencial y le entregó los demás atributos del mando.
En la ceremonia -a la que asistieron los presidentes Hugo Chávez y Alejandro Toledo, de Venezuela y Perú, respectivamente, además del príncipe de Asturias, Felipe de Borbón, y del zar antidrogas norteamericano, John Walters-, Lozada se refirió sobre todo a la crisis económica que azota a la región y que alcanzó a Bolivia como "un colapso económico contagioso, peligroso y terminal".
Bolivia vive "el cuarto año de una recesión económica, el desempleo se triplicó, a diario se cierran empresas y la gente anda desesperada, decepcionada con su país, con sus líderes y consigo misma", dijo.
Contrariamente, minutos antes, el presidente saliente, Jorge Quiroga, había asegurado que dejaba una Bolivia con "una economía estable" y un "crecimiento económico del 2,3% en el primer semestre y una inflación baja".
La Bolivia que hereda el nuevo líder está "en crisis, en emergencia", sumida en problemas económicos, de violencia y de narcotráfico, según un reciente informe de la Comisión Económica para América latina (Cepal).
En tanto, el Instituto Nacional de Estadística (INE) sitúa la tasa de inflación anualizada en el 0,58%. En el paisaje regional, el país no está mal posicionado. Según la Cepal, su economía crecerá este año.
Protestas
El nuevo mandatario reconoció que en los cinco años que le tocará gobernar lo espera "un largo camino por recorrer".
Su llegada al poder ya fue complicada cuando en las elecciones de junio último sólo obtuvo la mayoría relativa, un lugar detrás del líder cocalero Evo Morales, por quien Estados Unidos había "desaconsejado votar". Pero una coalición con los sectores conservadores -sobre todo con Jaime Paz Zamora- decidió el resultado.
Cuando tras la jura en el palacio legislativo Lozada se encaminó al Palacio Quemado, donde anunció la composición de su gobierno, lo hizo en medio de las protestas de seguidores del diputado campesino Felipe Quispe y del cocalero Morales con carteles que decían "Evo presidente" y "no a la opresión".
Maestros, obreros y campesinos ya anunciaron que a partir de hoy habrá marchas, paros y bloqueos si no se atienden sus demandas.
Lozada prometió que en los próximos 90 días intentará generar empleos mediante obras. "Obras con empleos es mi contrato con los bolivianos, a través de la construcción de caminos, de proporcionar gas a domicilio, de la construcción viviendas, la electrificación rural y el riego en 90 días más", sostuvo.
Quispe dijo, por su parte, que "esos 90 días se los doy yo a él, a ver si cumple".




