
Se agita aún más la campaña española por un atentado
Atacan el auto de un candidato socialista
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MADRID.- La violencia y la amenaza volvieron al País Vasco en las horas previas a las elecciones municipales españolas de pasado mañana, cuando un artefacto explosivo estalló debajo del auto de un candidato socialista de la localidad guipuzcoana de Getaria.
No hubo víctimas, pero el episodio, que avivó en la memoria colectiva el fantasma de las temibles "bombas lapas" que la banda terrorista ETA pegaba en el chasis de los vehículos de sus víctimas, dividió criterios sobre el alcance de lo vivido.
"Esto es un atentado en toda la regla, quien no lo interprete así es porque no quiere verlo", dijo la víctima, el candidato socialista Patxi Elola, un profesor con larga militancia contra la violencia. Su criterio fue compartido por asociaciones que rechazan la agresión terrorista.
"No, no es un atentado. Se parece más bien a un episodio de violencia callejera", minimizó desde el gobernante Partido Socialista Obrero Español (PSOE) su secretario, José Blanco.
"Por supuesto que expresamos solidaridad con nuestro compañero", añadió quien es mano derecha del presidente José Luis Rodríguez Zapatero en lo referente a manejo del partido.
Fue la gota que colmó el vaso en elecciones que vienen signadas por el retorno de la vida política de agrupaciones políticas cercanas a la banda terrorista.
"Pedimos que voten por ANV, el partido de la Acción Nacionalista Vasca, porque ese es un voto de izquierda y revolucionario", clamó la mesa directiva de Batasuna, la agrupación que expresa políticamente a ETA, pero que no puede participar porque fue ilegalizada por la Justicia.
"El voto a favor de ANV es un gesto popular, un voto de rescate al proceso de paz en el País Vasco", dijo, papeleta en mano, el líder de Batasuna, Arnaldo Otegi.
Su declamación dio paso a una nueva y curiosa acción del juez Baltasar Garzón quien, tras ver a Otegi por TV, pidió una "investigación" para determinar si ANV es -o no- un partido ligado a ETA, tal como en su momento se hizo con Batasuna. Pero, pase lo que pase, el resultado será para después de los comicios.
Más de 35 millones de personas podrán votar pasado mañana en elecciones que, si bien son de alcance municipal, suelen ser indicativas de tendencia para las presidenciales, que España prevé para el año próximo.
De allí el carácter nacional de la campaña, en la que participa tanto el presidente Rodríguez Zapatero como quienes lo precedieron en el cargo, el derechista José María Aznar -con muy controvertidas declaraciones sobre una supuesta fractura del país- y el socialista Felipe González, quien también aporta lo suyo.
Ofertas de todo tipo
En medio, lo candidatos que sí disputan los 76.000 cargos en juego hacen propuestas de todo tipo. Desde un "bonosex", que provee facilidades de alojamiento para jóvenes que quieran practicar sexo, hasta una playa en pleno corazón de Madrid, donde, llevados a extremos, ya no hay casi ni río.
Eso, junto con recurrentes denuncias de corrupción por "negocietes" inmobiliarios y la constante inauguración de obras públicas, aunque no estén terminadas del todo ni se encuentren, entonces, habilitadas para ser usadas tras el corte de cintas y foto.
Al entrar hoy en las horas finales de campaña, los dos grandes partidos -el socialista, en el gobierno, y el derechista Popular (PP), en la oposición- agotan la munición gruesa.
Ayer, el presidente Rodríguez Zapatero llamaba a votar por el PSOE. En tanto, el líder del PP, Mariano Rajoy, secundó las polémicas declaraciones del ex presidente Aznar en el sentido de que el actual gobierno de izquierda "está dividiendo a España en dos y poniendo a una mitad contra la otra".
Quien parece al margen de todo esto es la mujer del presidente: Sonsoles Espinosa de Zapatero se encuentra en París, como parte del elenco coral que tiene a su cargo una muy controvertida versión de la ópera Carmen, donde las mujeres aparecen caracterizadas como prostitutas.
Todas menos Sonsoles que, además de lucir un recatado pijamita azul, llega al teatro con dos guardaespaldas. Y que no volverá hasta después de las elecciones.




