
Se complica la situación de los Clinton
Una fiscal de Nueva York centra su atención en la forma en que Hillary ganó las elecciones al Senado en algunos distritos
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WASHINGTON.- Aunque no tuvo mucho arrastre entre las comunidades de judíos hasídicos, que se inclinaron de manera abrumadora por el candidato republicano, Hillary Clinton ganó con comodidad una banca en el Senado por Nueva York. Hubo una excepción. La ex primera dama arrasó en New Square, cuyos cuatro líderes religiosos, que habían sido condenados por un fraude millonario al Estado, lograron después de las elecciones que Bill Clinton redujera sus penas.
La coincidencia llamó la atención de una fiscal de Nueva York, Mary Jo White. La fiscal amplió la investigación que ya había iniciado sobre otros perdones concedidos en las últimas horas del mandato de Clinton, para incluir también el caso de los cuatro líderes de la comunidad hasídica de New Square, ubicada en el condado de Rockland.
Los republicanos de las comisiones del Senado que investigan en forma paralela el centenar de perdones y conmutaciones de penas que firmó Clinton quedaron impactados por otra revelación: las gestiones que hizo el medio hermano del ex presidente, Roger Clinton.
Músico de poco éxito, Roger tuvo problemas con la Justicia por consumir drogas. Durante sus últimas horas en la Casa Blanca, su hermano, el presidente, le concedió un perdón, pero le negó otros 10 que había pedido para amigos y conocidos.
"¿Ha recibido usted algún pago por hacer gestiones en nombre de algún individuo en búsqueda de un perdón o de una conmutación de penas por parte del presidente Clinton? Si recibió alguno, consigne el monto y el individuo que lo pagó", dice la carta que recibió Roger Clinton de la comisión que ventilará los datos que obtenga en una audiencia, el 1º de marzo próximo.
Respuesta afirmativa
A esa misma pregunta, otras dos personas con una relación muy cercana a Hillary Clinton deben responder de manera afirmativa. Por un lado, su hermano Hugh Rodham, que anteayer se vio forzado a devolver 400 mil dólares que había cobrado para hacer gestiones en nombre de dos convictos (uno de ellos por tráfico de cocaína) que obtuvieron reducción de penas.
El tesorero de la campaña de la ex primera dama, William Cunningham, cobró 4000 dólares por llenar los formularios de otros dos casos exitosos.
Los presidentes tienen la atribución constitucional para emitir perdones y conmutar penas con el objetivo de compensar una injusticia o cerrar un capítulo político, y es tradición que lo hagan en sus últimas horas en la Casa Blanca.
La decisión debe estar basada en los méritos del caso, y es obvio que ni el presidente ni sus allegados pueden obtener favores personales a cambio.
En la historia norteamericana, hubo casos que generaron gran controversia, como la decisión de Gerald Ford de perdonar a Richard Nixon, que había renunciado por el Watergate, o los perdones que concedió George Bush padre para los funcionarios involucrados en el escándalo del intercambio de rehenes por armas conocido como Irán-contras.
Pero el caso de Clinton no tiene precedente. El tamaño del escándalo es tan grande que el ex presidente tiene más presencia en los medios que su sucesor, George W. Bush. Clinton parece haber perdido a todos sus amigos en el Partido Demócrata, ya nadie lo defiende y su imagen está en picada. Hasta un allegado a Al Gore dijo que éste se sentía, más que molesto, "sorprendido, decepcionado".
De hecho, por estas horas pasó a un segundo plano el escándalo original, vinculado con el perdón que obtuvo el financista Marc Rich, un fugitivo de la justicia norteamericana, acusado de evadir impuestos por más de 40 millones de dólares.
Hillary, más complicada
Denise Rich, su ex mujer, había organizado fiestas para recaudar fondos para la campaña de Hillary Clinton, y contribuyó en total con un millón de dólares para los demócratas, y otro medio millón para la biblioteca del ex presidente en Arkansas.
La revelación sobre la comunidad hasídica afecta a Hillary Clinton tanto como a su marido. La senadora admitió que estuvo presente en la reunión donde se discutió un pedido de conmutación de penas para Kalmen Stern, David Goldstein, Jacob Elbaum y Benjamin Berger, los cuatro líderes que habían sido condenados en 1999 por robar más de 40 millones de dólares de fondos oficiales destinados a subsidiar la compra de viviendas y créditos para pequeñas empresas. Pero dijo que no tuvo nada que ver con la decisión final.
Con tantos familiares, conocidos o benefactores en el medio, a la pareja le cuesta cada vez más defender las últimas decisiones que tomó Clinton en la Casa Blanca.
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